Encuentro Inesperado.

6 2 0
                                        

Dos camionetas a toda velocidad se dirigían a la mansión donde yacían los enemigos de Petrik, el chico se encontraba sentado en la parte de atrás del auto, a su lado se encontraba la pistola que había dejado su padre en la hacienda.

—Dimi, contacta a tus hombres, lo mismo que me dijiste, que eran soldados de elite—comentó el chico detrás del asiento del conductor.

—Ahora mismo señor—respondió Dimitriv mientras buscaba su móvil en la guantera del coche.

En los dos vehículos se encontraban ocho hombres completamente armados, sin embargo el joven no quería fallar, quería acabar de una vez por todas con esa pesadilla que se denominaba Huik.

—Señor esta dando tono—habló el hermano de Oslo.

—Pon el móvil en alta voz, yo les daré las ordenes directamente—sosteniedo su arma comento el rubio.

—Diga patrón—una voz gruesa respondió en la otra línea.

—Les encomendaron una misión de importante prioridad, digo encomendaron porque las órdenes no salieron de mí, vienen del mismísimo Petrik—les explicaba el hombre de confianza del ojiazul a los otros señores de que iba esa llamada.

—Estamos a tu deposición jefe, dame la dirección y estaremos ahí en un momento—comentó con firmeza el señor que  hablaba con Dimi.

—Sur de Moscú, carretera 290, los vamos a esperar en ese lugar—dictó órdenes el joven.

—Estaremos en esa dirección dentro de un rato—respondió el otro señor.

Cuelgan el teléfono.

El trayecto se les hizo muy fácil a esos ocho hombres, cuatro en una y el resto en la otra, ese día no había mucho tráfico, las dos camioneta se estacionan a unos 200 metros de la entrada principal de la mansión de Huik.

El chico se sentía en una película de mafiosos, rodeado de tantas armas, planeando el ataque con su mejor amigo, eso le produjo en ataque de adrenalina por lo que bajándose del carro exclama.

—¡Mis soldados fieles este ataque lo haremos por Victok!.

—Si—exclamaban los hombres del joven con algarabía.

En lo que los otros señores llegaban a la ubicación donde se encontraba el chico, Oslo le muestra la hoja a sus compañeros con las vía y rutas de la mansión.

—Tengo en mis manos la ruta para alcanzar el éxito, si lo hacemos bien, podemos conseguirlo—habló Oslo a los allí presentes.

El chico tenía que jugar bien sus cartas, un mínimo error y sus hombres y él pasaban a formar parte de las filas del infierno, por lo tanto dirigiéndose a todos sus hombres habló.

—Mis dos gualdespaldas entraran conmigo por el túnel donde sale la cocaína, ustedes lo harán por la puerta normal a punta de pistola.

Los hombres del joven estaban inquiestos, tenían deseo de probar sus armas nuevas y más si era para proteger la vida de su jefe, empezando a cargar sus armadas, granadas, ajustando sus chalecos antibalas, uno de ellos pregunta.

—¿Jefe el factor sorpresa seras tú?—algo de dudas se pudo notar.

—Si, ese sera la clave de este plan, ustedes empezaran a disparar al frente de sus narices, ellos les prestarán toda la atención a esos que estarán pegando tiros y nunca se imaginaran que todo esta perfectamente planeado—refiriéndose el rubio así a su gente.

En el ambiente no hubo caras de asombro, estaban acostumbrado a ver como su patrón ideaba planes geniales, con mucha inteligencia y con un dicho que siempre escucho "dos cabezas piensan más que una" logró semejante plan.

Las notificaciones le avisan a el chico que acababa de recibir un mensaje.

Contacto de Serguiev:

S: Patrón estamos llegando.

Al leer ese mansaje el chico le informa a sus hombres.

—Ya vamos a empezar, a mi señal atacamos.

—Si jefe—exclamó unos de los chiquiticos del grupo.

El ojiazul decide montarse nuevamente en su camioneta pero solo esta vez con los hermanos, los dos señores que el confiaba su vida, los mismos que estaban dispuesto a dar sus vidas si era posible.

A la distancia se pudo notar ocho camionetas a parte de un automóvil moderno con pintura blanca y dorada.

Ese auto yo lo conozco—penso Petrik.

Aquellas camionetas conducían perfectamente alineadas y al frente de las mismas se encontraba ese auto dorado, de todos, el primero que llegó fue ese automóvil moderno derrapando sus llantas traseras realizando un giro perfecto.

A continuación llegan al sitio las otras camionetas, que rápidamente se bajan treinta y dos hombres con armas grandes automaticas, por supuesto que el número superaba a los hombres de Petrik.

Por lo que ellos notan las situación que estaba pasando y apuntan sus armas hacia los hombre que acababan de bajarse, a lo que ellos hacen lo mismo.

—Bajen todos sus armas—una voz fuerte se pudo escuchar que salía del auto dorado.

Un señor ya con sus años arriba sale del aquel automóvil color oro, un traje nego de corbata vestía ese señor, en su bolsillo izquierdo se dejaba mostrar una rosa roja.

—No puedo creer esto que estoy viendo, personas de un mismo bando apuntándose entre ellos mismos—esas palabras sonaron demasiado fuerte en ese sitio.

El muchacho baja la ventanilla de su camioneta y pregunta.

—¿Que haces aquí?.





Una Historia De Dos (En Proceso).Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora