25. No quiero que te detengas

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14 de diciembre, 2018.

—¿Por qué me trajeron aquí? —refunfuñó Jack.

—Exacto, Telly, ¿por qué lo trajeron? —Olivia se cruzó de brazos.

Cuando Hazel dijo que su familia tenía una casa en Aspen no imaginé que fuera... así. La maravilla arquitectónica forjada en madera que mis ojos escrutaron desde el auto estaba lejos de ser una simple vivienda. Era impresionante.

Estaba abrigada y aun así la temperatura bajo cero de la montaña me tenía tiritando y frotándome los brazos. Nunca fui muy tolerante al frío, pero la vista de la gran casa rodeada de nieve y árboles secos lo recompensaba un poco. Las horas que tardamos en llegar fueron una tortura; escuchar a Olivia y Jack discutir todo el camino casi hizo que me lanzara del auto.

—Jack solo tiene seis años a pesar de creerse de cuarenta. No podía abandonarlo en Denver aunque también lo deseara, Ollie.

—Vino a molestarme.

Vini i milistirmi —fastidió él.

—Jack, tesoro...

—¡Llegaron! —exclamó Hazel desde la gran entrada.

El jadeo de Jack nos sorprendió a las tres. Aferrándose a los brazos de su mochila, se detuvo frente a ella. También removió las gafas de sol que, según sus palabras, llevaba porque estaba de luto tras enterarse de que había aceptado ser novia de Nicholas.

—Tú eres... muy bonita, como mi Alice.

Enarqué una ceja. A diferencia de nosotros, Hazel ya tenía dos días en Aspen. Decidió venir antes porque quería que la casa estuviese perfecta. Era la chica más amable y atenta que había conocido.

—Aww, tú debes ser Jack, ¿cierto? —Él asintió, embobado. Hazel se agachó a su altura, sonriéndole—. Pero si eres un amor, James y Nick me dijeron lo contrario.

—Es porque son tontos.

—Yo fui la tonta al creerles. —Hizo un mohín.

—No, tú eres linda.

—¿Puedo abrazarte?

—¿Cómo te llamas?

—Hazel.

—Mi Hazel —decretó, abrazándola.

—¿Es normal que esto me genere un poco de celos? —le pregunté a Stella, divertida.

—Ya no eres la única por la que suspira, tiene que dolerte.

Jack se separó de Hazel y fijó sus lindos ojos en mí.

—Pero tú aún eres mi Alice.

—Permíteme refutar eso, crío malvado. —Un brazo rodeó mi cintura.

Luché contra el rubor de mis mejillas. Nicholas y los gemelos se ofrecieron a entrar los bolsos a la casa.

—Cállate, cabeza quemada, tú solo eres su novio porque yo tengo seis.

James chasqueó la lengua.

—Excusas vagas. Acepta que ya no es tuya, Spiderman.

—¿Y a ti quién te unió a la conversación, cabeza de pimiento?

El pelirrojo le revolvió el cabello.

—Ah, voy a disfrutar mucho este fin de semana a tu lado.

—Stella. —Jack miró a la susodicha, frunciendo el ceño.

—¿Sí?

—Pídeme un taxi.

Lancé una carcajada al tiempo en que un beso fue depositado en mi mejilla. Sentir la respiración de Nicholas tan cerca de la mía me hizo estremecer.

Un giro inesperadoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora