Capítulo V: Ahogada En La Verdad

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—Esto me deprime en verdad y ni siquiera tengo novia —musito Tito junto a mí.

Estábamos en el sofá de su sala en un pésimo intento de ver Pasapalabra¹. Yo no tenía ánimos de nada, por obligación me di una ducha cuando llegué a casa de los gemelos y porque pasé toda la noche y parte del día sin hacerlo. Aaron ni tiempo de asimilar quién era esta mañana me dio.

—No sé qué hacer Tito, estoy en blanco y muy deprimida —una lágrima rodó por mi mejilla.

—Yo sé lo que vas hacer —Tito se acomodó mejor en el sofá para que lo viera. Eso hice, mis ojos depositaron toda mi confianza en los suyos—. Número uno, dejarás de sentirte miserable por alguien que no lo merece —levantó su primer dedo enumerando—, número dos lo vas a olvidar porque créeme amiga, todos superamos a los ex y número tres, vamos a cenar unos ricos croissant que ordené por delivery —me dio un guiño risueño y suspiré.

Si algo tenía Tito era una bocaza sin filtros y llena de verdades. Todo lo que dijo es cierto, cada paso a seguir me llevaría a la tranquilidad si me proponía a seguirlos. Olvidar a Aaron es lo mejor, me hace daño y cada vez es peor. No puedo seguir en este círculo tóxico y vicioso.

Solo espero no verlo, ni escuchar sus disculpas y promesas rotas, porque entonces torpemente volvería a caer.

—Tranquilo, voy a intentar seguir mi vida sin él —le prometí a Tito y me dio un asentimiento positivo. Estoy segura que desde hace mucho estuvo deseando este momento.

En qué su frágil y ciega amiga por fin se quitara la venda de los ojos y me diera cuenta que estaba en una mala relación.

Los croissant llegaron a lo poco y comimos enseguida, yo no había notado cuanta hambre tenía, hasta que tuve esas delicias crujientes frente a mí. Debore todo, sin lamentaciones.

—Mañana después de clases quiero que me acompañes al centro, necesito encontrar empleo —le dije a Tito.

El seguía atragantado con su croissant, —Si, necesitas distraerte lo más que puedas.

—Y ayudarlos con los gastos hasta que consiga un lugar propio —puntualice también, no iba a quedarme aquí de mantenida.

—Ya sabes que aquí te puedes quedar toda la vida si quieres, así no tengo que pagar Uber para ir a visitarte —rodó los ojos.

Siempre tenía una respuesta con lógica para todo.

—Compartir cama conmigo no te gustara dentro de poco ya verás —le aseguré que mi estadía aquí pronto sería un problema.

El apartamento de los gemelos no era muy grande, solo tenía dos habitaciones donde entraba una cama, un armario pequeño y una cómoda. La sala y cocina apenas se dividía por una encimera y quedaba poco espacio para podernos desplazar. Igual que donde vivía antes de... El lujoso apartamento que rentó Aaron para nosotros.

Nosotros... Hasta esa simple palabra dolía.

Porque ya no eramos eso y siendo sincera nunca me gustó ese apartamento, era tan apagado y solitario. Si era moderno y espacioso, como esos que vez en revistas pero no era nada un hogar. Solo me recordaba a diario que lo compartía con alguien que no es absolutamente mío y que trataba de compensar ese vacío con lujos que yo no pedí.

Yo no quería estar acomodada en un lugar así, si la persona con quien debo compartirlo va de vez en cuando y para que no lo vean en público conmigo. Yo merezco alguien que me presuma, que no le importe perder su posición social con tal de estar conmigo.

Y tristemente Aaron no es esa persona, me tocará superarlo y sufrir hasta que mi corazón se cure, pero es lo mejor. Aveces es sano apartarse aunque duela de una sola vez, que quedarse y sufrir constantemente la agonía.

Arriésgate Liz. Donde viven las historias. Descúbrelo ahora