Un ambiente silencioso siguió entre los dos. Ash lo miraba con esos ojos claros que aún en la oscuridad eran cálidos.
—Dije que no pienso retroceder, así que escúchalo bien: te amo.
Eiji podía escuchar los latidos de su corazón tan claros que no podía respirar de la emoción.
—Ash, yo… no se si está bien esto… Shorter… —Hey, — tomo su rostro entre sus manos— olvídate de él ahora, quiero qué me digas lo que sientes.
Eiji temblaba de pies a cabeza, tomo sus manos entre las suyas y cerró los ojos sonriendo.
—Te quiero Ash. Te quiero. Te quiero.
Ash sonrió y le abrazó fuertemente. Eiji sorprendido sólo se dejó llevar, le abrazó de igual manera.
—Dimelo de nuevo, por favor. —Te quiero Ash. —Una vez más. —Te quiero.
Se alejaron e intercambiaron miradas, ambos sonrieron.
—¿Ahora que?— preguntó Eiji. —No lo sé, no pensé que llegaríamos tan lejos jaja
Rieron tomados de las manos y Ash se acercó hacía Eiji.
—Te amo— dejo sobre sus labios un beso corto y húmedo.
Eiji se puso rojo y las campanas de su corazón sonaban de alegría. Rodeo con sus brazos su cuello y le besó profundamente. Ash correspondió al beso que parecía no tener fin.
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Se quitaron la ropa y la luna iluminaba sus cuerpos desnudos. En medio de la bodega se recostaron sobre las frasadas y una serie de besos y caricias por parte de ambos se volvía más extensa con el pasar de la noche. Entrelazaron sus manos durante todo el acto. Había susurros y risas entre cada caricia. Hubo también lágrimas pero no de dolor, sino más bien de felicidad. Dos cuerpos que se fundían entre la embriaguez del amor terminaron recostados en medio de una sala vacía, pero llena de calidez. Se abrazaron y durmieron a medio vestir.
Cuando el sol dio sus primeros rayos Ash abrió los ojos. Miró a Eiji entre sus brazos y dejó un beso en su cuello para despertarlo.
—Buenos días— dijo al japonés que se ruborizó de inmediato. —Buenos días— se recostó sobre su pecho y se quedaron así algunos momentos. —Eiji, te amo. —Ya no lo digas— dijo agachando la mirada— me da pena escucharlo. —Eiji dime que me quieres. —¿He? ¿P-porque? —Me gusta escucharte decirlo. —Te quiero.
Ash sintió que su corazón podría estallar de felicidad en ese instante. Le abrazó nuevamente y se quedaron recostados así un poco más.
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Una vez llegada la hora de clases abrieron la bodega, Ash y Eiji se escondieron para no ser vistos y una vez se aseguraron no hubiera nadie salieron corriendo a casa. Durante el camino rieron por lo sucedido; mientras Ash conducía, Eiji sostenía su mano sonriendo. Llegaron a casa, se ducharon y desayunaron.
—Tengo que revelar esto, ¿irás a modelar hoy? —No tengo sesión, acaso… ¿quieres verme? —¿He? Bueno… si, si quiero verte. —¿Que te parece si voy a llevarte tu almuerzo? —¿Lo harías? —Si, yo también quiero verte.
Eiji agachó la mirada sonriendo y asintió.
—¿A las 12? —Si, a las 12. Me voy. —Cuídate— dejó sobre sus labios un beso y ambos sonrieron. —Te quiero Ash.
Salió de casa y Ash se recostó sobre el sofá sonriendo.
—Dios… ¡lo amo tanto!
Abrazó una almohada y dio vueltas conteniendo su emoción. Empezó a realizar un desayuno para los dos. Cuando terminó se arregló lo mejor que pudo y salió en su coche para su encuentro.
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—Abre. —Esto es muy bueno, ¿dónde aprendiste a cocinar? —¿No te lo dije? Recibí una clase privada por tu madre aquella vez de tu cumpleaños, me dio un recetario con tus platillos favoritos. —Hehe ya veo, a mamá le caes muy bien. —Tengo una buena suegra. —¿Qué?
Ash tomó sus manos y le miró decidido.
—Eiji, ¿podemos intentar tener una relación?
Eiji le miró ruborizado y comenzó a reír.
—¿D-de que te ríes? ¡Me costó mucho declararme! —¡Es que eres muy lindo! —¡Olvida lo que dije!— gritó haciendo un puchero.
Eiji dejó un beso en su mejilla y sonrió para él.
—Ya estamos casados tonto. Quiero intentarlo. Quererte Ash. —Dios, eres tan lindo, sino estuvieramos en público juro que te quitaría la ropa. —¡No digas esas cosas! —¡Es culpa tuya!