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¿Alguna vez has visto con tus propios ojos un campo lleno de flores?
¿Recuerdas cuántas veces los has visto?
Izuku nunca ha visto un campo lleno de flores, nunca ha v...
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Las manos de Izuku habían ido a parar en los bíceps del cenizo, sosteniéndose de estos mientras se mordía el labio para evitar los gemidos que el alfa provocaba con su labios sobre su cuello, además de que sentía que se derretía con el roce de dientes que jugaban con la piel de su cuello, su cuerpo se encontraba más ansioso de lo normal pero no dolía, el calor se encontraba allí, su entrada no dejaba de lubricar pero no había dolor alguno en su vientre ni en su cuerpo en general, quizá lo hubo cuando empezó su celo pero este se calmó cuando el aroma ajeno se mezcló con el suyo provocando que se relajara para dejarse llevar; mantenía las piernas alrededor de la cintura ajena tal como había sido acomodado mientras movía la cadera a pedido de su animal interior, rozando su erección con la del alfa y aunque le causaba vergüenza, aun así no se detuvo.
Katsuki sentía que perdía el control por aquellos roces que su destinado provocaba, debía seguir soportando tanto como pudiera ya que no quería terminar asustando ni lastimando a su omega en un momento de descontrol, por ello dejó la zurda sobre la cintura ajena para detener los movimientos y llevó la diestra hacia uno de sus pezones para pellizcar con un cuidado que ni él mismo sabía que podía tener, llevó sus labios hacia los de Izuku y lo besó, robándose no solo el aliento del contrario sino también el gemido quedo que iba soltando por la estimulación que tenía en su cuerpo, además de también interrumpir la queja que estaba por formular, supuso que por el hecho de haberlo detenido pero no le importaba, eso era por su bien y el propio.
Se separó de sus labios cuando el aire comenzó a ser nulo y se inclinó hacia el pecho contrario para tomar en su boca el pezón que había estado pellizcando con anterioridad, cambiando de lugares las manos para poder estimular el otro pezón sin problema alguno y escuchó perfectamente el gemido que Izuku dejó salir de sus labios, provocando que su propia erección tuviera un mini espasmo, sin duda la voz de su destinado mientras gemía era la mejor, como música para sus oídos y no la cambiaría por nada en el mundo.
—A-Ahh Kat-suki —Pronunció Izuku en un gemido corto, enterrando las uñas en los bíceps ajenos mientras buscaba moverse como había estado haciendo. —P-Por favor~...
Katsuki se separó del pezón ajeno para relamerse los labios al escucharlo pedir con aquella voz entrecortada que lo estaba descomponiendo lentamente.
—¿Por favor, qué? ¿Qué me estás pidiendo exactamente, Izuku? —Cuestionó Katsuki con su tono de voz grave por el placer que le recorría cada centímetro de su cuerpo.
—T-Te ne-cesito —Murmuró Izuku avergonzado por lo que estaba pidiendo.
—¿De verdad? —Cuestionó Katsuki sonriendo de manera socarrona aunque Izuku no pudiera verlo, lo acomodó sobre sus propias piernas y tomó los muslos ajenos para abrirlos un poco, pasando las manos por los muslos contrarios mientras subía hasta el trasero ajeno y se detuvo para provocarlo un poco más. —Pero si yo te veo disfrutando tranquilamente de mis atenciones sin necesitar nada más.