Espíritu de fuego

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"... no tuvo entierro ni sepulcro, pues tan fogoso era su espíritu que al precipitarse fuera dejó el cuerpo reducido a cenizas, que se desvanecieron como humo; Pero nunca reapareció en Arda, ni abandonó las estancias de Mandos. Así acabó el más poderoso de los Noldor, cuyas hazañas obtuvieron a la vez la más alta fama y la más pesada aflicción."

J.R.R. Tolkien, El Silmarillion, Quenta Silmarillion, capítulo 13

Celegorm miró a su compañía con sus ojos azules como zafiros. Incluso en la oscuridad del mundo, agravada por los humos que salían de Angband, sus ojos brillaban como un par de estrellas en el cielo, y sus cabellos parecían una fuente de oro. Todo él era un recuerdo de los hermosos días de Valinor, llenos de belleza, fuerza y luz.

Se llevó el dedo índice a los labios, indicando a los elfos que lo acompañaban que guardaran silencio. Estaban ocultos entre los árboles de una pequeña colina, esperando el momento preciso. Los orcos habían ya atacado el campamento que habían empezado a alzar cerca de un gran lago que habían encontrado. Aunque los habían tomado de improviso, los orcos no habían podido con la fuerza y habilidad de los noldor. Muchas de esas bestias habían huido de la batalla con los dientes castañeando. Entonces Maedhros había tomado a su hermano del hombro y lo había visto directo a los ojos. – Toma a tus mejores hombres. Caza a esos orcos. Que no lleguen con vida a retorcerse en los pies de su amo.

Celegorm no pudo evitar una sonrisa llena de malicia. Las pupilas se le dilataron y pasó la lengua por los dientes. Celegorm no era un cazador cualquiera. Orome, el vala cazador, era quien le había enseñado a usar el arco y el cuchillo, a cabalgar disparando flechas, a asechar a su presa. El elfo silbó y un perro blanco, más grande que un caballo, salió corriendo de entre el ejército y se paró recto junto a él. Esa fue señal suficiente para los elfos que lo admiraban y estaban dispuestos a seguirlo. Cuando corrió junto con el perro hacia el horizonte, Maedhros sonrió al ver una gran cantidad de elfos que lo seguían con arco en mano.

Entraron en un pequeño bosque que estaba muy cerca del lago. Ahí encontraron al primer grupo de orcos, reunidos en círculo, discutiendo sobre cómo iban a regresar a atacar el campamento élfico. Ni siquiera escucharon las ligeras pisadas de los elfos sobre la hierba. Las flechas volaron desde todas direcciones atravesando la piel gruesa y podrida de las bestias de Morgoth. Celegorm recogía flechas cuando vio que un orco se deslizaba entre los árboles, intentando huir. - ¡Huan! – le gritó al perro, que corrió hasta el orco y lo despedazó contra una roca.

La caza se había prolongado todo el día. Con muchos de los orcos ni siquiera hubo enfrentamiento. De un segundo a otro las flechas habían volado en la oscuridad acabando con sus vidas. El último orco que mataron parecía haberse separado de un grupo. Era mucho más grande y de músculos más fuertes que los que habían encontrado antes. Llevaba una armadura gruesa, y aunque su arma seguía siendo una baratija junto a las espadas, cuchillos y flechas de los noldor, era mucho más mortífera.

Celegorm se agachó con el arco en mano a revisar el suelo. El lodo estaba hundido por pisadas pesadas y grandes. Puso la bota encima de una de las huellas que había encontrado, calculando el tamaño de la bestia que ahora rastreaba. Debía ser algo más grande que él. Siguió avanzando pegándose al suelo de vez en vez buscando huellas. Huan y los elfos caminaban con cuidado detrás de él, sin adelantarse a sus pasos para no estropear el rastro que seguía.

Llegaron al final del bosque, donde empezaba un laberinto de piedras afiladas y obscuras. Un poco más allá se veía el origen del humo negro. Celegorm sintió un vuelco en el corazón. Se estaba acercando a la guarida de Morgoth. Revisó una vez más el suelo. Las pisadas de los orcos se habían detenido ahí y regresaban hacia el bosque. Seguramente habían tenido miedo de regresar ante su amo y decirle que habían salido huyendo de los elfos.

El brillo de occidenteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora