SIES

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Elaia por fin se había acostumbrado a su nueva vida. Aaron ya no le molestaba tanto, más bien lo hacía pasar como un amigo que como una sombra. A petición de ella, dejó de ir caminando dos pasos por detrás de ella y se acomodaba a su lado. Lo malo era que Aaron no creía a la joven capaz de hacerle cargar con sus compras. Error garrafal debido a que Elaia quería hacer un cambio completo de armario y se dedicó a comprar todas las colecciones que se le ocurrían para la nueva temporada otoño-invierno. Aaron aguantaba estoicamente con la carga de bolsas y cajas de todo tipo mientras Elaia entraba en una última tienda, de la cual salió unos minutos después con una pequeña bolsa que no le cargó a Aaron, para sorpresa del escolta.

Llegaron al edificio tras una larga mañana de compras, en la que Elaia recorrió todas las tiendas de Piccadilly, teniendo pase libre en todas dado su apellido. Nunca imaginó que ser D'Angelo conllevaría tantos beneficios, pero ya no le disgustaba tanto. En realidad, en las últimas dos semanas su esposo no había sido una molestia, de hecho apenas había pasado por casa. Llegaba a las tantas de trabajar, tomaba su trago de whiskey y se iba a la cama como si siguiese viviendo solo.

El tiempo en el que Elaia no estaba trabajando en el centro de investigación, Lu y Cat le enseñaban las costumbres de la mafia. Ella no sabía nada del mundo en el que la habían introducido a la fuerza, pero sí supo valorar, tras una larga charla con su cuñada, lo afortunada que era de no tener que pasarse el día encerrada en casa y reuniéndose con las esposas de otros dones. Aprendió también que los dones eran hombres de gran poder, que servían al Capo. No eran los segundos al mando, ya que ese cargo era de Luca Salvatore, el Consigliere de su esposo. Pero sí estaban a cargo de grandes superficies, dirigiendo el negocio para su Capo. También aprendió lo que significaba la omertá y se estremeció al comprender lo que rezaba el tatuaje que Athos llevaba en su costado. Do la mia vita al capo e se fallisco morirò sul rogo. Doy mi vida al capo y si fallo moriré en la hoguera. Juramento que, según Lu, era tan literal como parecía.

Sin embargo, lo que a todos se les olvidó mencionar y que amargó a Elaia el día fue la reputación de mujeriego que precedía a Athos. Encontró noticias, escuchó rumores entre el personal del centro de investigación, y vio con sus propios ojos como él llegaba tarde todos y cada uno de los días. A Elaia no le sentó bien la creencia de que, por muy forzado que fuese ese matrimonio, ni siquiera había sido capaz de respetarla como dictaban los mandamientos de la mafia. Por ello, cuando llegó al penthouse y vio al italiano hablando con Jade, los cuales se callaron de golpe ante su llegada, casi estalla en cólera. Ordenó a la mujer del servicio que deshiciese las bolsas que Aaron estaba subiendo a su vestidor. Se encaminó hacia Athos y, sin mediar palabra, le abofeteó.

Athos se quedó de piedra, lanzando dagas con la mirada. Cuando la joven intentó irse, la tomó del brazo con fuerza.

— ¿Quién coño te crees para abofetearme así?— espetó él en tono venenoso.

— Lárgate, Jade— le dijo a la castaña, que no dudó en huir de la discusión— Porco, disgustoso imbroglione, cazzo, uomo senza onore— escupió molesta, tratando de soltarse de su agarre.

— ¿Qué has dicho?

— ¡Lo que has oído, imbécil! ¿Para eso me obligas a casarme contigo? ¿Para acostarte con todo Londres mientras yo te caliento la puta cama? ¿Para contratar a mi puta amiga para tirártela?

— ¿Pero qué dices, lunática?— Athos alzó la voz molesto, esquivando todo lo que Elaia le lanzaba presa de la furia.

— ¡Sé de tu reputación!— lanzó sobre él la bolsa que había comprado en la última tienda. Athos lo tomó en el aire, antes de que impactase contra su pecho— ¡Y mientras yo comprando algo para ti en son de paz! ¡Te mereces que te tire de la puta azotea!

Imperio en Llamas +18Donde viven las historias. Descúbrelo ahora