TW: Nicholas nos hablará un poco de lo qué pasó con su madre. Aunque no se toquen con profundidad, si eres sensible al tema del cáncer o consumo de estupefacientes, por favor, corazón, prioriza tus límites antes de adentrarte a la lectura.
Eso es todo, amores. El capítulo es bastante largo, así que pónganse cómodas, comenten mucho (por favorcito) y disfruten el show. Estamos en la recta final de la historia 🤍
8 de febrero, 2019.
No debí acostumbrarme a dormir con Nicholas.
No debí... familiarizarme tan rápido al calor de sus brazos, a lo segura que me sentía en ellos o a la risa en mi cuello cuando me quejaba de que su agarre no me permitía moverme. A veces parecía temer que me escapase en algún punto de la noche, lo que me llevaba a darle un corto beso de boca cerrada que le transmitiera que no me iría a ninguna parte. Y eso siempre terminaba en mucho más que un beso porque la palabra «suficiente» se desdibujaba en nuestra mente.
Cada noche me rompía un poco más entrar a mi dormitorio y no al suyo.
Me dije que intentaría que hablásemos cuando todo lo que sucedió ese día me doliera menos, cuando la herida estuviera menos reciente porque no quería perder el control de mis palabras otra vez.
Ahora, casi seis días después, solo dolía más.
Luego de que se marchara sin decir nada, me envió un mensaje avisando que se quedaría con los gemelos esa noche. Solo me mordí el labio inferior, concentrándome en ese leve picor, antes de reaccionar con un pulgar hacia arriba al mensaje. Las notas adhesivas y los mensajes cortos como ese había sido nuestra única forma de comunicación los últimos días.
Nunca una semana se me hizo tan larga, tan desgastante. Hasta el miércoles, los pensamientos relacionados a él eran los únicos que me hacían dar vueltas en la cama o que las lágrimas descendieran por mis mejillas a pesar de resistirme a que sucediera. Pero entonces, en un acto inconsciente, le agregué otra razón a mi insomnio y tomé una decisión que cambiaría el rumbo de las cosas drásticamente.
A estas alturas no sabía cómo era capaz de levantarme con tan pocas horas de sueño acumuladas. En la mañana, mientras aplicaba un poco de corrector sobre las ojeras que lo evidenciaba, alguien tocó la puerta del dormitorio.
Me extrañé de inmediato. Olivia no solía tocar. Dejando lo que estaba haciendo, me encaminé a abrirla, pero nadie me recibió del otro lado, era más bien... un objeto. Fruncí el ceño.
Una caja blanca.
No tenía ninguna nota que indicara que me pertenecía, supuse que el que la hayan dejado aquí era prueba suficiente, así que me agaché a agarrarla. El peso que tenía me sorprendió. Mi curiosidad aumentó exponencialmente.
Con cuidado, la hice descansar sobre la cama. No tenía que pensar demasiado para deducir de quién provenía. Por eso, intenté hacerme la dura al no abrirla mientras terminaba de vestirme. No sabía que se supone que hacía. Nicholas era demasiado listo para saber que un regalo no cambiaría nada. Sin embargo, tras varios minutos mirando de reojo el lazo dorado que la adornaba, dejé caer los hombros, rendida, y me acerqué a desligarlo.
Nada más quitar la tapa, una pequeña hoja antecedía lo que había en el interior. El pulso se me aceleró un poco al reconocer mi nombre bajo su letra.
Estúpidas hormonas.
Desdoblé la delgada hoja y para decepción de mi orgullo, un poco de las cosquillas que no sentía desde la semana pasada, me asaltaron al leer el contenido.
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Un giro inesperado
RomanceLos caminos de Alice y Nicholas no estaban destinados a coincidir... o eso creía ella. Todo en ellos era distinto y no había forma en la que Alice se fijara en chicos como él, hasta que el nuevo trabajo de su padre lo cambia todo. ••• Cuando el padr...
