SIETE

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Athos la tenía cogida por la cintura mientras se besaban. El hombre la había arrastrado a la cama con él cuando se estaba vistiendo para ir a un almuerzo con sus amigas, pero cuando los labios de Athos impactaron contra los suyos, Elaia se dejó guiar. Las manos traviesas de su marido se encontraban debajo de su falda de imitación de piel rosa, donde apretaban sus glúteos y la acercaba a él lo máximo posible. La camisa negra de Athos estaba desabrochada y su blusa blanca estaba al otro lado de la cama. No podían apartarse el uno del otro desde esa noche del compromiso de Lucy y Frank. Los besos de Athos la hacían desear seguir con lo que le prometían esos ojos verdes, pero él siempre paraba, dándole a ella un espacio que en el fondo necesitaba.

La melodía de su teléfono empezó a sonar. Seguramente, siendo Catalina que la llamaba para ver si estaba lista. Cat no tenía la entrada permitida desde que entró cuando Athos la tenía en la encimera de la cocina estando con la cabeza de este entre sus piernas. Elaia alargó la mano siendo detenida por su marido que en un rápido movimiento, cambió la postura, siendo él ahora el que estaba encima.

— Athos, déjame coger el móvil—dijo con voz entrecortada.

— No—dijo subiendo su falda a la cintura—. Te quiero conmigo.

— Tienes que atender cosas, ¿o has olvidado como Luca se presentó anoche para decirte que no te olvidarás de ir a ese sitio que no me quieres contar?

— Otro al que le tengo que denegar la entrada. Me estabas besando en el sofá y me fastidió. Cuando Luca había terminado de decirme todo estabas dormida.

— Pobre Capo...no le dejan disfrutar—dijo Elaia riendo.

— ¡Athos!—la voz grave de Luca sonó desde abajo. El gruñido de Athos fue su respuesta al llamado, haciendo reír a Elaia.

Elaia alargó la mano y cogió su teléfono, viendo las llamadas que tenía de Catalina. Habían quedado hacía media hora y ella no había aparecido. Elaia odiaba la impuntualidad pero se le había olvidado todo cuando se estuvo besando con Athos.

Athos se levantó de la cama abrochándose su camisa mientras bajaba para maldecir en italiano al Salvatore por irrumpir en su casa. Elaia se arregló, ropa y maquillaje incluidos, y tras mirarse en el espejo bajó las escaleras. Athos tenía los brazos cruzados sobre su pecho y miraba a su consigliere con una mirada mortal, Luca no temía, lo miraba con una ceja alzada mientras esperaba órdenes. Elaia se acercó a ambos hombres y tras darle un pequeño abrazo a Luca se acercó a su esposo.

— Deja de fruncir el ceño. Te saldrán arrugas antes de tiempo—le dijo. Athos rodó los ojos— Me tengo que ir.

— Ten a Aaron siempre cerca—le dijo Athos. Elaia puso los ojos en blanco mientras se marchaba por el ascensor.

Cuando Elaia llegó al restaurante en el que iban a almorzar, sus amigas la recibieron con una mirada reprobatoria. Olivia fue la que menos tiempo duró enfadada, alegando que con un marido como Athos, cualquiera tardaría horas en salir de la cama. Jade miraba a Elaia fijamente. Elaia sabía lo que quería, pero no se sentía cómoda con el tema, sobre todo tras haber abofeteado a su marido delante de ella. Se sentó al lado de Cat, quien estaba con un puchero en los labios. Elaia sabía que su enfado era más que nada porque Athos le había denegado la entrada a su casa al haber llegado tarde.

— Al fin llegó la señora D'Angelo—dijo Olivia—¿Cuántas veces te has follado al papasote antes de venir?

— No quiero saber eso—dijo Lu tomando un sorbo a su vino.

—Una dama no revela sus relaciones maritales y menos con una menor de edad delante—dijo sonriendo Elaia.

—¡Voy a cumplir dieciocho!

Imperio en Llamas +18Donde viven las historias. Descúbrelo ahora