20 de diciembre, 2018.
Hoy conocería al padre de Nicholas.
Cuando regresamos de Aspen, hace exactamente cinco días, él me informó que su padre vendría a la ciudad para asistir al cumpleaños número dos de su ahijado y que, un poco ansioso, le pidió preguntarme si no tendría inconvenientes en asistir a la fiesta para conocernos finalmente.
Él tuvo la iniciativa. Él quería conocerme.
Lo peor de todo era que el código de vestimenta de la fiesta era elegante. ¡Fiesta elegante para un niño de dos años! ¿Qué les pasaba a sus padres?
Si era sincera, justo ahora, a instantes de llegar a las puertas de la gran mansión en la que se celebraría la fiesta, todavía me preguntaba qué demonios pasó por mi cabeza al aceptar conocerlo tan pronto. No sabía cuál me fallaría primero tras cada paso que dábamos: el corazón o las rodillas. ¡Estaba demasiado nerviosa!
Me detuve a pocos metros de las escaleras que daban a la puerta.
—Yo no... No creo que pueda hacer esto.
La mano de Nicholas se apretó en torno a la mía.
—Alice...
—Podemos... Podemos decirle a tu padre que me enfermé. Que me enfermé y será mejor que nos conozcamos en noche buena cómo habíamos pautado antes. Hoy no puedo...
—Sí puedes. —Negué con la cabeza—. Mírame. —Me resistí un poco, pero al final logró levantarme la barbilla con los dedos. Las comisuras de sus labios se extendieron al reparar mejor en mi rostro—. ¿Te había dicho que luces hermosa?
Un suspiro tembloroso brotó de mis labios.
—Sí, en.. en casa. Justo antes de arruinarme el labial.
Él inclinó la cabeza, detallando mi vestimenta otra vez. Sus ojos brillaron con avidez.
—Son los efectos de llevar ese vestido.
—Tú me lo regalaste —acusé.
—También voy a arrancártelo.
Entrecerré los ojos.
—No harás eso.
—¿Qué? —Una pequeña arruga surcó su frente.
—Gastaste miles de dólares en un vestido de diseñador que no pedí, no permitiré que lo arruines.
«Estás demente» fue lo que le dije anoche al informarme que tenía algo para mí en mi armario, donde me esperaba un precioso vestido esmeralda de satén que se ajustaba perfecto a mi silueta para luego caer suelto a partir de la cintura y dejar al descubierto mi espalda; finas tiras en diagonal le daban un aspecto delicado a la parte desnuda.
Estuve fascinada con la belleza de la prenda hasta que me fijé en el pequeño logo de la funda que lo cubría. El corazón casi se salió de mi cavidad torácica cuando reconocí la marca del diseñador, lo que nos enfrascó en una pequeña discusión en la que le pedía devolver el vestido y él replicaba que «comprarlo no lo hizo menos rico».
Solo logró convencerme de llevarlo cuando, despacio, me acorraló contra la pared y me dio uno de los besos más dulces y cálidos que había recibido nunca, murmuró un «Nunca te había regalado algo y nada me haría más feliz que verte utilizando ese vestido mañana» y acordáramos que no volvería a gastar esa gran suma en un presente.
—Ese vestido acabará conmigo o yo acabaré con él, Alice. No hay punto medio.
—Hallaremos uno.
—Por supuesto. —Ignoré el tono sarcástico y acomodé un poco las ondas que caían en mi hombro, nerviosa.
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Un giro inesperado
RomansaLos caminos de Alice y Nicholas no estaban destinados a coincidir... o eso creía ella. Todo en ellos era distinto y no había forma en la que Alice se fijara en chicos como él, hasta que el nuevo trabajo de su padre lo cambia todo. ••• Cuando el padr...
