—Señor Jeon, papá se va a molestar si lo espera dentro de la casa. Si no tiene saldo, hay un teléfono aquí para que le avise de su presencia —indicó Namjoon con cortesía firme, plantado en el umbral.
—Bla, bla, bla... ¿qué tal si te doy veinte dólares y te vas al parque más cercano? —respondió Jeon, buscando su billetera dentro de la chaqueta.
El adolescente alfa no se movió.
—¿Y mis hermanos? ¿Y papá? —dudó Namjoon.
El señor Jeon había comenzado a aparecer con frecuencia. Decía ser amigo de papá; papá lo describía como un ser humano entrometido y sin vida. Desde aquella cena incómoda, venía cada dos o tres días. A veces esperaban juntos y cenaban en casa; otras, salían y regresaban tarde. A los chicos podían contarles cualquier historia, pero Namjoon tenía un CI alto. No era ingenuo.
Además, su atuendo, su automóvil y su reloj no gritaban precisamente "sin vida".
—Somos cuatro —replicó—. Veinte dólares no alcanzan.
—¿Por qué tu padre tiene tantos hijos? ¿Está buscando a la niña o qué? —ironizó Jeon.
—Tal vez. Todos somos varones. ¿Y? —respondió sin titubear.
—Treinta.
—Cincuenta.
—Cuarenta, y no más. No creo que gasten tanto en un parque —bufó Jeon.
—No soy tonto, señor Jeon. Usted está pagando el tiempo que tardemos. Tres horas por sesenta dólares —sentenció Namjoon—. Si no, me sentaré a leer en el sillón menos hundido y esperaré a que mis hermanos regresen uno por uno.
Jungkook suspiró, vencido. Sacó tres billetes de veinte y se los tendió.
—Vete de una vez. Y vuelve en tres horas —murmuró.
Namjoon sonrió, satisfecho. Dicen que el deseo vuelve crédulos a los adultos.
⸻
Jungkook se dejó caer en el sofá, que crujió bajo su peso. Tiene que ser cosa de los niños, pensó.
Aún no comprendía cómo Jimin podía tener tanta paciencia. Él, en el mejor de los casos, se veía con un hijo... quizá dos. No más.
Se había encariñado con Jimin. Sin embargo, en una de aquellas conversaciones nocturnas, cuando habló del futuro y dejó claro que no buscaba nada serio, la respuesta del beta había sido simple y contundente: un roce breve de labios y una advertencia clara.
"Si es así, no te acerques más de lo necesario a mis hijos."
Mientras revisaba su celular, escuchó el cerrojo. Al ver entrar al pequeño beta rubio, se puso de pie.
—¿Se puede saber qué haces en mi casa? ¡¡Namjoon!! —exclamó Jimin al cruzar la puerta.
—Bienvenido a casa, cariño —respondió Jungkook.
Antes de que Jimin pudiera apartar el rostro, Jungkook sostuvo con suavidad su mandíbula y lo besó. Fue un gesto breve, íntimo, cargado de una familiaridad que ya no podían negar.
—¿Quieres la buena noticia... o prefieres dejar eso para después y empezar con el sexo? —preguntó con una sonrisa ladeada.
—Quiero saber dónde está Namjoon —replicó Jimin, intentando mantener el ceño fruncido. Sus ojos, sin embargo, lo traicionaban, el hecho de que no posea un olor significativo no significa que no pueda percibir sus verdaderas acciones.
—Le di dinero para que saliera al parque con sus hermanos —explicó Jungkook, rodeándole la cintura—. Estarán fuera un buen rato.
—Entonces dime la buena noticia —cedió Jimin—, porque hoy no estoy para tener distracciones contigo.
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Our home - Kookmin
FanfictionA sus diecisiete años, Park Jimin fue declarado culpable de promover el vandalismo, fue penalizado con 3 años de servicio comunitario. Él pensó que era lo peor que le podía suceder, sin embargo, aquel lugar fue donde halló a su verdadera familia y...
