—Sr. Park, comprenda que no me está permitido ayudarlo más. El hogar de acogida en el que reside actualmente ya no figura en la nómina de orfanatos activos. Cuando el director falleció, el crédito fue cancelado por falta de un responsable calificado y avalado por el Estado —explicó con tono profesional.
—Solo estoy solicitando un poco de ayuda. Yo no puedo solventar por completo la casa hogar. Tengo un trabajo, pero necesito la asistencia de alguna organización —replicó Jimin, esforzándose por mantener la calma.
—El Conglomerado Jong retiró el proyecto de beneficencia destinado a centros de acogida —continuó—. Evaluaré qué otras empresas siguen contribuyendo a este tipo de programas.
—Se lo agradezco —respondió Jimin, con una sonrisa cansada—. Mis niños realmente necesitan un apoyo extra.
El señor Kim Yesung había sido donador activo del centro incluso antes de que Jimin asumiera la administración. Según le contó el antiguo director, su ayuda siempre fue anónima. Habían estudiado juntos, y mientras Yesung siguió el camino corporativo, el director optó por la vida cristiana y la ayuda humanitaria. ¿Qué mejor inversión para el futuro que ofrecer bienestar a niños abandonados por omegas irresponsables, con acceso gratuito al programa de prevención de descendencia?
—No sabe cuán agradecido estoy. De verdad aprecio que lo intente —añadió Jimin antes de levantarse.
Se despidió con un asentimiento de cabeza y salió de la oficina.
Yesung, aunque era un ejecutivo formal, siempre había sido sensato. En más de una ocasión llevaba cosas que sus hijos ya no necesitaban. Lo conocía desde hacía años. Aun así, él sostenía que dentro del consorcio era mejor fingir indiferencia. Era un hombre magnífico, y Jimin se alegraba sinceramente de que estuviera felizmente casado con una hermosa omega.
Había solicitado dos horas de permiso en la universidad y, aun así, ya llevaba cuarenta minutos de retraso. Tal vez habría sido mejor usar las escaleras en lugar del ascensor.
Mientras revisaba el contenido de su portafolio, las puertas del elevador se abrieron y entró sin levantar la vista.
Chocó contra algo sólido.
Levantó la mirada, dispuesto a disculparse por su descuido, pero se encontró con un joven que lo observaba con el ceño fruncido, sosteniendo un dispositivo electrónico en la mano. Al parecer, no había sido el único distraído.
—Oh... disculpe —murmuró, esbozando una pequeña sonrisa mientras se deslizaba hacia el lado derecho del reducido cubículo.
El joven volvió su atención a la pantalla.
—Piso dieciséis, por favor —ordenó.
Al escuchar su voz, Jimin se quedó quieto un segundo de más. Era una melodía firme, educada... y peligrosamente autoritaria.
—Si no va a presionar los botones del ascensor, no obstruya el paso —añadió el desconocido, estirando el brazo y empujando ligeramente la espalda de Jimin con el dorso de la mano.
Jimin siempre se había considerado un beta promedio: educado, discreto, indiferente. Sin embargo, algo dentro de él se agitaba cada vez que alguien no correspondía a su cortesía, cuando confundían su apariencia con falta de experiencia.
—¿Joven? ¿Alfa? ¿Jefe? —replicó, cruzándose de brazos sin mirarlo—. Si cree que por llevar un buen traje no tiene que respetar a sus mayores, permítame informarle que no es así, señor ejecutivo.
—¿Acaba de decirme "joven"? ¿Acaso sabe a qué me dedico, señor...? —respondió el otro, con una ceja arqueada.
—Park Jimin —contestó con firmeza—. Y no me importa qué cargo tenga ni qué marca de traje use. Debe respetar a las personas. Por mucho que existan jerarquías de género, los años también se respetan.
—Tiene una apariencia más... madura de lo que parece —replicó el joven con sarcasmo—. Y yo dejé de ser un "joven" hace mucho tiempo.
Increíble.
Jimin finalmente se giró hacia él.
—Permítame informarle que tengo treinta y seis años. Soy mayor que usted y merece tratarme con respeto. No es relevante si es alfa o el dueño de medio mundo empresarial.
Con la discusión zanjada y su última palabra dicha, salió del ascensor.
Sí, era un simple beta soltero de treinta y seis años.
Pero, oye... bastante bonito.
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Our home - Kookmin
FanficA sus diecisiete años, Park Jimin fue declarado culpable de promover el vandalismo, fue penalizado con 3 años de servicio comunitario. Él pensó que era lo peor que le podía suceder, sin embargo, aquel lugar fue donde halló a su verdadera familia y...
