Hoy fue un día de trabajo jodidamente pesado. Ese chico alfa fue un dolor de cabeza constante. Si tan solo no me hubiese metido en esa pelea, no estaría ahora con un golpe mal disimulado en la cara. Lo único bueno fue que me enviaron a casa temprano.
Beong es el típico alfa malcriado, convencido de que todos estamos por debajo de su nariz. Ni siquiera respeta a los profesores que no son alfas. Comenzó a discutir con su compañero porque quería cambiar de tutor de proyecto; cuando lo vi apretar los puños, me interpuse entre ambos y me gané el golpe.
Lo único satisfactorio fue ver su expresión descolocada después. Me pidió disculpas una y otra vez. Primera vez que me trataba con respeto.
Los jóvenes de ahora se pasan por alto el valor de los años.
A lo lejos divisé un automóvil que no reconocía.
¿Cómo había entrado al patio delantero?
Aparqué mi pequeño auto en la acera y corrí hacia la casa. Este patio es enorme, maldita sea.
—¿¡Namjoon!? ¡¿Nam?!—
Mi respiración, ya acelerada por la carrera, se cortó de golpe... pero por otra razón.
—¿Qué hace usted aquí?
—Papá...
Mi corazón empezó a golpearme el pecho con una fuerza desmedida. En medio de la sala estaba esa persona. El mismo alfa al que ya había reprendido dos veces. Y no era uno de mis hijos.
—Señor Park, un gusto —dijo con una sonrisa ensayada—. Quería hablar con usted sobre ciertos inconvenientes que encontré respecto a este terreno donde se encuentra el centro de acogida.
Lo ignoré por completo.
—Nam, cariño, ¿dónde están tus hermanos?
—Hoseok y Seokjin están dormidos. Taehyung está jugando afuera. Yo estaba leyendo con él y entonces llegó el señor Jeon. Dijo que no lo llamara, que iba a esperar... ¿hice mal, papá?
—No, cariño —respondí de inmediato—. El señor Jeon es un amigo de papá. Ve afuera, necesito hablar en privado.
Esperé a verlo salir y acomodarse nuevamente en la perezosa del patio antes de girarme.
—No sé por qué razón está en mi jodida casa —dije, conteniendo la voz. Un poco más alto y estaría gritando.
—Llego con la mejor voluntad de ayudar y no soy bien recibido —replicó con calma—. Me quedé inquieto después de nuestra reunión. Leí y analicé varias veces su archivo. La casa está a su nombre, pero originalmente pertenecía al Estado. Era una institución pública.
Me pareció... singular.
Se movió con total descaro.
—Intentando ser un buen samaritano, no le pregunté al señor Kim. Porque si él, como abogado, tuvo algo que ver en un traslado irregular de propiedad... podría ser sancionado —añadió—. ¿Cómo explica esta situación tan ilógica?
No supe qué responder. Tenía mil excusas en la mente, pero ninguna logró salir.
—¿Nada? —se sentó en el sofá, estirando un brazo sobre el respaldo, observándome con descaro—. Entonces mi suposición, con apenas un uno por ciento de probabilidades, era correcta.
Mi estómago se encogió.
—Hay algo en usted que me atrae —continuó—. Algo que me impulsó a investigar. Tal vez su sentido de responsabilidad. O su estúpida positividad.
Usted es un beta de treinta y seis años, profesor de literatura y filosofía en la universidad. Tiene cuatro hijos. Sin pareja.
Aburrido. Anticuado.
—¿Qué quiere? —pregunté, cruzándome de brazos—. Parece que solo vino a provocarme y burlarse de este "anticuado" beta. No tengo miedo. Todo está legalizado. Este lugar me pertenece.
—Soy un alfa de veintisiete años, independiente y sin obligaciones —dijo con tranquilidad—. ¿Qué cree que quiero de usted?
—No lo sé. No tengo nada que ofrecerle. Y como dijo, no creo que necesite dinero.
—Uno: es beta. Dos: es mayor. Tres: es agradable a la vista —enumeró sin pudor—. Esas son las razones por las que me interesa. Quiero una conexión íntima con usted.
—¿Cree que voy a acostarme con usted solo porque puede acusarme sin pruebas sobre la propiedad de la casa?
—También puedo despedir al señor Kim —añadió—. Puedo presentar una acusación formal por malversación de documentos.
Sentí el suelo ceder bajo mis pies.
—No entiendo —murmuré—. Nada de esto tiene sentido. No voy a tener nada íntimo con usted. Soy solo un beta con cuatro hijos, consumido por una universidad. Ni siquiera tengo las facilidades de un omega para ese tipo de cosas.
—No es un omega necesitado, ni un beta complaciente —sonrió—. Tampoco un alfa buscando pelea. Me gusta su indiferencia hacia mi atractivo. Es... nuevo para mí.
Usted es mi nueva afición.
Su sonrisa era torcida.
—Mañana pasaré por usted a las nueve de la noche. Su hijo mayor tiene diecisiete años; puede encargarse de los demás. Y no querrá conocerme molesto. Recuerde que tengo ciertas ventajas sobre su situación.
Se acercó. No levanté la mirada; mis ojos se quedaron fijos en su mandíbula perfectamente cincelada.
Luego pasó a mi lado con total calma, diciendo que conocía la salida.
Me quedé de pie, incapaz de procesar lo que acababa de suceder.
Ese imbécil se comportó como un jodido autoritario. No entiendo qué obtiene de todo esto. No es como si le faltaran opciones: tiene un buen trabajo y, por desgracia, es absurdamente atractivo.
Yo estaría encantado con la situación... si no fuera por esa personalidad.
Si no estuviera siendo acorralado.
¿En qué mierda me he metido?
ESTÁS LEYENDO
Our home - Kookmin
FanficA sus diecisiete años, Park Jimin fue declarado culpable de promover el vandalismo, fue penalizado con 3 años de servicio comunitario. Él pensó que era lo peor que le podía suceder, sin embargo, aquel lugar fue donde halló a su verdadera familia y...
