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Milo no sabía cómo decirlo, mirada fijamente aquellos ojos amatistas, suspiro intentado saber que decir, o saber cómo decirlo, paso simplemente una semana debes que le pidió a Athena poder llevar a Yugi a el santuario, iba a decírselo, pero en sí, no sabía cómo hacerlo.

—Milo, ¿qué pasa?.

—Bueno Yugi...—suspiro—¿Recuerdas cuando te pregunté si creías en cosas raras?.

—Sí, ¿por qué?.

—Verás... ¡soy un caballero!.

—Dejarme decirte que aunque a veces seas caballeroso no indica en si que eres un caballero de siglos lejanos.

—Adoro tú inocencia—suspiro de forma... algo tonta—Pero no me refiero a eso Yugi.

—¿Entonces?.

—Bueno pues...—tomo algo de aire—¿Tus conoces los signos del zodiaco?.

—Claro, Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, ect.

—Bien, yo soy el caballero dorado de Escorpio.

Yugi simplemente se cruzó de brazos, obviamente no le creía, Milo solo suspiro para mira a todos lados, se encontraba en una cafetería en si, no quería llamar la atención, por lo que se tocó la cabeza intentado pensar.

—Yugi, vamos al santuario.

—¿Qué?, ¿para qué Milo?.

—Ya verás...

•••

Por fin había llegado a el Santuario, justo cerca de las doces casas, por lo que Milo se detuvo para toma mucho aire, e incluso valor, volteó a mira a Yugi, el cual solo puso sus mano detrás de su espalda, esperado ver lo que haría el oji-azul, Escorpio se cruzó de brazos.

—Solo prométeme que no vas a grita.

—Está bien, no voy a grita.

Milo cerró sus ojos para deja aparecer su cosmo, Yugi se sorprendió por eso, más cuando apareció la armadura dorada de Escorpio, su boca se abrió mostrado más que obvio su sorpresa, las piezas de la armadura se apartarlo para empezar a ponerse en el cuerpo de Milo.

Yugi ciertamente no pudo evitar sonrojarse un poco mientras cerrada su boca mientras que la armadura terminada de ponerse en el cuerpo de el oji-azul, el cual hizo la posee de Escorpio apenas tenía su armadura puesta, el tricolor abrió la boca dejado escapar un pequeño sonido.

—¡No vayas a grita!—dijo de inmediato Milo moviendo las manos nervioso.

—No iba a grita.

—¿No?.

—No, solo que... me voy a desmaya.

—¡YUGI!—lo agarró antes de que el Muto tocará el suelo, se notaba que estaba en shok—Sabía que te ibas a poner algo así...

—Solo que hacía años que no veía cosas raras—sonrió algo divertido, Milo parpadeo confundido.

—¿Cómo?.

—Luego te explico Milo, por ahora, quisieran que me explicarás esto.

—Claro, pero vamos subiendo las escaleras, tenemos un largo camino que hacer.

Yugi decidió solo asistí para levantarse con ayudar de el oji-azul, empezaron a subir las escaleras mientras Milo empezada a explicar con detalle sobre los caballeros, Athena y sobretodo, el cosmo, el oji-amatista sonreía con cada cosa que escuchada, era algo difícil de pensar que él no era el único con una vida con cosas extrañas.

Hijo del malDonde viven las historias. Descúbrelo ahora