I THINK HE KNOWS

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James bajó a la sala principal encontrándose con Emma, quien seguía vestida con su jumper pero con el traje de baño debajo. Estaba leyendo un libro perteneciente al pequeño estante a su costado derecho.

—¿Estas listo?—. Habló la pelinegra sin quitarle la vista a su lectura.

—¿Qué haremos?—. Preguntó el castaño sentándose a su lado.

—Visitar el mar.

Cerró el libro y lo llevó al estante. Tomó de la mano a James y ambos salieron caminando para llegar a la orilla. Emma se quito las zapatillas y dejó que sus pies se hundieran en la arena, amaba esa sensación. Las fosas nasales de ambos sentían el aroma salado del mar y escuchaban el ruido que las olas producían al llegar a la orilla.

—¿Estas listo?—. Preguntó la pelinegra con una sonrisa ladeada.

—¿Para qué?

La pelinegra se bajo la cremallera de su vestimenta dejando a la vista su traje de baño. James apartó la vista de manera inmediata de ella por respeto, pero cuando volvió la mirada la pelinegra ya se encontraba dentro del mar. Bucky soltó una pequeña carcajada y se quitó la camisa dejándola donde la ropa de Emma y corrió al mar con ella.

La pelinegra era amante del mar, le gustaba la sensación de libertad que tenia al estar dentro. Le gustaba sentir cómo las olas salpicaban su cuerpo y cómo sentía su piel totalmente fresca en ella. Emma aseguraba que en otra vida fue un ser marino, ya que su amor por el mar era inmenso.

James nado hasta ella y tomándola desapercibida, la sujetó de la cintura y la alzó haciéndola soltar un chillido, ya que su húmeda piel fue azotada con el gélido viento.

—Bajame hay frio-—. Chilló haciendo reír al sargento.

—Creí que esperaríamos un poco más para nadar—. Dijo bajándola y dejando que su piel fuera acogida por el agua.

—Lo siento, me fascina el mar.

—Lo he notado—. Añadió con una socarrona sonrisa.

Emma le arrojo un poco de agua al rostro en protesta y James imitó su gesto haciéndola reír.

—¿Qué es lo que le gusta sargento?—. Preguntó mientras trataba de mantenerse a flote debido a su baja estatura.

—No lo sé, creo que no tengo algo en especial—. Dijo meditando si había algo que de verdad causara tal efecto.

La pelinegra nado hasta él y lo abrazo enrollando sus brazos en su cuello ya que se había cansado. Este se sorprendió al inicio pero luego la atrajo más a el conectando su mirada con la pelinegra. Ella enrollo sus piernas en el torso de este haciendo que él la sostuviera cuidadosamente de las piernas.

Su mirada era intimidante pero Emma trataba de mantenerse al margen, si por ella fuera ya hubiera devorado los labios del hombre. Pero tenia que controlarse ya que temía ser muy rápida y directa.

Él acercó su rostro al de ella sin despegar la vista de sus ojos haciendo que ella sintiera una corriente recorriendo todo su cuerpo poniéndole la piel de gallina. Cuando sintió que él estaba muy cerca y su control se evaporaría le lanzó un chorro de agua con las manos haciendo que este la soltara y cubriera su rostro con ambas manos mientras ella estallaba en risas.

Ambos comenzaron a jugar con el agua tal cual dos niños pequeños. Durante casi dos horas fueron un desbordamiento de risas y burlas, además de juegos y más. Emma se sentía libre y podía divertirse sin tener que pensar en los deberes de dioses. Cuando ambos sintieron un gran cansancio y hambre por el desgastamiénto del agua. Salieron tomando sus cosas y dirigiéndose a la casa.

—¿tienes hambre, James?

—Demasiada preciosa—. Informó tomando de sorpresa a la pelinegra.

—¿Preciosa?—. Preguntó divertida.

—Lo siento—. Su rostro se volvió de un rojo intenso. La miró asustado, esperando la reacción de la mujer.

—No, me gusta cómo suena—. Comentó con una amplia sonrisa algo coqueta.

Emma se dio la vuelta por la cocina buscando que preparar dejando al soldado tras ella con el corazón a punto de salirse de su pecho. Preparó un poco de ensalada disculpándose con Bucky ya que la cocinera iba atrasada y prometiéndole que para la cena abría comida más reconfortante.

Se sentaron a comer en la mesa platicando de lo que animó a James a unirse a la guerra y la decisión de Emma para abrir el bar. La comida acabó pero su charla no, el tiempo que pasaron los hacia darse cuenta que les era cómodo. Ambos se pusieron de pie y se dispusieron a lavar cada utensilio utilizado mientras seguían enganchados en la platica.

—Me daré un baño—. Comentó Emma subiendo las escaleras.

James también subió, tomando la misma decisión de la pelinegra. Cuando ambos terminaron bajaron, Emma vestía un pequeño conjunto conformado de un short y una camisa lisa de color blanco. James vestía una camisa negra con un sport veraniego de color azul. Volvieron a encontrarse en la sala donde Emma propuso que jugaran una ronda de ajedrez el cual acepto gustoso.

+

Eran las siete de la tarde y el sol se ocultaba dejando ver un color naranja en el cielo. La cocinera había llegado por lo que ambos salieron a apreciar del atardecer para no estorbar en su labor.

—Emma, hoy a sido un día especial, nunca me había divertido así con nadie—. Comentó Bucky con una sincera sonrisa.

—¿Ya diciendo mentiras?

—Hablo enserio, haces que me divierta al máximo, haces que me olvide por completo de la guerra—. Sonríe ladeando la cabeza.

—Es todo un placer—. Comentó devolviéndole la sonrisa. —Es lo menos que puedo hacer, tu ayudas a librar una guerra.

Sus miradas se entrelazaron. Sin perder el tiempo James se acercó a ella y tomó su rostro entre sus manos acariciándolo.

—Gracias—. Dijo mientras depositaba un beso en su frente.

Eso fue lo que destruyó el hilo de control que Emma tenía. Tomó al hombre del rostro y estampó sus labios con los de él, tomándolo de sorpresa pero aceptando gustoso. Era un tierno beso que poco a poco se convirtió en uno deseoso y necesitado. El disfrutaba la sensación de sus suaves y delicioso labios haciendo que mil emociones inundarán su mente, tomo sus piernas haciendo que ella las enredara en su cintura intensificando el beso, olvidando donde se encontraban, parecieran no querer separarse pero la falta de oxígeno los detuvo.

—Tengo hambre—. Pronunció cómo pudo la pelinegra cuando se separaron.

—¿Enserio?—. Inquirió con una sonrisa burlona.

—Dejemos esto para después de comer, ¿Sí?—. Pidió mordiéndose el labio.

—Lo que tu digas—. Respondió James depositando un casto beso en sus labios.

El ojiazul la bajó y caminaron de regreso hasta la casa donde la cocinera ya había finalizado la cena y se despedía para irse a la cabaña donde se hospedaba.

Vaya que seria una gran noche.

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