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El hombre escupió la sopa inmediatamente después de probarla.

-Está salada! ¡Maldita sea! ¡Eres una idiota! ¡No sabes hacer nada!

Se levantó furioso y golpeó a su esposa hasta el cansancio, como cada vez que le apetecía hacerlo.

Luego de lo acontecido, bebió un vaso del jugo que se encontraba sobre la encimera de la cocina.

Su lengua salada y la urgencia del momento, le impidieron notar el sabor amargo del cianuro.

Cuentos para monstruos Donde viven las historias. Descúbrelo ahora