Me despierto. Me visto. Tres parpadeos ininterrumpidos. Una taza de leche deslactosada. Tres mordidas a una tostada. Una inconclusa y escasa porción deslizándose por mi esófago. Salgo a la calle. Tomo el metro. Camino cabizbajo. Carcajeos de perennes flaneurs a la espera de un colectivo de prórroga abstracta. Llego a la escuela. Trabajo. Almuerzo. Miradas entre bocados. Otra enredada conversación. Miro la hora. Trabajo. Las miradas me acosan. Fastidios indiscretos. Incomodidad silenciada. Salgo a la calle. Tomo otro micro. Música. Estudios. Cambio de canción. Rumeo entorpecido por el cielo inundado. Bullicios de puestos ambulantes. Vuelvo a la calle. El último micro. Un artículo de marsupiales. Música. Llego a la casa. Olores que emanan tristeza. Párpados cómplices. Pies en libertad de asfixia. Y a fin de cuentas, la vida que nunca saludé, se despide de mí.
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Cutícula
ContoRelatos acumulados y compuestos por la ficción encontrada en el deslumbre cotidiano de mi ciudad.
