Capítulo 5: No es lo mismo pero es igual

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- ¡Muévete fenómeno! - mi pequeño y escuálido cuerpo resintió el choque con el grande y abultado cuerpo de mi primo Dudley que al verme caído sobre un charco de lodo no se detuvo a disimular sus miradas llenas de burla que llevaban de adorno risas mordaces; pequeñas gotas de lodo pintaron mi pálido y enfermo rostro junto a la ropa andrajosa que llevaba consigo. Sintió ardor y escozor por las pequeñas heridas que adornaban sus esqueléticas manos a causa de las fieras rosas a su cargo las cuales ensombrecían la entrada de la casa. La humillación del momento lo invadió por completo, sus lágrimas amenazaban, luchando con fiereza, con deslizarse por sus altos pómulos, el poco orgullo que aún existía en su interior le impidió mostrar debilidad, más de la que ya había llegado a mostrar.

El sol se encontraba en su punto más alto; donde sus rayos resplandecen con fiero calor, quemando su blanca y pálida piel. El ardor en sus ojos no le impidió observar el cielo con firmeza, un firmamento azul despejado de las mullidas nubes blancas, un cielo que le otorgaba total paz y tranquilidad, el leve cantar de un ave le advirtió que no se encontraba totalmente en soledad, seguramente ellos también se encontraban observando el majestuoso cielo, cuando las majestuosas golondrinas alzaron el vuelo frente a sus chispeantes ojos verdes lo lleno completamente de sosiego .

- ¿Qué haces descansando?, ¡A trabajar! - Petunia no pudo, y no es como si quisiera, evitar que sus palabras salieran llenas de odio; el hijo de su despreciable hermana llegó una noche fría de otoño con sólo una nota entre sus ropas, palabras que le daban asco y rabia recordar, ¿por que ella debería amarlo y cuidarlo si ni su estúpida y rara hermana, con su instinto de madre, lo aceptó?

Harry en una promesa silenciosa de entendimiento regresó por completo su atención a las hermosas, pero no menos peligrosas, rosas. 

Esas hermosas golondrinas eran un presagio que prometía una dolorosa y venidera libertad, Harry aprendería que sí has ​​de vivir en libertad un roce de la muerte has de prevenir.

(...)

La situación no era ordinaria ni mucho menos convencional aun así, para él, no era nada extraña, era un ciclo que siempre terminaba de la misma manera, con lo que el no contaba era un desenlace totalmente diferente.

La rendija del pequeño armario le daba a Harry una diminuta y disminuida visión de lo que sucedía dentro del comedor a la hora de la cena, que daba inicio cuando Harry alejaba sus manos por completo de lo que sería la cena del día, los Dursley entre risas y platicas disfrutaban de la deliciosa comida que se les había servido mientras el autor de esta desde un rincón oscuro observaba con sumo anhelo, que por razones conocidas pero no justificadas, no disgustaría el día de hoy.

Los Dursley eran la vil y viva imagen de lo que el ser humano puede llegar a cometer guiado por el miedo a lo desconocido, contrario al pensamiento colectivo que se pueda tener él maltrato no era lo que los hacia despreciables, lo que los hacía despreciables era el echo de, además de hacerse ignorantes sobre el tema, ser los creadores del dolor y tormento del pequeño infante llamado Harry, eso era los que los convertía en seres viles, crueles y despreciables.

Aunque su estómago pidiera a gritos por comida y su cuerpo se retorciera por la necesidad, Harry esperó pacientemente a que los Dursley desalojaran el primer piso por completo para así poder ingerir algo de alimento y por supuesto por su propia seguridad, con tenacidad abrió la puerta del closet que hace unas horas había sido cerrado con deje de burla, frente a sus ojos, por su tío Vernon, sigilosamente se entrometió en la cocina dejando a su paso la sala de estar, que por cierto, estaba impregnada por el olor a alcohol de una de las botellas que, sin cuidado alguno, estaba abierta sobre la mesa de centro.

He is the new black || Harry Potter ||Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora