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Una sonrisa melancólica se dibujó en los labios de TN mientras observaba a Jungkook interactuar con Taehyung y Jimin. Los tres parecían una pequeña unidad inseparable; su conexión era genuina y especial, de esas que solo se forjan en la infancia.

​Sin embargo, la tristeza no tardó en empañar su alegría al recordar que la hora de salida estaba cerca. Verlo irse cada día se sentía como perder una parte de sí misma. Sin poder evitarlo, dos lágrimas silenciosas resbalaron por sus mejillas.

​Jungkook, con esa sensibilidad casi mágica que lo caracterizaba, dejó de jugar con sus amigos y se acercó a ella.

La miró fijamente, con sus grandes ojos oscuros cargados de curiosidad y preocupación.

​—¿Estás triste?

preguntó en un susurro.

​TN negó con la cabeza, incapaz de articular palabra. Sus emociones estaban a flor de piel, amplificadas por el torbellino hormonal que empezaba a crecer en su interior. En ese momento, Taehyung y Jimin también se acercaron, rodeándola.

​—¿Te duele la panza?

preguntó Tae, notando que la mano de TN descansaba inconscientemente sobre su vientre.

​TN sonrió conmovida. Los niños tenían una capacidad asombrosa para notar los detalles más sutiles. Nuevamente, el llanto amenazó con desbordarse; era una mezcla extraña de felicidad por el nuevo bebé y un dolor profundo por la situación de Jungkook.

​—No llores, maestra

pidió Jimin, estirando sus manitas para limpiar las lágrimas del rostro de TN con sus dedos pequeños.

​Ella solo pudo asentir, sintiendo un nudo en la garganta que le impedía explicarles que estaba bien.

—Lo siento, mis niños... estoy bien

logró decir finalmente, usando un pañuelo que Taehyung le extendió con cariño e inocencia

—Vayan a preparar sus mochilas, sus papás están por llegar.

​Tae y Jimin obedecieron, pero Jungkook se quedó un momento más, aferrado a la mano de TN.

—Quiero ir contigo

soltó el pequeño, con una esperanza que le rompió el corazón.

—Ahora no se puede, Kook... hay cosas que los adultos debemos resolver primero.
—¿Por qué? ¿Ya no me quieres?

La pregunta, cargada de una decepción infantil, golpeó a TN como un impacto físico.

​—Te quiero más de lo que imaginas, y Yoongi también. Jamás dudes de eso

le aseguró ella, agachándose para quedar a su altura

—Muy pronto estaremos juntos de nuevo, te lo prometo.

​Esa respuesta pareció calmar la tormenta en el interior del niño. Jungkook asintió y volvió a su lugar para guardar sus cosas, aunque no dejó de mirarla hasta que cruzó la puerta.

​(...)

​Había pasado media hora desde que Yuna recogió a Jungkook, pero TN seguía esperando en la entrada de la escuela. Se preguntaba si Minho realmente le estaba dando la atención que necesitaba. Sus pensamientos se interrumpieron cuando el auto de Yoongi se estacionó frente a ella.

​—Lo siento, la tutoría se alargó más de lo esperado

dijo Yoongi bajando del auto, con el cansancio marcado en los hombros.

—Te dije que pasaría

respondió ella con una media sonrisa.

—Lo sé, lo sé

suspiró él.

​Yoongi estaba considerando seriamente aceptar una oferta como compositor en un sello discográfico para dejar la docencia, pero por ahora, la escuela seguía siendo su realidad. Se acercó a TN y la tomó con extrema delicadeza del codo para ayudarla a subir. La miraba como si fuera de cristal, cuidando cada uno de sus pasos en ese estacionamiento donde ella solía tropezar con frecuencia.

​—Ay, Yoongi... estoy embarazada, no enferma

se quejó ella, aunque secretamente amaba sus cuidados.

—Lo sé, pero quiero cuidarte. Es mi nuevo trabajo favorito

confesó él, llevando su mano al vientre de TN, donde apenas se intuía un cambio.

​—De acuerdo, "Señor Protector".
—No eres nada buena con los apodos, cariño

se burló él, haciéndola reír de verdad.

—¿Cómo te sientes? ¿Algún malestar?
​—Es muy pronto para los síntomas fuertes, creo. Pero me siento... demasiado hormonal. Lloro por todo.
Yoongi acarició su mejilla con el pulgar.

—Está bien. Aquí me tienes para descargar todas esas emociones.
​—Y pensar que una vez, hace años, me viste llorar y me dijiste que no sabías qué hacer y te fuiste

le recordó ella con un puchero divertido.

Yoongi soltó una carcajada.

—¡En mi defensa, todavía no sabía lidiar con los sentimientos! Sabes que soy un bloque de hielo que tú derretiste.

​Ambos compartieron una mirada cargada de historia. Habían cambiado tanto desde aquel primer encuentro. Justo cuando Yoongi arrancaba el vehículo, el celular de TN vibró en su bolso. Era un número desconocido. Ella dudó, pero finalmente contestó.

​—¿Hola?
—Soy yo, Sun He

la voz al otro lado sonaba agitada, casi desesperada.

—¿Sun He? ¿Qué pasó?
—Necesito que vengas a la dirección que te voy a enviar. Tengo a Jungkook conmigo.
—¿Qué? ¿Cómo que lo tienes tú?
—No puedo explicarte mucho por teléfono, pero es urgente. Por favor, ven.

​La llamada se cortó. TN miró la pantalla con los ojos muy abiertos.

—¿Qué sucede?

preguntó Yoongi, detectando el cambio de ambiente.

—Era Sun He. Dice que tiene a Jungkook y que necesita vernos con urgencia.
—¿Se lo llevó de la casa de Minho? Eso podría ser un problema legal grave... o nuestra única oportunidad

analizó Yoongi, apretando el volante.

​—No lo sé, pero sonaba muy seria. Vamos, Yoongi. Aquí está la dirección.

​Yoongi colocó la ubicación en el GPS y aceleró. El silencio en el auto se volvió denso, cargado de una mezcla de esperanza y temor. El destino de su familia estaba a punto de decidirse en esa dirección desconocida.

Seamos Padres Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora