Mini maratón 1/2
—¡Nick tiene igual de seguidores que AnaDancing, Allie!
Miré a Olivia por el espejo retrovisor del auto de Nicholas. Aún se le dificultaba distinguir los números después del cien, por lo que era muy poco probable que los seguidores del ojiverde se asemejaran a los casi ochocientos mil que tenía AnaDancing, una influencer inglesa de la que ella era fan por sus videos enseñando los bailes de películas animadas.
—¿En serio? —Contuve la sonrisa divertida—. ¿Cuántos son?
—Son... siete, ocho, cero, mil —murmuró para sí misma, viendo la pantalla del teléfono de Nicholas—. ¿Siete mil? ¿Sietecientos... mil? Sietecientos mil y ocho —sonrió, orgullosa de su respuesta.
—Setecientos ochenta mil —corregí—. Y creo que te refieres a setecientos ochenta, Ollie, sin el mil.
Arrugando las cejas, Olivia negó con la cabeza y se desabrochó el cinturón, inclinándose para mostrarme la pantalla.
—¡Mira!
Nicholas le había prestado su teléfono cuando pidió tener algo con lo que entretenerse de camino a casa. Como buena hermana, le ofrecí el mío, pero la muy caprichosa respondió un «El de Nick es mejor» y con mucha confianza, tomó el suyo de su bolsillo.
Mi viejo móvil y yo jamás nos habíamos sentido tan humillados.
—Pequeña, vuelve a ponerte el cinturón, por favor —pidió Nicholas, preocupado.
Con un resoplido de por medio, Olivia regresó a su posición y abrochó el cinturón, pronunciando lo que parecía ser su palabra favorita últimamente:
—Mandón.
—Olivia...
—Lo siento, pequeña. El cinturón evita que te hagas daño y yo solo quiero cuidarte. —Hizo una mueca triste a través del espejo retrovisor.
Creyendo que había causado tristeza en él, Olivia se apresuró a disculparse. Siempre la había afectado mucho notar que alguien estaba enojado o triste por algo que hizo; si no éramos cautelosos con cómo le expresábamos las cosas, terminaba siendo un mar de lágrimas.
Luego extendió el brazo para que tomara el teléfono de su mano. Solo para satisfacerla, lo hice, era obvio que Nicholas no...
—¿¡Qué carajos!? —agrandé los ojos, sin creer lo que mis ojos veían—. ¿¡Por qué estás cerca del millón de seguidores, Nicholas!?
Olivia soltó una risita, mi rostro debía ser un poema siendo que el desconcierto no me cabía en el cuerpo. Nicholas me vio por un segundo antes de regresar su vista a la carretera.
—No es que sea famoso o algo así... —Se rascó la nuca con la mano que no sostenía el volante—. Apenas actualizo el perfil y aún así continúan llegando más. Solo hay personas lo suficientemente curiosas para seguir al hijo de dos personas que sí lo son.
Dejándome llevar por la intriga, ojeé un poco su perfil. Solo tenía quince publicaciones. La mayoría eran fotos suyas en el campo, las restantes eran con sus amigos en distintas fiestas y una que me hizo sonrojar un poco; era él, en la playa... sin camisa. También había una selfie de Jared en la que ponía: «Síganme, soy más guapo que el antipático de esta cuenta».
—Creo que tienes... fans. —Perdí la cuenta de la cantidad de corazones y halagos que leí en sus comentarios.
—Uhm... yo no las llamaría así.
—¿Cómo las llamarías?
Él sonrió de costado.
—Personas que son capaces de reconocer mi atractivo.
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Un giro inesperado
RomanceLos caminos de Alice y Nicholas no estaban destinados a coincidir... o eso creía ella. Todo en ellos era distinto y no había forma en la que Alice se fijara en chicos como él, hasta que el nuevo trabajo de su padre lo cambia todo. ••• Cuando el padr...
