Que mal.
Jungkook había perdido la cuenta de las veces que se había maldecido en lo que llevaba de mañana.
Estuvo a nada de ocasionar un accidente de tránsito a la hora de dirigirse al trabajo, estuvo a nada de volverse el café de todas las mañanas encima de su abrigo gris favorito, y ahora se le habían caído diez cuadernos que cargaba, y todo por andar pensado en el chico que tenía en casa.
Joder que no lograba sacarse las palabras declarantes del menor de su mente, pero lo peor era la imagen de un lloroso rubio entre libretos que se habían echado a perder ya, vería si podría recuperarlos para el chico, y así no perdiera las materias.
La noche pasada, luego de haberse duchado y revisar unos folletos que debía entregar a secretaría hoy, había decidido ir a tomar un poco de té y apagar la luces, puesto que seguro Jimin, con su diminuta furia, había arrancado y lo había dejado así como así.
Pero equivocado estuvo, porque se llevó la sorpresa de encontrárselo recostado, de brazos cruzados sobre la mesa.
— Hey, Jimin — lo llamó, al no recibir respuesta alguna, caminó hasta dar la vuelta y encontrarse una imagen un poco tierna del chico dormido.
— Jimin... — susurró, agachándose por uno de los lados, el rostro del chico enfrente suyo, apoyado sobre un brazo, mientras con la otra mano arrugaba unas cuantas hojas de algún libro — Hey... — volvió a llamar, dándose cuanta de que literal, era una roca.
Soltando un suspiro, tomó la mano del chico para hacerle soltar el papel, y no hubiera querido hacerlo, no hubiera querido haber tocado aquel rollo de papel mojado y observar el cuaderno de notas con manchas enormes negras, y a simple vista, con hojas húmedas.
Había llorado.
Reconoció que pudo haber hablado menos fuerte, o simplemente ignorarlo y encerrarse en su habitación, pero Jimin lograba jugar con la poca paciencia que le quedaba.
Sin pensarlo dos veces, colocó un brazo por debajo de la curva de las rodillas y otro en la escuálida espalda, haciendo un poco de fuerza por los costados, y el cuerpo del menor se giró un poco, haciéndole el trabajo más fácil y con un salto, tenía el delgado cuerpo entre sus brazos.
Se sorprendió por lo poco que pesaba Jimin, a simple vista parecía pesar más, pero no. Con trabajo logró apagar las luces y encaminarse hasta la habitación del menor, adentrándose en ella y dejarlo acostado en la cama y arroparlo.
— Oh... Jungkook, acerca del material que me pediste... — un peligris de sonrisa cuadrada se encaminaba hacia el pelinegro con otro bulto de libros entre sus brazos.
— Taehyung... — susurró.
— ¿Qué tienes? — preguntó un poco preocupado el hombre
— En todo el día has estado distraído, hermano —.
— Estoy en problemas, y maldita sea que no los puedo solucionar — se dejó caer en uno de los sofá y desordenar sus cabellos.
— Primero dime que está sucediendo — pidió Taehyung, pasando por su lado hacia los estantes, colocando los libros sobre una mesa cercana para luego ubicarlos en su lugar.
— Joder, es que todo es tan complicado — maldijo.
— Sabes que puedes hablar conmigo, somos como hermanos, Jeon — Taehyung le observó serio.
Jungkook y Taehyung se habían conocido cuando apenas eran unos críos, ambas familias, Jeon - Kim eran cercanas y por ende prácticamente se saludaban desde el vientre de sus respectivas madres.
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Terrorista ||Kookmin||
FanfictionJeon Jungkook está por cumplir los 30 años, es profesor de Literatura en la Universidad Sekang. Es a menudo juguetón, aunque su verdadero carácter es mucho más grave debido a acontecimientos de su pasado. Jimin Park, 17 años, joven estudiante de pre...
