MISSION ON THE TRAIN

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Brooklyn 1943.

Todo era frío, había nieve por doquier. Todo su campo de visión era un aparente bosque nevado, no había gente y el cielo era grisáceo.

Sentia las manos congeladas, trataba de cerrarlas pero le dolían. No sabia exactamente donde estaba, y tampoco sabia si era un sueño o la realidad.

Unas pisadas interrumpieron su debate mental. Alguien se acercaba a sus espaldas, de su mano izquierda irradio una bruma azul brillante para defenderse. Un hombre alto y fornido, con cabellera larga oscura. Paso a su lado sin percatarse de su presencia. Sin razón alguna, su corazón comenzó a palpitar aceleradamente, su cuerpo temblaba y sentía ¿miedo?, algo extraño en ella.

El hombre tenia todo el rostro cubierto por una máscara, por lo que desconocía su identidad y además, lo que resaltaba de su escalofriante anatomía, era un brazo metálico con una estrella roja en el centro. Fruncio el ceño e ilumino sus ojos del mismo color que su bruma para intentar acceder a su mente, pero no tenia nada, el tipo solo era caos y escenarios oscuros.

¿Quien era?

Un disparo se hizo escuchar y sus ojos se abrieron asombrados. Bajo la mirada buscando algún disparo pero no tenia nada. De reojo diviso un cuerpo agonizando en la nieve. Cuando giro su cuerpo para auxiliar al hombre, cayó en cuenta que era nada más y nada menos que su sargento, su Bucky.

-No, no- comenzó a repetirse.

-Emmy- dijo entre susurro.

-James quédate conmigo- coloco su mano en su abdomen, justo donde la herida estaba. Lágrimas inundaban su rostro y su respiración era entrecortada.

Cerró sus ojos y estaba lista para comenzar a curarlo cuando una mano tomo la suya y la aparto. Ella abrió los ojos y miro a James quien negaba con la cabeza.

-Cuidado-. Fue lo único que pudo decir James antes de recibir un disparo en la frente.

Emma abrió los ojos como platos y soltó un desgarrador grito. Una mano de metal la tomo del cuello y la alzo dejando que sus pies estuvieran al aire. Pataleaba mientras se asfixiaba, trataba de golpear la mano del sujeto para que la soltara pero fue inútil.

—Hail HYDRA- dijo el tipo del brazo metálico antes de golpearla y dejarla inconsciente.


Emma se despertó asustada y respirando de una manera preocupante. Hiperventilaba y jadeaba intentando alejar la pesadilla que acababa de tener. ¿Quien era el hombre?, se preguntó.

Aplauso.

Tras aplauso.

Y un nuevo aplauso.

-Esperaba que despertarás hace como...—revisó su reloj. —Quince minutos- respondió con risa cínica.

-Dottie Underwood- revelo Emma.

-Querida Emma- saludo acercándose a la cama.

-Sal de mi casa- ordeno -Espera. ¿Como entraste a mi casa?- cuestiono restregandose los ojos.

-Fácil, el portero era un tipo amable e ingenuo, le dije que era tu tía y el me dejo el camino libre- respondio encogiéndose de hombros.

-A bueno, no esperaba visitas—confeso, se levanto de la cama con la única prenda que portaba, la camisa de James, y se dirigió a la cocina seguida de la rubia caramelo —Pero siéntete en tu casa- saco una taza del estante —¿Quieres café?- cuestiono enseñando la taza.

-No gracias- respondió sacudiendo su mano.

-Tranquila, nunca asesine a nadie con un café- respondio divertida.

Emma comenzo a colocar lo necesario en su taza y comenzó a mover la mezcla con una pequeña cuchara haciendo un tintineo al moverla. Dottie la miraba sentada en la mesa del comedor y analizaba sus movimientos. Emma olía la desconfianza de Dottie y eso le daba más seguridad de la necesaria.

-No te mataré, no mato a mis aliadas- aseguro. Dejo la pequeña cuchara en el fregadero y se retiro para acercarse a la rubia.

-¿El sargento esta en Brooklyn?- cuestiono tratando de incitarla y desviar el tema.

-No, regreso al campo de guerra- respondio tratando de aparentar tranquilidad.

-No sabia que una asesina rusa podía enamorarse de un sargento americano—. Burló golpeando sus uñas en la mesa.

-No soy rusa- respondió rodando los ojos.

-Tu padre si- comento giñando el ojo.

-¿A que has venido?- pregunto con una voz rigida.

-Theodore, ¿te suena?.

-Tal vez.

-Quiere que regreses y hagas una última misión, una que si puedas cumplir.

-¡Ja!— arrugó la nariz y sonrió con ambición. —Me gustan cuando se arrastran y suplican por mi. Me alaga pero no soy de las que trabajan para inútiles— sentencio.

-¿Por qué?, ami no me engañas con tu basura de que ya no eres la misma- se cruzo de brazos y bufo.

-Porque ya no quiero, no trabajo para Theodore, solo trabajaba para un hombre y ese murió, con el Shadow killer- aclaro poniéndose de pie para llenar su taza.

-Pagaran por ello, una gran cantidad.

Emma carcajeó y la miró incrédula.

-Mira a tu alrededor, ¿crees que necesito algo?- indagó de brazos abiertos.

-Es muy simple, no mataras a nadie, solo protegeras a un hombre importante- ignoro su comentario.

Emma se apoyo de la isla en la cocina y se quedo mirando a Dottie, palmeando su barbilla con su dedo índice. Con sus ojos de buho hurgaba en la podrida alma de la chica frente a ella.

-Háblame de la misión- pidio caminando hasta el gran ventanal.

-Protegerás a un científico suizo, Arnim zola- explicó -misión en el tren, solo evitaras que los americanos lo maten o algo así, es sencillo- sonrio sarcásticamente.

Emma no respondio nada solo miraba la vista que el ventanal ofrecia.

-¿Y por americanos te refieres a. . .?.

-El capitán américa y sus perros- bromeo sabiendo que Bucky era parte de ello.

Emma sonrio de la misma manera que ella y se acerco a paso lento, la tomo del rostro y acaricio su mejilla, de su oreja saco un prototipo de intercomunicador y lo tiro al piso para luego romperlo.

-¿Creíste que era idiota?- cuestiono molesta.

—¿Qué?, ¿c-cómo?- tartamudeo con la mirada asustadiza.

-Dottie, soy una asesina, una leyenda en el mundo, ¿crees que alguien como tu vendría a mi casa y se llevaría a la mierda algo que yo construí por años?- cuestiono arqueando su ceja.

Elevo su mano, la cerró formando un puño y decidida golpeo fuertemente la madera de la mesa. Dottie miro a los ojos a Coleman y se arranco el otro intercomunicador de la oreja para romperlo con el zapato.

-Gracias- dijo suspirando.

-Lo siento, tarde en reconocer el código, era más fácil que silbaras como te mostre- sugirió sarcástica.

-¿Un silbido se hubiera escuchado normal?- cuestionó sobándose las orejas.

-Pero aporrear los dedos en la mesa no suena a codigo- reprocho divertida.

-Bien, de acuerdo, mi culpa- se encogio de hombros.

Emma sonrio y la abrazo, su amiga, la única que en su vida tuvo, estaba con ella, algo de su vieja vida en su nueva vida le vendría bien ahora.

-Dame todo lo que tienes del idiota de Theodore- pidio la pelinegra.

-¿Lo asesinaras?- Cuestionó pidiendo internamente un "si" como respuesta.

-Lo haré y antes que lo haga con el zequito del capitán américa- sentencio decidida.

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