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Yesung consiguió concertarme una reunión con el director encargado del área de ayuda social del conglomerado. Me resumió que le había hablado de mi caso y solicitado que el centro fuese trasladado a un nuevo proyecto de apoyo.
La cita estaba programada para las ocho y treinta de la mañana... y ya eran las nueve.

Es el director. Él te ayudará. Solo mantén la calma.

Ese sonido... otra vez. Estos chicos habían cambiado el tono de mi celular de nuevo.
Dios, dame paciencia.

—¿Hola?

—Pa', solo quería avisarte que salí temprano. Ya estoy en casa. Fui a ver a Hoseok donde la señora de la florería —sonó la voz de mi pequeño alfa.

—¿Te he dicho que eres un ángel? —sonreí sin poder evitarlo—. Eres mi orgullo.

—Lo sé, papá. No te demores. Hoy es tu día libre y tienes que estar en casa todo el día.

—Sí, señor. Llevaré algo de comer, no cocines —alcancé a decir antes de que una asistente se acercara a mi asiento en la sala de espera.

—Señor Park, el director Jeon lo espera.

—Oh, muchas gracias —respondí con una sonrisa forzada mientras me levantaba, apretando el portafolio entre mis manos.

No estés nervioso. Tienes treinta y seis años.

Toqué la puerta una sola vez. Una voz impaciente me indicó que pasara.

—Buenos días —saludé con una leve inclinación de cabeza.

Levanté la mirada y...
NO ME JODAS.

Solo sonríe. Tal vez no te reconozca. Sonríe sin mostrar horror ni miseria. Lo personal no se mezcla con lo profesional. Park Jimin, tu gran boca te consiguió una reunión con el "joven" que reprendiste la vez pasada.

—Oh...

Ya se jodió todo.

—Siéntese, por favor —indicó con frialdad.

Solo sonríe. Solo sonríe.

—Señor Park, he revisado el archivo que me proporcionó el señor Kim —comenzó—. Le hablaré con total sinceridad. Al adoptar a los niños que permanecían en el hogar de acogida, el centro dejó de cumplir los requisitos del plan de beneficencia. El director falleció hace años y usted figuraba únicamente como voluntario. Nunca se registró como nuevo director, por lo tanto, la ayuda fue retirada y es una decisión irreversible.

Su rostro no mostraba nada. Ni compasión. Ni interés.

—¿No hay otra manera? —pregunté, tragando saliva—. Soy beta. No percibo el mismo salario que los profesores alfa. No me alcanza para mantener el centro y a los niños. ¿De verdad es imposible ayudarme?

—Si no podía mantenerlos, no debió adoptarlos —respondió sin alzar la vista del documento—. Algunos ya son grandes. Debió dejarlos independizarse.

—Siguen siendo niños —repliqué, alzando la voz—. Necesitan un hogar, calor familiar. Los acogí desde el momento en que omegas irresponsables los dejaron en la puerta del centro. ¿Es tan mezquino pedir ayuda cuando ustedes presumen ofrecerla?

Lo que más me enfurecía no era la negativa, sino su indiferencia.

—El establecimiento es suyo —repitió—. No debió hacerse cargo de—

—Un alfa como usted, tan joven y con un puesto como este, solo puede haber llegado aquí por su familia —lo interrumpí—. Nunca va a entender mi situación. Si la ayuda que esta compañía vocifera es una completa mierda, agradezco el rechazo. Yo lo haré solo. Y que me diga que es imposible ayudarme, con esa cara aburrida, solo demuestra la falta de empatía. Qué lástima por usted. Gracias por su intento de buen samaritano.

Asentí al terminar. Él me observó sin inmutarse.

No te rompas aquí, Park Jimin.

Salí de la oficina con paso apresurado.

Eres un hombre fuerte. Puedes sacar a tu familia adelante. Solo aguanta un poco más.

Todo el camino a casa fue una marea de llanto.

Pero todo cambió cuando abrí la puerta principal.

—¡Papá!
—¡Papá!

Mis niños.
Mis pilares.
Mi razón para no rendirme pese a ser un padre beta soltero.

—Pero si huelen de maravilla —dije tras abrazarlos—. ¿Namjoon ya los bañó?

—¡Sí! ¡Sí!

No era tan fuerte como para cargarlos a ambos, así que tomé una mano de cada uno y los guié al interior.

—¡Hola, pa'!

—¿Hoy es mi cumpleaños o qué? —bromeé—. Me siento muy amado.

—Hoy es un día especial, papá —dijo Namjoon—. Lo olvidaste con todos esos trámites...

—Lo siento, Nam —sonreí con tristeza—. Daría el mundo por ustedes.

—Hoy es el cumpleaños de la familia Park, papá —finalizó, besando mi cabeza rubia, despeinada por los demás.

Gracias, Dios.
Gracias por estos ángeles que pusiste, uno a uno, en mi vida.

—No llores, pa'. Te ves más bonito cuando sonríes.

—¡Sí! —añadió Taehyung.
—¡Papá! ¡Bonito! —gritó Seokjin.

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