Especial. El Primer Resfriado

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La noche había caído sobre el departamento de los Min, pero el silencio habitual estaba ausente. En su lugar, un sonido persistente y angustioso llenaba el aire: el llanto quejumbroso de la pequeña Eun Ji. A sus tres meses, era la primera vez que se enfermaba, y el moco en su naricita la tenía desesperada.

​TN caminaba de un lado a otro en la estancia, arrullando a la bebé con movimientos rítmicos. Llevaba ojeras profundas y su pijama estaba manchada de leche, pero no sentía el cansancio. Solo sentía la opresión en el pecho al ver sufrir a su pequeña

​—Shh, mi amor, ya pasará. Mamá está aquí

susurraba, con la voz un poco ronca de tanto cantar.

​Yoongi salió de la habitación, frotándose los ojos. Llevaba el nebulizador en una mano y una botella de agua tibia en la otra. Se veía igual de agotado que TN, pero su instinto protector lo mantenía alerta.

​—La doctora dijo que el vapor le ayudaría. Vamos a intentarlo de nuevo

dijo con suavidad, acercándose a TN.
​Colocaron la pequeña mascarilla sobre el rostro de Eun Ji. La bebé protestó al principio, girando la cabeza, pero Yoongi empezó a canturrar una melodía suave y lenta, una de esas que solía componer cuando estaba solo y triste. La voz profunda y calmada de su padre obró magia; Eun Ji se relajó, cerrando los ojos mientras respiraba el vapor medicinal.

​—Eres bueno en esto, Señor Protector

murmuró TN, dedicándole una sonrisa cansada.

—Tengo una buena maestra

respondió él, besando su frente

—Anda, siéntate un momento. Yo la sostengo.

​TN se dejó caer en el sofá. Por un momento, el peso del mundo pareció desaparecer. Observó a Yoongi sosteniendo a la bebé con una delicadeza infinita, cantándole bajito mientras el nebulizador hacía su trabajo. Se dio cuenta de cuánto había cambiado ese hombre "frío" que conoció años atrás.

​—¿Papá?

la voz somnolienta de Jungkook resonó desde el pasillo.

​A sus seis años, Jungkook se tomaba muy en serio su papel de hermano mayor, incluso a mitad de la noche.

Apareció en la estancia vistiendo su pijama de Ironman, arrastrando los pies y tallándose los ojos.

​—¿Eun Ji está bien?

preguntó con preocupación, acercándose a Yoongi.

—Sí, campeón. Solo tiene un poco de moco en la nariz. El vapor la está ayudando

explicó Yoongi con voz calmada para no asustarlo.

​Jungkook se sentó en el suelo, al lado de las piernas de su padre, y estiró la mano para tocar con suavidad el piecito de su hermana.

—No llores, Eun Ji. Yo estoy aquí. Te voy a cuidar siempre

le prometió con seriedad infantil.
​TN sintió que se le humedecían los ojos al ver la escena. Sus tres amores, juntos en la penumbra de la estancia, cuidándose mutuamente. El nebulizador terminó su ciclo y el llanto de Eun Ji se había transformado en una respiración pesada pero tranquila. Se había quedado dormida.

​Yoongi la acomodó en su pecho y miró a Jungkook

—¿Por qué no vas a dormir con mamá al sofá un rato? Yo me quedo vigilando a la pequeña.

​Jungkook asintió y se trepó al sofá al lado de TN. Se acurrucó contra ella y TN lo rodeó con su brazo. Yoongi se sentó en el sillón individual frente a ellos, sosteniendo a Eun Ji, vigilando su respiración.

—¿Sabes en qué estaba pensando?

susurró Yoongi, mientras Jungkook se quedaba dormido apoyado en el hombro de TN.

​—¿En qué?

preguntó ella en un susurro

​—En que hace tiempo So Ra intentó decirte que yo era demasiado para ti, o que tú no encajabas en mi mundo

Yoongi miró a su alrededor, a su hijo mayor seguro de sí mismo y a su hija protegida en sus brazos

—Y la realidad es que mi mundo no valía nada hasta que tú entraste en él y lo pusiste todo de cabeza.

​TN sonrió, sintiendo un calor familiar en el pecho. Recordó los eventos de lujo, el smoking que Yoongi tanto odió pero que usó por ella, y la forma en que ahora él se movía con autoridad tanto en HYBE como en la sala de su casa.

​—Logramos que el caos se viera elegante, Yoongi

respondió ella, inclinándose para besar su frente.

​Yoongi asintió, acomodando a la bebé con la seguridad de quien sabe que tiene el tesoro más grande bajo su custodia. Sabía que afuera el mundo seguía siendo complicado, que habría más críticas y quizá más encuentros incómodos en el estacionamiento, pero ya no importaba, porque ahora tenía una familia

Seamos Padres Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora