─ Si tuvieras la oportunidad de reencarnar ¿Qué es lo primero que harías?
Seo Hyuk, es conocido a lo largo de los tres reinos como el "Rey Demonio", aunque fue asesinado, reencarno con la orden de bloquear el acceso, abierto por demonios que causan...
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Año 945, Invierno.
Vigésimo primer día del doceavo mes del calendario lunar, se había desatado una torrencial tormenta sobre todo el reino, el viento golpeteaba las ventanas abriéndolas con la fuerza, truenos y relámpagos resonaban e iluminaban el oscuro cielo.
Los sirvientes caminaban de aquí para allá, el palacio se había convertido en un completo desastre, debido a los fuertes vientos que azotaban las ventanas y se escurrían por los inmensos pasillos, era complicado mantener alguna vela encendida así que movían en la oscuridad ayudándose uno a otros, sus rostros continuamente era iluminados con la luz de los poderosos rayos.
En el ala este en una de las tantas habitaciones que poseía el palacio, yacía una joven mujer recostada con infernales dolores de parto, su rostro sudoroso se retorcía del dolor a medida que las contracciones venían.
Inhalaba y exhalaba pesadamente debido que tenía una mordaza en la boca, para acallar sus gritos, sostenía con fuerza uno de los almohadones de seda que estaban junto a ella, no se le había permitido que su esposo la acompañara, desde que rompió fuente.
La partera decía "Puje, su Alteza" ella no podía más, luchaba con todas sus fuerzas "Ya puedo ver su cabeza, puje con más fuerzas" su corazón latía frenéticamente, el sudor había cubierto todo su cuerpo, apretó más puño, sentía que era desgarrada y que no le alcanzaban las fuerzas.
Por otro lado, en una habitación contigua, se encontraba el futuro padre, aún más nervioso y sudoroso que su esposa, caminaba de aquí para allá completamente nervioso y ansioso por la llegada de su primer hijo.
Su suegra lo acompañaba, pero su rostro era inexpresivo, no había mostrado una sola pizca de emoción por la llegada de su nieto, simplemente bordaba en aquella habitación que era iluminada tenuemente que había sobrevivido a pesar de los fuertes vientos.
Nunca había estado de acuerdo con aquel matrimonio, aún así su hija parecía estar muy ilusionada con aquel matrimonio al igual que su padre, cuando recibió la noticia del embarazo de su hija, fue la gota que derramó el vaso, armó un escándalo que dejo en vergüenza a toda su familia.
El tiempo corría y no había ninguna noticia de su hijo, ni de su esposa, los nervios lo carcomían y no podía seguir así, salió de aquella asfixiante situación y se paró delante de la puerta, intentó tocar, pero pensó que no sería adecuado, así que se contuvo.
La puerta se abrió repentinamente con la partera sosteniendo a un pequeño bebe, las lagrimas cayeron de sus ojos y el nudo de su garganta se desató, se apresuró en cargarlo delicadamente, acarició su pequeño rostro con extrema dulzura.