Capitulo ocho:
Me convertí en flash, eso hice hoy.
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No sé si esto realmente sea una buena idea y estoy sumamente nerviosa. A ver, esta es la cuestión: Susana ha hecho un plan para que pueda ir a ver a Jaeden.
Y eso está bien, lo que no está bien es el hecho de que hoy es domingo y se supone debo ir a la iglesia con toda la familia. Para que entiendan mejor, hemos planeado esto desde ya hace días —no tantos como quisiera—. Susana ha conseguido una bolsa de vomito falso y fue sumamente asqueroso, y terriblemente agobiante esconderlo por un día de mi familia entrometida, ellos no conocen la palabra «privacidad».
Como sea, he mentido y he estado a punto de echarme a llorar por eso. No por sentirme culpable, si no por los nervios y el miedo de que me descubrieran. ¿Lo más increíble de esta situación? Que todos me creyeron y no quisieron ni acercarse a mí porque según, apestaba a vomito. Démosle las gracias a Susana.
Así que ahora me encuentro yendo a casa de Jaeden, a nuestro encuentro. Tengo exactamente dos horas para hablar con él, antes de que mi familia llegue a casa y no me encuentre moribunda en mi cama.
Mi instructora de música consiguió a Jaeden en redes sociales y me creo una cuenta de Instagram para hablarle —si, lo sé, no se burlen de mí por no tener redes sociales—. Así fue como pude concordar esta... reunión, con él.
Cuando aparcamos frente a su casa, me seco las manos de mis vaqueros y suspiro.
—Vendré por ti dentro de media hora, no podemos darnos el lujo de que nos descubran, sé que se supone tendrías más tiempo pero mejor prevenir que lamentar.
Le doy una sonrisa temblorosa.
—Gracias Su, estaré pendiente del teléfono.
Me bajo del auto después de compartir unas pocas palabras y llego hasta la puerta de entrada, antes de siquiera tocar el timbre la puerta se abre y se me corta la respiración ante la imagen de Jaeden. Sus intensos ojos verdes me dedican una mirada y se me encoje el corazón al ver la angustia y tristeza en ella.
Antes de siquiera poder abrir la boca me rodea con sus brazos en un abrazo de oso. Tardo unos segundos en corresponderle e inspiro hondo. ¿Es que todos los chicos guapos huelen así de divino?
—Me alegra tanto que estés aquí —dice, al separarse.
—A mi igual —mascullo, más bajo de lo que pretendía.
Toma mi mano y me guía al interior de la casa, es muy bonita, no obstante no le pongo mucho cuidado porque me concentro en Jaeden. Este se sienta a mi lado cuando estamos en el living de la enorme casa y me da toda su atención.
—Hay tantas cosas que tienes que saber —suelta un exasperante resoplido—. Han sido días difíciles y lamento haber estado ausente, en serio que sí.
Aparto todo eso de mi cabeza. No me importa un nosotros justo ahora, no al verlo así, tan angustiado.
—Tranquilo, es lo de menos —le regalo una sonrisa—. ¿Quieres contarme que pasa?
Me regala un asentimiento y toma mis manos, las aprieta suavemente.
—Mi prima ha venido de visita, y ha sido todo inesperado —comienza—, porque llego sin avisar. Al principio todos estuvimos felices, pero luego... —su voz se apaga y traga grueso, suspira—. Nos ha dado malas noticias.
—Oh... —susurro, sin saber que más decir.
Jaeden continua —Nos ha dicho que su madre, la hermana de mi papá, ha sido diagnosticada con cáncer.
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Absurda Tradición ©
RomanceLa familia de Leslie se rige por pensamientos arcaicos y anticuados, ideales que no son bien vistos en pleno siglo XXI, y es por ello, que la chica de 17 años vive reprimida del mundo. Su padre es un hombre tosco y estricto, la disciplina es una pal...
