77

93 5 8
                                    

→ Manuel

Todo me dolía. Trataba de abrir los ojos, mover las manos, deparar mis labios agrietados. La luz apuñaló la parte de atrás de mis párpados y quise hacer una mueca de dolor ya que había estado a oscuras durante mucho tiempo, pero ni siquiera pude hacer eso.

Después de la luz vinieron los sonidos. Había un pitido rítmico constante, y luego otro sonido irregular, aire, como páginas siendo pasadas en un libro. No había realmente un olor perceptible, salvo por una ráfaga débil de café. No sentí ni frío ni calor, pero mis huesos pesaban.

Traté de concentrarme en mi mano, la forma en que la había movido antes cuando apreté la mano de Brooklyn. No tenía ni idea de cuándo había sido. ¿Horas, días, semanas atrás? Mis dedos se sintieron tiesos cuando traté de doblarlos y luego estirarlos de nuevo. Me dolía la piel cuando lo hacia, así que supuse que había una vía intravenosa allí. Por el dolor, mi cabeza pareció despejarse un poco y la moví hacia un lado, tratando de alejarme de la brillante luz del sol.

Oí un grito fuerte.

Finalmente conseguí que mis ojos se abrieran. Parpadeé varias veces hasta que mi visión fue lo suficientemente clara para ver la persona que estaba sentada a mi lado. Había una revista tirada en el sofá donde ella previamente había estado posada. Ahora Jazmyn se había quedado muy quieta con una mano tapando su boca mientras sus ojos se agrandaban a la vez que me miraba con desconcierto.

Abrí la boca para tratar de decir algo, pero las palabras no salieron. Mi garganta estaba seca y sentí como si moviera otro músculo volvería de nuevo a la inconsciencia. Me sentía agotado, incluso después de haber estado durmiendo durante Dios sabe cuánto tiempo.

Finalmente, Jazmyn bajó la mano, y su mirada pasó de incredulidad a enfadada en cuestión de segundos. "Gilipollas." Dijo ella, sin amabilidad. "No te atrevas a cerrar los ojos de nuevo. Voy a traer al médico y a mamá. Como vuelvas a dormirte..." Su voz era dura e inflexible, como si realmente estuviera enfadada conmigo, pero sus ojos brillaban con lágrimas y le temblaban las manos a sus costados. Ni siquiera terminó la frase.

Me quedé de piedra en silencio, no es que yo pudiera haber hablado de todos modos después de haber esperado una bienvenida más cálida. No me imaginaba que Jazmyn estuviera muy contenta conmigo, pero ser llamado gilipollas vencía mis otras expectativas.

Salió de la habitación -antes de pudiera hacer nada aparte de la mirada que le envié en estado de shock- corriendo por el pasillo, gritando el nombre de mi madre. Estaba bastante seguro de todo el hospital descubrió que había despertado.

Mi madre entró en la habitación ni un minuto más tarde, las lágrimas rosaban por sus mejillas, viendose cada parte de ella tan destrozada como yo me sentía. Un hombre vestido con una bata blanca entró tras ella.

"Mamá." Gruñí, tratando de tragar saliva para aliviar la picazón en mi garganta. Apenas salió, pero ella empezó a llorar, delicadamente me envolvió en sus brazos mientras me abrazaba a ella, murmurando. No me quejé cuando su peso presionó en contra de lo que supuse era una herida mi el pecho, a pesar de que me dolió como el infierno.

"Oh, Dios mío." Decía. "Estás despierto. Mi bebé. Gracias a Dios." Se apartó de mí a toda prisa secándose los ojos manchados de maquillaje. Parecía que hubiera venido directamente al hospital después del trabajo. El alivio en su expresión y sus palabras hicieron que me doliera el pecho por una razón completamente diferente a una herida física. Jazzy había tenido razón. Era obvio que la había lastimado enormemente.

"Siento interrumpir el momento madre e hijo, pero tengo que comprobar algunas cosas." El médico que había llegado detrás de mi madre se aclaró la garganta, caminando alrededor de la cama a donde todos los equipos estaban conectados a mi cuerpo. Había uno que mostraba mis latidos. Ese era el único que supe qué era. El resto solo hacían ruidos y estaban conectados a mi cuerpo a través de tubos. Prefería no mirar por debajo de la estúpida bata, casi íntima que llevaba puesta. ¿Quién sabía qué otras lesiones tenía y lo desagradables que eran?

B.R.O.N.X/ Manuel Turizo/ TerminadaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora