KyungSoo
La Mazmorra estaba llena. Los hombres, sedientos por hacer apuestas altas, se derramaban en el túnel que conducía al húmedo almacén subterráneo en los muelles de Gangman. Este lugar estaba bien oculto de las personas normales que les gustaba pensar que nada siniestro sucedía en frente de sus narices. Personas que creían que las peleas organizadas hasta la muerte eran ficción, fantasías de la televisión. Eran felices en su ignorancia de mi realidad.
Pero la gente de aquí, ahora, eran criminales, la escoria de la sociedad. Venía aquí cada día de cada semana, pero las próximas tres noches en La Mazmorra eran para los combatientes de primera calidad, los hombres que daban un espectáculo y morían. Lo daban todo, derramaban sangre y daban su último aliento en este lugar.
La Mazmorra era lo que los Kkangpae conocíamos mejor. Esta era la mayor banda de apuestas ilegales en la Costa Este.
Mientras que los guardaespaldas se alineaban en las afueras del sótano, manteniendo el control, la jaula era el centro del escenario. Me quedé en la trastienda, oyendo el ruido sordo de pies en el antiguo suelo de piedra. El entusiasmo por la sangre derramada, la muerte, flotaba en el aire.
Los reyes rojos, mi padre y SangWook, estaban en su cabina privada en la parte trasera, ocultos a la vista, pero capaces de supervisar su empresa y ver su dinero rodar. Stephen debía estar con Kris. Siempre se mantenía cerca, empujándolo, mandándolo, luego observando a su títere del otro lado de la jaula.
Había ocho peleas esta noche, las últimas implicaban a Kai, después a Kris. Ambos eran combatientes que luchaban fuerte, titulares. Esperaba completamente que ambos ganaran, pero aquí en La Mazmorra, nada era una apuesta segura. Kris era experimentado y lleno de confianza, ¿y Kai? Bueno, Kai era un completo desconocido, pero el lugar estaba a tope con la anticipación de verlo pelear. Papá le había dicho a SangWook de su habilidad en la jaula, e SangWook lo había divulgado hasta el cansancio.
Kai había entrenado toda la semana, mi padre se convirtió en un puesto fijo en el gimnasio para vigilarlo. Se estaba convirtiendo rápidamente en el favorito de papá. Ese hecho solo sirvió para poner a Kris aún más furioso, más inestable, más posesivo. Stephen no estaba contento con la competencia recién llegada a su hijo tampoco.
¿Y yo? Estaba completamente obsesionado con Kai. Lo veía entrenar a través de las persianas de la ventana de mi oficina cuando Kris no estaba en el gimnasio para atraparme. Mi cuerpo se prendía fuego simplemente al ver su torso desnudo flexionándose y flexionándose mientras levantaba pesas o peleaba en la jaula o corría en la cinta. Mi corazón latía con fuerza y muchas veces me quedaba mareado. Tal era la atracción que tenía hacia este hombre.
Todos mis pensamientos eran superados por él. Kai siempre era el primero en el gimnasio y el último en salir por la noche. Era como si ni siquiera se fuera. Tenía una meta: convertirse en el mejor luchador que tuviéramos. Y para hacer las cosas aún peor, me miraba cuando nadie observaba. Los hombres hablaban de Kai. De la forma en que nunca veía a nadie a los ojos. De la ferocidad con la que entrenaba. Pero cuando pasaba cerca, cuando tenía que hablar con los entrenadores, me miraba con esos ojos caramelo manchados de negro, siguiendo cada uno de mis movimientos, como si solo me viera a mí. Sus músculos se tensaban cuando estaba cerca. Sus fosas nasales estallan mientras inhalaba mi olor. Pero nunca hablaba. Nunca se comunicaba. Solo observaba...
Siempre a mí, lo que provocaba que la piel de gallina se extendiera como un reguero de pólvora en mi piel, evocando agitaciones familiares de nervios y emoción en mi estómago que no había sentido desde que estaba en mi adolescencia.
—Cinco minutos —dije bruscamente cuando llamé a la puerta del primer luchador. El entrenador gritó que me había oído y caminé por el pasillo hacia la habitación de Kris. Me necesitaba allí antes de cada pelea. Había dicho que si no me tenía cerca, perdería la mente, no podría concentrarse y no podría ganar. Dijo que necesitaba saber dónde estaba para que pudiera mantenerme a salvo. La verdad era que no podía soportar verme alrededor de hombres enfermos y La Mazmorra estaba llena de ellos. Era más fácil ceder, hacer lo que decía y no estresarlo, lo cual podría afectar su próxima pelea.
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Lost Fighter ||KaiSoo||
FanfictionPara recuperar la vida, uno debe enfrentar primero la muerte. Un hombre despojado de su libertad, sus principios... su vida. Acondicionado en cautiverio para mutilar, matar y masacrar, el prisionero 818 se convierte en un luchador sin remordimientos...
