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—Realmente pensé que no vendrías —comentó Jeon con una sonrisa ladeada—. Ya estaba preparado para obligarte y traerte a la fuerza.

—Somos adultos —respondí con frialdad—. Quieres intimidad, está bien. Yo también tengo necesidades. Eres la oportunidad perfecta para liberar tensión... aunque no puedo ignorar que estoy siendo acorralado con amenazas y acusaciones falsas.

—Que no pongas resistencia resulta un poco aburrido —replicó—. Pero aclaremos algo: aquí nadie está siendo amenazado. Podría convencerte de abrirme las piernas con solo un beso.

—Aún puedo bajarme del auto —contesté con brusquedad.

—Basta —gruñó el alfa, cerrando la discusión.

El resto del trayecto transcurrió en silencio. Ninguno parecía interesado en conocerse; ambos queríamos terminar con aquello esa misma noche.
Había algo de verdad en mis palabras: llevaba demasiado tiempo sin intimar con nadie. El trabajo y los niños absorbían cada parte de mí. Además, no sabría cómo explicarles una salida nocturna ni una ausencia al amanecer. De algo estaba seguro: me gustaba dormir después del sexo.

Llegamos a un hotel que no conocía. Jeon pagó una suite en el cuarto piso. Fue entonces cuando escuché su nombre completo al confirmar la tarjeta de crédito con la recepcionista: Jungkook.
No podía creer que me estuviera dejando arrastrar por un alfa casi diez años menor.

Una vez dentro de la habitación, nos quedamos observándonos. Él avanzó hasta la cama; yo permanecí cerca de la puerta. Mi corazón latía con fuerza, tan intenso que lo sentía hasta en la punta de los dedos. Nadie podía negar el magnetismo de un alfa: eran, para bien o para mal, el espécimen más dominante de nuestra sociedad.

—¿Vas a acercarte tú... o voy yo? —preguntó mientras se quitaba la chaqueta y aflojaba la corbata.

—Ven —respondí, escueto.

Se aproximó despacio, desprendiéndose del cinturón y dejando los zapatos a un lado. Cuando apenas nos separaban unos centímetros, le hablé en voz baja:

—Arrodíllate.

Entendió sin necesidad de más palabras. El gesto fue lento, deliberado. Mis pensamientos eran un caos: molestia, orgullo herido, una atracción que me negaba a aceptar. Aun así, me mantuve firme, aferrándome al control que todavía conservaba.

Quedé solo con lo esencial, deshaciéndome de la camisa mientras él recorría el espacio con una calma que me crispaba los nervios.
No me gustaba cómo habíamos llegado hasta ahí.
No me gustaba sentirme presionado.
Y, sin embargo, mi cuerpo no mentía.

La habitación se llenó de un silencio cargado, espeso, como si ambos supiéramos que, a partir de ese punto, nada volvería a ser sencillo.

Quede solamente en ropa interior. Mientras el arrastraba sus manos por mis muslos, yo me deseché por completo la camisa.

Cuando rozó mi pene con su mano no pude acallar mi pesado suspiro... había pasado un buen tiempo.

Baje mi cabeza para apreciar cómo pasaba su lengua por mi polla aún vestida. Con pequeñas mordidas en mi erecta polla fue sacando lentamente el bóxer. El jugueteo con mi polla no contaba y peor se acercaba al sentimiento de tener una cavidad bucal tan caliente enrollando tu polla.

Comenzó con lamidas en mi glande, para luego meter todo mi pene en su boca, aquella boca que estaba tan húmeda y cálida.

Fue inevitable no agarrar su cabello.

El alzó su mano, específicamente sus dos dedos. En dirección de mis labios. Me encorve para poder introducirlos en mi boca, los llene de saliva.

Cuando ya estaban demasiados húmedos, los llevo a mi cavidad anal.

Había pasado un tiempo.... tanto que podría ser considerado Virgen de nuevo.

Lentamente introdujo un dedo mientras succionaba mi pene.

Lo mantuvo quieto hasta que dejó de chupar para comenzar a masturbarme.

Cuando estaba llegando al orgasmo con aquella jaladera, sentí cómo metió un segundo dedo.

Apreté más fuerte su cabello.

Comenzó a mover sus dedos lo suficiente para estirarme debidamente. dentro y fuera, los movia como una tijera.

Estaba apunto de acabar cuando el dejo de tocarme y retiro sus dedos.

Me arrastró a la cama, me recostó boca arriba mientras yo trataba de regular mi respiración.

Vi cómo se desnudaba, observe su perfecto cuerpo y su hinchada polla. Me encontró observando, sentí como me ponía rojo hasta las orejas y cerré los ojos.

Agarro un sachet de lubricante y se posicionó entre mis piernas. Escuche como lo abrió con sus caninos.

Roció el lubricante en mi entrada, masajeando mi entrada para luego volver a introducir sus dedos, estirarlo y estimular, tratando de encontrar mi punto.

Se agachó lo suficiente para besarme, era la primera vez que me besaba, odio admitir que la declaración de antes era verdad, mientras devoraba mi boca, mas estiraba mis piernas y si hubiese sido un omega estaría chorreando lubricante natural, Sus besos eran tan afanados que otra vez comencé a empuñar su cabello.
Sentí como rosaba su polla por mi entrada, y como poco a poco se abría camino por mi estrecha cavidad.

Dolía un poco, había pasado un tiempo. Sentí un ardor que poco a poco se fue menguando.

Parece que observo mi cara de incomodidad cuando dejo de besarme.

-¿Te duele? ¿Estás bien?.-

-Si...-

-¿Park?

-Deja de preocuparte, utiliza bien este costoso colchón.- replique la falsa preocupación de Jeon.

Comenzó a moverse lento y en todas las direcciones al principio, una vez que encontró mi punto. Se quedó solo en esa dirección. Haciéndome delirar en cada estocada.

Apreté sus hombros con mis manos, clave mis uñas y estoy seguro que dejara marcas para los siguientes días.

Envolví mis piernas en la cintura de Jungkook, y enrolle mis manos en su cuello. Mientras nos besábamos escuche a Jeon gemir en mi boca, sus embestidas se volvían rápidas y torpes, situó su mano entre nuestros cuerpos y agarro mi polla, la acaricio hasta que comencé a lloriquear, continuo embistiendo hasta que ya no pude soportar la estimulación trasera y de mi polla al mismo tiempo y salpique mi semilla caliente entre nuestros cuerpos, mis paredes anales se contrajeron alrededor de su polla, masajeándola y sujetándola en un aterciopelado agarre, llevándolo al limite, Jungkook rugió su clímax y envió chorros de semen, sentía cómo un ultimo espasmo me surgió del fondo de mi cuerpo, derramando unas ultimas gotas de semen.

Nos recostó de lado, me observo y luego comenzó a chupar mis pezones, mientras apretaba mis caderas.

-Esta noche recién comienza...-

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