♡✰Labios suaves y bien hidratados con sabor a melocotón. Unas caricias delicadas en el rostro que acompañan el movimiento ritmado de un beso lento, profundo y adictivo.
Todo pasa en una noche en la que Jisung se vuelve adicto a esos seductores beso...
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Jisung se mantuvo quieto, observando como el castaño paseaba su mirada sobre su ahora expuesto torso. Se tensó un poco cuando sintió el toque delicado de sus manos viajar a lo largo de sus costillas, el pecho, encima de sus pezones, de vuelta hacia la orilla de sus pants...
Allí se detuvieron un momento, solo las puntas de sus dedos se movían sobre su piel.
—Mis pants no están mojados.
—Eso lo veremos.
El menor no tuvo manera de replicar porque sus labios estuvieron ocupados nuevamente por la suavidad de los otros, cerró los ojos y se dejó ir a esa sensación, su cuerpo ahora se encontraba aprisionado contra el cuerpo firme del otro.
Poco a poco los labios del castaño fueron bajando a su sensible cuello, luego a sus delicadas clavículas, mantuvo los ojos cerrados mientras sentía las caricias sobre su piel y esa línea húmeda dejada por los labios del otro que ahora no solo besaba sino que daba suaves mordidas sobre uno de sus pequeños pezones.
Abrió los ojos por la sorpresa, sintió un pinchazo en sus partes bajas, el castaño comprendió que eso debía ser un punto muy sensible así que siguió concentrándose en esos suaves botoncitos tratando de ignorar también la incomodidad que sentía en sus pants, pero era cada vez más difícil porque los suspiros agitados del otro hacían que algo en él palpitara.
Jisung se mordió el labio inferior y cerró los ojos, movió sus caderas y por el roce un gemido bajo salió de su garganta, apretó más los labios cuando volvió a sentir la boca caliente del mayor cerrarse sobre uno de sus sensibles botoncitos.
Su lengua se arremolinaba y los dientes mordían suavemente una y otra vez esos puntos sensibles.
No podía permanecer quieto, su rodilla empezó a frotarse contra el entrepierna del otro, a cada roce, sentía como ese punto se volvía cada vez más rígido hasta el punto una mano detuvo su pierna.
—Dame un respiro, pequeño.
Aquel murmurio bajo lo hizo sonreír, trató de levantarse ayudado por los brazos del otro que lo rodearon.
Sus manos fueron a la orilla de la camiseta.
—Soy el único aquí medio desnudo.
El castaño dejó que levantara su camiseta, disfrutó de las caricias a los largo de su también trabajado torso. Las manos delicadas del menor eran suaves sobre su piel, este parecía tomarse su tiempo delineando cada músculo.
Rodeó su delgada cintura y lo levantó para que quedara a horcajadas sobre su regazo.
Ambos suspiraron cuando sus entrepiernas estuvieron una contra otra, presionando, solo la delgada tela de sus pants todavía los separaba.
El menor acarició los pectorales marmóreos del otro, besó y dio suaves mordidas sobre la piel sedosa de su cuello, al mismo tiempo su cuerpo empezó a mecerse de manera tortuosa y exquisita.