32. Colores De Una Nueva Vida

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Desde el otro lado de la calle, Sun He observó la escena en silencio. TN caminaba de la mano de Jungkook hacia la entrada de la escuela; el pequeño no dejaba de parlotear, gesticulando con entusiasmo y luciendo una sonrisa que parecía iluminar toda la acera. Minutos antes, Yoongi los había dejado ahí con un beso rápido y una palmada afectuosa en el hombro del niño.

​Sun He sintió una punzada de nostalgia, pero sobre todo, una profunda satisfacción. Jungkook ya tenía una familia. Dio media vuelta y regresó al auto donde Ho Joon la esperaba. Su hermano estaba conversando con Yuna, y Sun He notó con sorpresa la suavidad en los gestos de él; el rencor parecía estarse disolviendo.

​—¿Estás segura de esto?

le preguntó Ho Joon cuando ella subió al vehículo.

—Sí

respondió ella con firmeza.

​Gracias a la influencia y generosidad de Yuna, Sun He había conseguido una cita con un especialista de renombre.

Durante años, la falta de dinero y el desánimo la habían llevado a médicos poco capacitados, pero ahora tenía una segunda oportunidad para pelear por su vida.

​Ho Joon arrancó y el auto pasó lentamente al lado de TN y Jungkook. Sun He pegó el rostro al cristal para dedicarles una última mirada.
"Sé feliz, mi pequeño", pronunció para sí misma en un susurro que se perdió en el motor.

​Jungkook se detuvo un segundo y agitó su mano hacia el auto plateado. Aunque era solo un niño, su instinto le dictaba que aquello era una despedida definitiva de la mujer que le dio la vida, y lo aceptaba con la serenidad de quien se sabe amado en otro lugar.

​—¿A quién saludas, cariño?

preguntó TN, extrañada.

—A nadie, mamá

soltó Jungkook con naturalidad.

​TN se quedó petrificada a mitad de la acera. Las piernas le temblaron y el corazón le dio un vuelco tan fuerte que temió que el bebé también lo sintiera.

¿Había escuchado bien? El "mamá" había salido de los labios de Jungkook sin esfuerzo, como si siempre hubiera estado ahí, esperando el momento correcto. La emoción la embargó tanto que tuvo que respirar hondo para no romper a llorar de alegría en plena calle.

​Jungkook, ajeno al torbellino emocional de TN, se aferró más fuerte a su mano y la jaló hacia la entrada. Al entrar al salón, el niño corrió a su lugar de siempre, donde Jimin y Taehyung ya lo esperaban con los pupitres llenos de crayolas.

​TN se tomó un momento para recomponerse, observando a los tres niños. Su amistad era el ancla que Jungkook necesitaba. Sacó los materiales para la primera actividad y repartió hojas blancas, plumones y colores brillantes.

—Bien, niños. Hoy vamos a dibujar algo que los haga sentir muy, muy felices

anunció con voz melodiosa

​—A mí me hace feliz mi perro

declaró Taehyung de inmediato, cerrando sus ojitos con una sonrisa cuadrada.

Seamos Padres Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora