¿Saben que es lo que pasa
cuando una brasileña intenta
enseñarle a bailar a un japonés?
Exacto.
Un completo ¡DESASTRE!
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basada después del timeskip. Si
no deseas spoilearte no leas
está historia.
━13. UNO, DOS, UNO, DOS, ¡BESO IMPREVISTO EN SU CUMPLEAÑOS!━
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La crespa se encontraba ojeando el libro de japonés básico.
―― Ay, sí. Por Dios, que tontería ―― Rodó los ojos y volvió a dejar el libro sobre le mesita de noche. Se dispuso a cerrar sus ojos y descansar al fin, sin que nada la molestara.
Unas manos se posaban con suavidad en su cintura, dejándola inquieta, la forma en la cual sus manos se aferraban a unos anchos hombros. La forma en la una respiración se mezclaba con la suya y la sonrisa encantadora que lograba apreciar de la persona que la sostenía con tantas intenciones y de forma sensual. Tomó su barbilla con suavidad mientras pasaba su dedo pulgar por su labio inferior y unió sus miradas.
―― Hinata...
Verónica soltó un grito agudo, asustando a la enfermera de la habitación quien hacia limpieza.
―― ¡¿Está bien, señorita Oliveira?! ¡¿Le duele algo?! ―― La morena se apoyaba en sus codos mientras jadeaba.
―― E-Estoy bien, Judith. Gracias ―― La enfermera asintió, no tan convencida y abandonó la habitación.
Verónica llevó una mano a su rostro, estaba en shock. ¿Qué carajos había sido ese sueño? Miró por la ventana, ya era de día. Soltó un suspiro de frustración y se volvió a acostar.
―― Esto no puede estar pasándome a mi ―― Murmuró la brasileña, llevando las manos a su rostro, sonrojada ―― ¡Maldito Japonés!
Extendió su mano a su celular y miró la fecha de aquel día: 21 de Junio.
Verónica Eu, Pedro.
Pedro ¿Qué quieres ahora?
Verónica Mamón... ¿Hinata cumple hoy?
Pedro
Ay, sí.
Hinata cumplía 21 aquel día, pero estaba tan segura que sería un día como cualquier otro, ya que Hinata no solía ser amarrado con ciertos eventos, en realidad, era más sencillo de lo que parecía.
―― Entonces le ganamos a Shiratorizawa y fuimos a las nacionales ―― Explicó Shoyo.
―― Ajam, ¿y luego? ―― Verónica lo había estado escuchando hablar por 30 minutos sin parar, pero por alguna razón, no le molestaba, solo escuchaba sus divertidas anécdotas por lo feliz que se le veía al contarlas.