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-Mirame cuando te hablo -dijo ella llorando-, mira lo que hice -insistió mostrándole las muñecas.
-¡Carajo! ¡Reacciona, por favor! ¿Vas a fingir que no pasa nada? -rugió antes de estampar violentamente su cabeza contra la ventana- ¡Mira mi sangre!
¡Ve lo que me hiciste hacer!

Él, por su parte, continuó imperturbable, como si nada. En su mente se repetía una y otra vez el consejo de su amigo:

《 No importa lo que veas por el rabillo del ojo o lo que llegues a escuchar, tu sigue conduciendo y no se te ocurra por nada del mundo mirarla o contestar a sus palabras. En el kilómetro 210 ella se desvanecerá, de la misma manera repentina en la que apareció en tu auto》

Cuentos para monstruos Donde viven las historias. Descúbrelo ahora