—¿Hamburguesa o pizza? —pregunté, alzando la voz para que me escucharan por encima del televisor y hasta la cocina.
Este maldito sofá era una tortura; me dolía todo. Definitivamente tenía que deshacerme de él.
Nada había salido como lo planeé. Llevaba más de tres meses saliendo exclusivamente con Jimin. Algo inaudito para mi impecable —y breve— historial amoroso. Por la misma razón, la frase "no te acerques a los chicos" había quedado en el olvido hacía más de dos meses.
Namjoon ya podría comprarse un auto con todas las "comisiones" que me cobraba por llevar a los niños a ferias de las que yo ni siquiera sabía que existían. Además, me quedaba a dormir allí dos o tres veces por semana.
—¡Pizza! —gritaron al unísono el número dos y el número tres.
Jimin odiaba que me refiriera así a sus "bebés". Yo sabía perfectamente sus nombres y edades, pero a ellos les encantaban los apodos; decían que parecía sacado de una película. A mí me divertía, sobre todo, ver a Jimin fruncir el ceño cada vez que los llamaba "mis ilegítimos".
¿Dónde estaría el número cuatro?
Había descubierto hacía poco que era omega. Aquella noche, Jimin lloró durante horas. Luego vino la explicación: los celos, el nudo, la elección de compañero... Fue una conversación larga, intensa y, en cierto modo, reveladora.
—¿Y vegetales, tal vez? —propuso Namjoon—. Ya comimos comida chatarra tres veces esta semana. Si papá se entera de que así nos alimentas, serás reprendido.
—¿En serio? —bufé—. No hay nadie cocinando hoy, y yo no pienso levantarme de este jodido sofá para buscar un restaurante familiar.
Lo ignoré y abrí la aplicación para pedir la pizza.
Seguíamos con la misma rutina: yo esperaba a Jimin en su casa. Mi trabajo me permitía ausentarme cuando quisiera; él, en cambio, tenía un horario imposible. Por eso me quedaba los fines de semana.
Sentí que alguien se acercaba sigilosamente.
Número dos.
—No más preguntas ilógicas —le advertí sin mirarlo.
—Señor Jeon, ¿cuántos años tiene?
—Ya te respondí eso. Estoy ocupado. Ve con el número tres.
Seokjin era el que me interrogaba cuando medio dormía por las mañanas. Sabía más de mí que el propio padre.
—Papá tiene... ¡treinta y seis! —anunció con orgullo.
Asentí. Seokjin tenía los mismos ojos que Jimin: ese tono café intermedio que parecía absorberlo todo.
—Sí, tu padre es demasiado viejo para mí —respondí con ligereza—. Pronto me iré...
Un grito desafinado me interrumpió.
—¡No! ¡No se vaya! Me gusta su comida... y su... su... ¡lazo!
—Es una corbata —corregí—. Ve y dile a Namjoon que Marte fue invadido por los quienes y que tienen a Plutón. Exactamente así. Si no lo dices bien, me voy.
Sonreí al ver su expresión concentrada. No recordaría ni la mitad, pero Namjoon estaría entretenido un buen rato.
Una vez le pregunté a Jimin por qué había adoptado a cuatro niños. Me dijo que era una historia para otro día.
Así que recurrí a mi socio: Namjoon.
Recordaba al director del centro; decía que Jimin siempre había estado ahí, que lo llamaba papá desde pequeño. Recordaba omegas embarazados, lo cual tenía sentido: el centro acogía a omegas jóvenes en gestación.
Cuando llegó Taehyung, Jimin lo presentó como su hermano. Con Hoseok fue distinto: Namjoon recordaba estar jugando cuando Jimin apareció con un bebé en brazos, discutiendo con alguien que terminó gritando "todo tuyo" antes de irse.
Jimin lloró, susurrando que todo estaría bien, que la familia había crecido.
Cuando llegó Seokjin, el director había fallecido el día anterior. Jimin no estaba en casa. Namjoon abrió la puerta y una joven omega le dejó al bebé en brazos sin decir palabra.
Cuando Jimin regresó, encontró a Namjoon calmando al niño. Solo suspiró... y lloró.
El archivo decía que, tras la muerte del director, el centro cerró. El crédito continuó un tiempo. Ahí fue cuando apareció la ayuda social del conglomerado.
—¡Lo siento! ¡De verdad no quería llegar tarde! —gritó Jimin al entrar—. Pasó esto y aquello...
—¿Crees que soy un hombre que espera horas a alguien? —respondí desde el sofá. Había estado dormitando. Los niños estaban arriba. Por fin tenía el control del televisor.
-¿Y los niños?.- respondió dejando el maletín en la mesa auxiliar, cerca de la entrada.
-Están con Joon, ya comimos, gracias por preguntar.- Jungkook estaba demasiado cansado y sin energía que no quería tener una discusión inútil con Jimin.
—Cariño, no te enojes —dijo acercándose—. Pasó algo con un estudiante...
Jimin tomó mi cuello con ambas manos y giró mi rostro hacia él. Sus labios me encontraron antes de que pudiera apartarme.
-¿No vas a corresponderme?.- susurró Jimin. Al no ver movimiento de labios por parte de Jungkook.
-No...- Jungkook abrió más su boca e introdujo su lengua en medio del beso.
-¿Comiste?.- murmuró entre besos el beta.
Y luego Jungkook simplemente lo beso lento, cálido y familiar. Jimin sintió burbujas subiendo desde su estómago a su pecho.
La casa, la luz tenue, su cercanía... todo encajaba de una forma peligrosamente perfecta con el hombre que le gustaba, era mágico.
No recuerda en que momento subió al regazo de Jungkook, mientras se besaban ambos estaban creando la fricción suficiente con sus miembros vestidos y erectos para que le corriera escalofríos por todo el cuerpo.
-¿Jungkook?.-
-Mmhmm.-
-Te iba ha decir que subiéramos...-.
-¿Papá?
Ambos nos detuvimos.
Jimin se apartó con rapidez y sonrió con naturalidad al ver a Hoseok en el descanso de la escalera.
-Cariño! ¿Qué haces despierto ?.-
-Baje a tomar agua...- respondió un avergonzado Hoseok.
Jimin me miró de reojo.
Yo sonreí.
Había cosas que podían esperar.
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Our home - Kookmin
FanfictionA sus diecisiete años, Park Jimin fue declarado culpable de promover el vandalismo, fue penalizado con 3 años de servicio comunitario. Él pensó que era lo peor que le podía suceder, sin embargo, aquel lugar fue donde halló a su verdadera familia y...
