⚘ Pareja principal: KookV/ KookTae.
⚘ Contenido homosexual
⚘ Versatilidad ocasional.
⚘ No M-Preg. No Omegaverse.
⚘ Contenido maduro [+18]
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Jeon Jungkook es un hombre de 25 años quien, a pesar de su juventud, ya es reconocido en el mundo de la...
Dos semanas después del fallecimiento de su padre, Jungkook sentía un colapso tanto físico como mental. Su nueva oficina parecía ser demasiado grande, vacía e incómoda; los papeles en el escritorio no hacían más que aumentar y el teléfono no dejaba de sonar.
En los últimos días, su oficina se había convertido en su dormitorio y Han-Neul en su sombra prácticamente. Y es que Jungkook nunca se detuvo a pensar en las sinfín de responsabilidades, actividades y deberes que tenía su padre, que tuvo toda su vida y que absorbió su tiempo, su vida personal y que, con el paso de los años, marchitó hasta a su propia familia.
Conglomerados Jeon era tanto un castillo como una cárcel; en donde eras el rey, pero también un esclavo; en donde tu palabra tenía un gran peso, pero que tus acciones podían ser tu sentencia.
Jungkook había llegado a la cima, pero no supo si de su éxito o de su perdición.
Arrastrado por esos sentimientos horribles, con la imagen de su padre recorriendo su mente y el dolor en su pecho, Jungkook no pudo hacer más que pedir disculpas al aire, esperando que sus palabras llegaran al cielo, hasta su padre.
¿Cómo pudo haberlo juzgado todos esos años? ¿Cómo pudo odiar y aborrecer a su propia empresa, su propio patrimonio, la cual había sido el esfuerzo, dolor y sacrifico de toda una vida? ¿Cómo pudo llegar a maldecir a su padre por no darle los tratos que se suponía que tenía que darle a su hijo?
Jungkook se sentía terrible, culpable y lleno de remordimiento. Quería regresar en el tiempo y deshacer todo lo dicho, todas esas palabras que alguna vez pasaron por su mente... siempre atacando a su padre, siempre recriminándolo, siempre decepcionado de él.
Porque Jungkook como profesional admiraba a su padre, a ese hombre íntegro, trabajador, exitoso, hombre de negocios y líder de una industria entera.
Como hijo... esa era otra historia.
Pero bien dicen que para entender, hay que vivirlo uno mismo.
Que para sentir, hay que ser empáticos.
Que no debemos juzgar sin conocer.
Y Jungkook estaba aprendiendo todo eso.
Su padre había obligado a un niño a crecer demasiado pronto, a tener responsabilidades que otros niños no tenían y darle preocupaciones que cualquiera pensaría que sólo les pertenecían a los adultos. Y eso Jungkook lo resintió en silencio toda su vida, el no poder salir a jugar, no poder hacer amigos, no poder ir a escuelas normales como los demás infantes, en estudiar matemáticas mientras otros se manchaban de tierra los pantalones cuando corrían desenfrenados jugando a las atrapadas.
Pero ahora el azabache entendía.
Su padre lo había criado estricto, sí, pero era porque Jungkook tendría que enfrentarse a esa realidad algún día. Él no sería eterno, y su padre lo sabía muy bien, él no viviría siempre y no le quedaba de otra que educar a su hijo para hacerlo un líder, un digno miembro y cabeza de Conglomerados Jeon, y que por supuesto, hiciera honor al apellido.
Pero es que la cabeza del pequeño Jungkook no entendía en ese entonces. El azabache cada día se preguntaba, ¿Qué tenían de distinto esos niños a comparación de él? ¿Por qué sus vidas eran tan diferentes a la suya?
Y la realidad era que Jungkook nunca fue como esos niños, esos niños con sonrisas en sus rostros, mejillas abultadas y sus rodillas raspadas, que se perseguían entre ellos y que la mayor de sus responsabilidades, cuando crecieran, serían probablemente conseguir un empleo estable y mantener a una familia.
Pero Jungkook, con sólo 8 años en ese entonces, no era capaz de comprender la carga con la que había nacido.
El por qué no podía ir a jugar con sus vecinos, el por qué no podía dejar sus clases de piano y ciencias para ir a festivales en las calles, el por qué tenía que ser selectivo con sus amistades... ahora siendo adulto lo entendía.
Su padre nunca le daba abrazos, pero le dio conocimiento; su padre nunca le decía palabras bonitas, pero le decía la diferencia de lo correcto e incorrecto.
Su padre lo había preparado para cuando la vida le golpeara, justo como lo había hecho hace dos semanas cuando ese sonido agudo llegó hasta sus oídos, indicando sobre su nueva realidad.
Jungkook lo entendía, de verdad lo hacía.
Y tal vez Jungkook nunca pudo ser un niño, pero ahora con 26 años recién cumplidos y una corporación cargando en su espalda, estaba cada vez más seguro y convencido de quién era él y de su potencial.
Él era Jeon Jungkook.
Primogénito de Jeon JungHyun y sucesor de Conglomerados Jeon.
En un principio se sintió inseguro y titubeó, pero ahora sus piernas estaban más firmes que nunca, sus ideas más claras que el agua y su mente posicionada en esa nueva vida que le esperaba.
Una que no tenía espacio para segundas personas.
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