Me llevó a casa y luego salí rumbo a mi curso. No lo volví a ver hasta el medio día del domingo, que regrese al departamento. Me había quedado con Ann para terminar un trabajo. Ella me presto su ropa y por eso llegue vestida así, con ese vestido medio gótico que me cambie rápidamente, pues aunque me gustara no me sentía muy cómoda con el.
Desde esa tarde de viernes, en que lo vi por última vez, Bills visitaba mis pensamientos con demasiada frecuencia y eso me causaba cierto disgusto. Misteriosamente eso desapareció cuando volví a casa, pero él no estaba ahí. Llegó una hora después, con una bolsa de supermercado en la mano y una sonrisa de felicidad casí como la de un niño que planea una travesura.
-Ah, estas aquí- dijo al verme y sonó un poco decepcionado.
-Perdóname por estar en mi casa- le dije apartándome del libro que leía, recostada en mi sofá.
-¿Tu casa? Pues no parece, recién regresas después de dos días- me dijo y paso a la cocina.
No respondí a eso y volví a mi lectura. Acabé por dormirme. Verlo me causo una sensación de relajo y me entregue a un sueño tranquilo, pero que terminó en una visión extraña en que el fuego quemaba un edificio. Al abrir los ojos esa sensación de desazón me invadió y supe que aquello era un sueño profético. Me fui a la cocina por un vaso con agua para relajarme. Realmente odio esos sueños, me alteran demasiado y me atormentan también.
Bills estaba ahí, comiendo unos postres creo, me siguió con la mirada mientras yo salia al balcón donde me quede un rato. Mis sueños suceden. Así de sencillo, simplemente suceden y es un plazo de tres días. Aunque nunca veo exactamente lo que sucederá. Un edificio en llamas podía ser cualquiera que tuviera una relación conmigo. Hace mucho no me sucedía y esa maldita ansiedad se apodero de mí apartando cualquier otra preocupación. No deje mi habitación esta la tarde-noche, cuando Bills me llamó desde la sala. Para entonces yo ya me había puesto el pijama,pues pensaba en dormir temprano.
-¿Quieres jugar?- me preguntó sentado en la alfombra, frente a la consola.
Me le quede mirando un momento y luego me senté a su lado, en el piso, descansando la espalda en el sofá. Era un juego de guerra. Esos me gustan y con ellos soy muy buena. Rápidamente entendí la mecánica del juego, mostrando una leve superioridad sobre Bills, quien no estaba feliz con eso.
-¡Gane!- grite casi en su cara, como él hizo cuando perdí la apuesta.
Apoyó el rostro en su mano, para apartar de mi sus ojos y culpar al control del juego por su desempeño.
-Claro, claro lo que tú digas Bills- murmuré un poco divertida por su actitud- Sino quieres perder, juega solo.
Giró el rostro ligeramente hacia mí y luego la volteó otra vez.
-¿Quieres la revancha? Te dejare ganar esta vez...
-¡No te atrevas a hacer eso! Puedo derrotar...-me decía y como se giró por completo a mí para encararme, su rostro quedo muy cerca del mío.
Husmeo el aire con cierta curiosidad y cerrando los ojos me preguntó si había estado comiendo alguna golosina.
-No...
-Hueles a fruta dulce- comentó al abrir los ojos.
-¿Fruta dulce? ¡Ah! Seguro y es la crema que uso. Es de mango con aceite de coco- le respondi levantando mi brazo para ponerlo entre él y yo.
-¿Ah, sí? Pues huele delicioso- comentó con una sonrisa extraña que me causo una sensación de...
-Voy por unos refrigerios- le dije y huí a la cocina.
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Desatino
FanfictionEsas decisiones malas que te pueden llevar por buenos caminos o bien esas decisiones buenas que te llevan por malos caminos. Ya sabes, eso que sólo tú no vez como un desatino.
