RIGHT WHERE YOU LEFT ME

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Asgard 2011.

Rayos del sol entrando por el gran balcón. La calurosa luz hizo que la pelinegra se removiera en esa inmensa cama que tenía. Se negaba a despertarse, no quería estar más en ese lugar del cual parecieran escupir arcoíris y todo ser tan brillóso. No soportaba la felicidad, no si ella ya no podía serlo.

Ella había cambiado, ya no era esa pelinegra que irradiaba felicidad y seguridad, ya no era aquella que le veía lo positivo a las cosas. Desde la muerte de James todo había cambiado, su llegada a Asgard fue difícil. Tener que dejar atrás a sus amigos, la vida que tenia y por sobre todo el recuerdo de Bucky, aquel sargento de Brooklyn del cual ella se había enamorado,  fue doloroso para ella. Y es que a pesar de haber pasado más de veinte años de lo sucedido, ella seguía cargando con el peso del dolor y la culpa de la muerte de él.

El vigoroso sonido de la puerta al abrirse, le dio el mensaje que la reina de Asgard, acababa de entrar a su habitación.

-Es hora de despertar Emma- pronunció la reina entrando junto a más damas.

Desde su llegada, había cambiado su nombre de Freya a Emma, la chica midgardiana que fingía ser en Brooklyn.
¿Por qué?, bueno la razón del cambio, era que con él solo pronunciar aquel nombre que le dieron las personas que realmente la apreciaron con demencia, le recordaba a cada uno de ellos y lo vivido a su lado. Sus amigos, su leal padre adoptivo y sobre todo el amor de su vida, ellos eran la razón por la cual se hizo nombrar así, ante los nueve mundos.

-No quiero- se quejo con la voz adormilada.

-Pequeña princesa- habló la reina, usando el apodo que le había cedido desde que era una bebé -Debemos disfrutar del día- aconsejó su majestad con un acaramelado tono.

Emma frunció el ceño y abrió los ojos para verla.

-¿Ya es tiempo?- cuestionó sintiendo como su corazón comenzaba a latir a velocidad.

La reina medito sus palabras, no sabia cómo decirlo sin que el mundo se le viniera encima, de nuevo.

-si- solto finalmente.

El rostro de Emma se ablando y una mueca de tristeza se dibujó en el. La coronación del próximo Rey de Asgard se aproximaba, la selección de un nuevo rey significaba la búsqueda de una nueva Reina y como era de esperarse o mas bien para lo que Emma había nacido y aprendido, sería la esposa de uno de los dos príncipes. La única futura reina consorte seria Emma.

-Esta bien- acepto con la voz baja y se arrastro hasta los pies del colchón para ponerse de pie.

Frigga les hizo una señal con la mirada a las damas que la acompañaban para que llenaran la tina y prepararan el vestido que Emma usaría.

Las damas llenaron la tina de oro colocándole esencias y pétalos de flores asgardianas, especialidades para la futura reina de Asgard. Cuando estuvo lista la bañera, ayudaron a Emma a despojarse de sus prendas y la metieron a ella. Mientras el agua cubría el cuerpo de Emma, ella se permitió llorar en silencio, dejando que las lágrimas recorrieron sus rosadas mejillas y también se permitió recordar las veces en las que ella y James se daban una relajante ducha.

Recordar cómo la mimaba, como la hacia feliz. Pero dentro de poco ese fragmento de felicidad seria arrebatado por la condena a la que su padre de sangre la sometió. 

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