Despertar en el centro de salud mental Nouvelle vie era como si pasaras días durmiendo dentro de una caja pequeña y de pronto solo se abre para que la luz solar te queme los ojos, te levantas sin querer hacerlo y todavía se te cuestiona el por qué te tapas los ojos, una respuesta honesta sería un ejemplo claro de lo bien que puedo usar mi zapato para reventar esos focos. Se dice que a todo te terminas acostumbrando pero a las personas como yo les aterra el adiestramiento. Curiosamente estando aquí todo fue muy fácil y ni siquiera me di cuenta cuando los días empezaron a volverse meses.
Llevaba semana y media en este lugar y justo hoy se me autorizó mi primera visita, estoy consciente de que tal vez Héctor no venga este día pero la siguiente semana seguro que lo hará. He memorizado muchos conceptos de álgebra y solucionado problemas matemáticos con resultados fraccionarios, incluso dibuje la cara de un conejo en la clase de manualidades y Renée le colocó un listón hermosísimo en el cuello, lo tengo en el cajón de mi ropa interior. Pienso dárselo cuando venga de visita. Es seguro que mamá este una hora antes de la programada, su puntualidad es algo que siempre admiró pero que no heredé. Le hice una pulsera de ligas con una mariposa en el centro, Renée me enseño a hacerlas hace un par de días en nuestra hora libre. A ella nunca la visitan y creo que preguntar no es correcto, ya he sobrepasado la línea más de una vez averiguando cosas que no son de mi incumbencia. Igual pienso contarle a mamá lo maravillosa que es mi compañera de cuarto y lo decepcionada que estoy al no poder llamarla hermana, quiero decirle lo asquerosa que es la comida y lo mucho que extraño su tarta Tatin, aunque siempre termina agregando caramelo extra y el dulce acaba por empalagarme. También le explicaré el cargo extra que tendré estos días ya que el psicólogo de la institución me dio cuaderno y lápiz para escribir, esto porque olvide por completo lo que hice el día anterior. Pensándolo bien esto último lo sustituiré con un recordatorio de que Héctor y papá vengan de visita la próxima semana.
— Hay que salir a formarnos — menciona con los ojos hinchados, seguro estuvo llorando por la noche y de nuevo no me di cuenta por quedarme dormida.
La fila era larga pero avanzaba rápido, sabía que hoy no me darían el jarabe marrón que siempre acostumbraban, tenía días durmiendo bien y comiendo todo lo que servían en mi plato, incluso esa leche en mal estado. Subí poco más de un kilo y durante el día evito meterme en discusiones a toda costa, algo difícil cuando tienes que convivir con alguien como Wendy. ¿Estaba realmente preparada para despedirme del jarabe y darle la bienvenida a las tabletas de franjas verdes que tanto había evitado y solo tomaba en presencia de Héctor?. Llega mi turno antes de idear un plan lo suficientemente bueno para zafarme, así que solo me quedo viendo el pequeño recipiente de papel con las pastillas sin intención de tomarlas.
— ¿Necesitas agua? — me interroga girando los ojos.
— ¿Qué es esto? — si hubiera sido mi madre ya estaría con los ojos abiertos y enrojecida de los cachetes. Siempre detestó que una pregunta se respondiera con otra pregunta.
— Escitalopram, el medicamento que te corresponde. ¡Tómatelo ya!. Me estas retrasado.
— No me las voy a tomar — por más que me esforcé para que mi respuesta no sonará como una provocación no fue así y el semblante de su cara cambio.
— Escucha — acercándose lo suficiente para sentir su aliento en mi oído—. Una de las cosas por las cuales no renuncio a este infierno es porque amo poner en su lugar a las revoltosas como tú. ¡Sujétenla!.
Me toman de brazos y después de patear sujetan mis pies. Escuché a Kai decir algo pero mis propios gritos hicieron imposible entender lo que decía, me arrepentí y me disculpe, les aseguré que tomaría el medicamento pero era ya demasiado tarde, no me soltarían. Mientras las lágrimas corrían por mi labio ella introducía la pastilla en mi boca con todo y sus uñas largas con esmalte corriente. Termine en una esquina llorando, empapada del cuello para arriba, con Renée aferrada a mi brazo y con el escitalopram en mi organismo. Pude sentir la pastilla pasar por mi garganta y escucharla caer en mi intestino, quería abrirme el abdomen y sacarla.
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INESTABLE
Teen Fiction- Te amo - dijo sin ningún aviso, como la explosión de una bomba. - ¿Qué?. - Te amo y no espero una respuesta semejante de tus labios. Ni siquiera espero que finjas que sientes lo mismo o que seas sincera y digas que es un sentimiento estúpido y vac...
