Llegue a casa agotada. Había dado un rodeo para evitar la compañía de Jay y del resto de los chicos. Eran simpáticos, y confiaba en ellos, bueno, en la mayoría. Apreté los dientes recordando lo que la maldita sirena había comenzado. No me extrañaría que volviera a dar problemas.
Yo había aceptado mi destino, había olvidado mi sueño de llegar a ser profesora. Lo había hecho por el bien del mundo. Había aceptado que tendría que casarme siendo joven, cuando en realidad no había tenido intención de casarme nunca. Y menos con alguien que llevaba sin ver años. No dudaba de los sentimientos de Jay hacia mi, pero no tenia tan claro los míos. Sabia que era mi deber y que esto supondría una gran ventaja para nuestro bando. Pero aún así, me costaba fingir que todo estaba bien. Quizás llegará a quererle de verdad con el paso del tiempo.
Tenía hasta Junio para enamorarme.
Y no hay que olvidarse de añadir a Sam a la ecuación. Hace años había sentido una profunda atracción por él. Eramos muy amigos, inseparables. Pero entonces el empezó a cambiar. Sus respuestas en nuestras conversaciones, que cada vez eran más escasas, empezaron a ser breves y secas, como si ya no le interesase perder el tiempo conmigo.
Y, en ese momento, floreció mi orgullo, algo inesperado para mi. Si él no iba a hablarme, no iba a ser yo quien lo hiciera. Y me aparte de él.
Ahí comenzó mi subida en la "pirámide social" propia de mi instituto. Muchas de las chicas que decían ser mis "amigas" me dijeron que la gente estaba interesada en mi desde hacía tiempo, pero que no se acercaban debido a mi amistad con Sam. Sabia que no era cierto, ambos eramos poco sociables si, pero nadie nos discriminaba por ello. Hasta que él cambió.
Realmente, no me interesaba lo más mínimo ser tan popular en el instituto. Era un centro muy peculiar, lleno de familias adineradas, y más de la mitad de todos esos chicos malcriados estaban deseando verme fallar en algo. Para su decepción y mi sorpresa nunca lo hice.
Mi familia provenía del norte de Francia al igual que la de Jay, cosa que ahora veo lógica. Todos los integrantes de la clase de el Reloj provenían del norte de Europa, ya que fue ahí donde nuestra especie surgió.
Bueno pues, esta peculiaridad parecía hacerme aun más llamativa y no podía escaquearme de todo aquel embrollo social que no me importaba lo más mínimo.
Pero me sirvió para alejarme de Sam y en silencio olvidarle.
Aún recuerdo las miradas anhelantes que más de una vez le vi lanzarme. Aún recuerdo mi impulso por ir con él cuando le veía tan sólo.
Suponía que me echaba de menos, tanto como yo a él, pero nunca dijo nada.
Y yo jamás reconocí lo mucho que todo aquello me dolía.
Y ahora allí estábamos, en medio de una guerra, un auténtico sinsentido. Y extrañaba más que nunca los años que pasamos juntos.
Mientras cavilaba y recordaba aquellos momentos sonó el timbre de la puerta.
Supuse que sería Jay, pero no me levante de la cama, no tenía ánimos.
Para mi sorpresa, estaba equivocada. Lo supe nada más oír la tirantez en la voz de mi madre.
-¿Nor? El liak. ... digo Sam quiere verte.
La mire molesta por los prejuicios que tenía incluso habiéndole conocido.
-Déjale pasar.
Mi madre se fue y al rato entro Sam, que cerró la puerta.
-Hola- Dijo incómodo.
-Hola- dije y hice un gesto para que se sentará a mi lado.
Tenso dio un par de pasos y se sentó.
-Siento lo ocurrido esta mañana, no quería chuparle la vida a tu novio- No lo dijo con maldad, pero aún así me estremeci y no por la idea de que le hubiera matado, que me resultaba aterradora, sino por lo de novio.
-Yo siento haberte lanzado por los aires...y todo lo demás-Haciendo una pausa añadí- Y gracias por salvarme, Jay me contó que no dudaste en ir al Laberinto, fue muy valiente por tu parte.
Se encogió de hombros.
-Estoy seguro de que hubieras podido salir de esa sola, pero no queríamos arriesgar.
Me quedé en silencio meditando sus palabras. Confiaba en mi, sabia que podría haber salido de esa solita, aunque yo no estaba tan segura.
Nos quedamos en silencio y poco a poco sentí que los años que habíamos estado alejados se iban acortando.
-¿Qué vamos hacer ahora Sam?- Dije con apenas un hilo de voz- Siento que están controlando todo en mi vida, yo tenía planeado nada de esto, yo solo quería ser normal- Sentía las lagrimas golpeando mis ojos, deseosas por salir.
El esbozo una sonrisa triste y abrió los brazos, al igual que hacía cuando éramos pequeños y estaba disustada porque no había obtenido la marca que yo quería en la prueba de matemáticas.
-Bueno Señorita perfecta- dijo recuperando nuestra vieja broma- Lo normal siempre es aburrido.
Me reí y le abrace, y dejó que le abrazara.
Y nos quedamos así, en silencio.
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Cuando caiga la noche
FantasySam, un chico apunto de comenzar su ultimo curso, se vera envuelto en una aventura junto con un grupo de chicos en el que se encuentra la intrigante Norya y el impulsivo Jay, que podrá cambiar sus vidas e incluso destruirla. ¿Serán capaces de sobrev...
