Capitulo Dos

92 10 3
                                    

-No conozco a ningun señor D'angelo. Por favor, digale que se marche.

-¿Señora Higurashi? - dijo una voz profunda y masculina, con acento extranjero.- No nos conocemos, pero tengo que verla. Era amigo de su marido.

- Conozco a todos los amigos de mi marido, señor D'angelo. Y a usted no lo conozco.

-¿A todos, señora Higurashi?

Aquella pregunta fue como un puñetazo en el estamogo para Aome. Aquel hombre estaba al corriente de la aventura de Inuyasha.

-Suba-dijo ella-. Le concederé diez minutos.

- Lo que tengo que decirle no me llevara mucho tiempo.

Se hizo silencio.

El señor D'angelo iba de camino.

Aome encendió rápidamente varias luces, inundando el salón de un cálido resplandor que contrastaba con la fría bola de acero que sentía en la boca del estomago.

Llamaron a la puerta y ella se estiro el vestido y se paso los dedos rápidamente por el pelo. Era demasiado tarde para nada mas. Quisiese lo que quisiese aquel tipo, daría igual cual fuese su aspecto.

Bankotsu se puso tenso al ver a su Némesis abrir la puerta.

<<¡Dio!>>, que guapa estaba. Aquella no era la misma mujer cuya compostura tanto le había extrañado en el funeral.

Las pestañas oscuras que enmarcaban sus ojos chocolates estaban húmedas, como si hubiese estado llorando. Tenia el rostro enrojecido y estaba despeinada. Parecía dulce, herida, desesperada por que la reconfortasen. Era el tipo de mujer en el que los hombre como el se refugiaban de la cruda realidad de la vida. El tipo de mujer al que un hombre como el le haría el amor durante toda la noche, recorriendo todo su cuerpo, sumergiéndose en la gloria de su pelo y disfrutando se todos sus instintos.

Entonces, delante de sus propios ojos, volvió a cambiar y a convertirse en la viuda fría que había estado frente a la tumba. La transformación le recordó el motivo por el que estaba allí.

- Señora Higurashi, soy Bankotsu D'angelo ¿Puedo entrar?

Ella pareció sorprenderse al verlo, como si lo hubiese reconocido. Pero eso era imposible. Se había quedado lejos de la multitud en el cementerio, y sus caminos nunca se habían cruzado hasta entonces. No obstante, había algo que le intrigaba acerca de ella, era como si estuviese escondida detrás de un muro muy grueso, pero transparente.

Por supuesto que si. Esa era la verdadera Aome Higurashi. La encarnación de la reina de el hielo. La mujer que había insistido en mantener un matrimonio que había sido una farsa, por orgullo, antes de dejar marchar a un marido que ya no la quería.

-Por favor entre- le pidió ella apartándose de la puerta y conduciéndolo hasta el salón, que estaba decorado con muebles y objetos muy caros. A bankotsu no le sorprendía que Inuyasha le hubiese pedido dinero. Aome Higurashi era cara de mantener.

-Al seguirla, olía su fragancia que, sorprendentemente, no era dura ni dominadora, sino suave y ligeramente dulce. Contrastaba por completo con la mujer que el sabia que era.

Bankotsu se pregunto si lo haría a propósito para conseguir descarrilar a hombres mas débiles. Para traer y tentar primero, y rechazar después con frialdad cualquier avance, todo manteniendo aquel formidable control sobre si misma. Se juro que la haría perder el control antes de marcharse aquella noche.

Sin tan siquiera sugerirle que se sentase, Aome se dio la vuelta y se puso muy recta. Lo miro a los ojos.

- bien, señor D'angelo . Queria verme. Le quedan nueve minutos.

Amor y VenganzaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora