Capítulo 1: ¿Qué querrá decir?

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Y aquí estoy, escuchando nuevamente a mis dos hermanos pelearse por la playstation. Ojalá tuviera una hermana para poder hablar con ella libremente de todo lo que me pasa y esas cosas, ya que tener hermanos no ayuda mucho. Además soy la más pequeña; con dieciséis años. Mucha gente dice que ser la más pequeña es tener privilegio, pero os aseguro que no.

Harta de seguir escuchando sus estúpidas discusiones, me levanto de la silla donde me situaba y digo:


—Bueno, no puedo más, ¿Queréis callar ya? ¡Intento hacer los deberes, pero con vuestras estúpidas peleas no me puedo concentrar!.— Cogí mi libreta de matemáticas para irme cuando me interrumpen.


—¿Crees que por qué nos mandes a callar lo haremos?—Dice David riéndose por lo que acababa de decir, a veces odio que mis hermanos me superen por tres años.


—Que penoso dios.— Comentó John; mi otro hermano, riéndose lo más fuerte que un humano pudiera hacer en su sano juicio.


—¿Sabéis qué? Ojalá no fuerais mis hermanos, ¡solo hacéis que tratarme mal! Como todos, claramente. Tened empatía, yo soy como soy y lo tenéis que aceptar, ¿vale? Y ¡Ugh! Pensé que mis hermanos me ayudarían a pasar por todo esto, pero veo que sois como todos, unos egocéntricos que solo saben que insultar a la gente, desde que os hicisteis amigos de...— No quería pronunciar su nombre, me daba ganas de vomitar— Ya sabéis a quien me refiero, os volvisteis los peores hermanos del mundo, al menos antes me tratabais decente Pero no, solo hacéis como los demás, no tenéis personalidad.— Escupí, cuando de repente se me calló la libreta de las manos.


Estaba temblando, estaba llena de ira y de odio, no podía aguantar más; odio mi vida. Empecé a llorar mientras subía las escaleras. En cada escalón, caía una lágrima de mi ojo. Dicen que llorar es bueno para la salud, pero cuando estás día y noche llorando por tener una vida que tú misma no elegiste, no creo que sea bueno. Y no creáis que es solo con mis hermanos. Con mis compañeros de clase es igual, todos me insultan por ser como la más lista del centro. Además, no soy la típica Nerd. Si no fuera porque saco buenas notas, sería una de las más populares. Todo esto empezó en primero de la ESO, cuando... mejor no recordarlo. Cuatro años sufriendo por escuchar estos insultos, si cuatro años. Y los típicos insultos son "¡Hey mira, la nerd viene con sus libros en brazos!" "Ui... mirad la empollona, ¿Cuándo aprenderá a divertirse un poco?" y más cosas desagradables.

Cuando entré a mi habitación me coloqué la almohada en mi cara y empecé a chillar de toda la rabia que mi persona contenía.

—¿Por qué nadie me acepta tal y como soy? ¿Que hice mal? ¿A caso les he hecho algo sin saberlo? ¡Ugh! ¡Odio mi vida! ¡Desearía mudarme de esta ciudad!.

Me quité la almohada de encima, miré el reloj y eran las 21:30, decidí ir a dormir. Fui al baño me duché, sentir el agua caliente hacer un recorrido por mi cuerpo es muy relajante. El agua siempre hizo que mi persona se relajara.

Al acabar la ducha, me puse el pijama. Fui a mi cama, me acomodé con mi sabana cubriendo mi cuerpo débil; sin fuerza.

Veía todo negro; estaba oscuro, no había rastro de nada. Unos segundos después, una puerta de color rosa con líneas horizontales de color negro apareció al final de un pasillo por arte de magia. Acto seguido mi persona empezó a correr dirigiéndose a la puerta. Cada vez que me acercaba a ella, se alejaba más y más, de repente, la puerta fue abierta. Detrás de ella estaban todos los conocidos, incluidos mi madre, mi padre y también mi mejor amiga. Observé como mi madre se acercaba a mí lentamente. Yo caí rendida del cansancio. Ella al llegar a mí, se inclinó a mi altura.

—En el mundo hay dos tipos de personas, las buenas y las malas. Tú puedes elegir quién de ellas quieres ser, y como tu madre confío en que harás lo correcto.—Habló en voz baja dándome un beso cálido en mi frente. Se levantó y se dirigió de nuevo a la puerta donde se encontraban todos mirándome detalladamente.

En el camino, mi madre desapareció mágicamente, pero la puerta seguía allí con las mismas personas. Estas seguían observándome.

—Sin tu madre estás sola, acéptalo. Nadie te quiere.—Dijeron al unisono, y eso me hizo dudar. Mi propia familia dijo que no me quería. Si ellos no me quieren, ¿Quién me querrá?

Mientras intentaba responderme a mí misma de esa pregunta el suelo desapareció, cosa que hizo que yo cayera sin final. Caía, caía y caía, sin rumbo siquiera. Después de minutos cayendo, me ahogué, no sabía como; pero mágicamente acabé en medio de un océano. No sabía nadar, cosa que hizo que me ahogase.

Empecé a ver luz, una luz que cegaba mis ojos, una luz blanca como la nieve y a la vez sin color. Mis ojos iban abriéndose lentamente y al quedar totalmente abiertas se toparon con algo, o mejor dicho; un chico. Era desconcertante ya que su rostro estaba tapado con una capucha de color azul. Tenía un buen cuerpo por lo que parecía. Empecé a toser sin control; ya que seguía teniendo agua en mis pulmones. El chico del cual desconocía se acercó más a mí y susurró en mi oreja:

—No estás sola, me tienes a mí. Yo siempre te querré.

—Pero, ¿Usted quién es?

—Sabrás quien soy en su momento.- Respondió cogiéndome de la mano.

—Pero, ¿Cómo?.- Pregunté nuevamente intentando dejar de lado mis dudas.

—Eso lo sabrá tu corazón, que es quien manda desde ahora.—Me besó la frente y se levantó.—Recuérdelo, haz siempre caso a tu corazón no a la mente, la mente sólo jugará contigo.—Aconsejó para luego perderse entre la luz que cegaba mis ojos. La luz cada vez era más y más potente.


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Aquí está el primer capítulo, ESO quiere decir educación secundaria obligatória. Esperemos que os guste.

-Malak y Maïa

La Vida De Una Nerd. © Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora