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Dos semanas habían pasado desde la pelea con su madre, desde ese día Jimin no había vuelto a su casa. Había pasado esos catorce días con Jeongguk, Park no podría describir lo feliz que lo hizo olvidarse tan solo por un momento del mundo real apra hundirse en el romance con Jeon.

Esas dos semanas, además, le habían sido suficiente para aclarar su mente, para dejar a un lado todo, para por fin aceptar lo que su corazón pedía a gritos desde hace mucho tiempo: su amor por Jeon Jeongguk.

Aquella mañana se despertó antes que su enamorado, se sentó en la cama matrimonial de Jeon y lo observó dormir por unos minutos. Observaba a su pelinegro dormir sintiendo la necesidad de acariciar su bello rostro, y como su mente ordenó lo hizo. Acarició el rostro del mayor delicadamente acercándose para plantar un suave beso en sus labios.

Había extrañado la sensación de sentir los labios de Jeon pegados a los suyos. Sentir sus respiraciones mezclándose lo volvía loco, quería tenerlo y solo para él porque ya era suyo, su Jeonggukie.

— ¿Qué fue eso, Jiminssi? — habló la gruesa voz de Jeon sorprendiendo a Jimin.

— Y-Yo... Lo siento me dejé llevar. — se excusó Jimin apartando la mirada de la del mayor.

— Deja de mentir, yo se que no aguantaste la tentación de besarme... Yo tampoco la aguantaría — bromeó el pelinegro sentándose lentamente en la cama — ¿Como dormiste?

— Bien, como duermo desde que estoy aquí... — respondió mirándolo.

Podría quedársele viendo por toda la eternidad, amaba los grandes ojos del pelinegro, aquellos que reflejaban las estrellas. Tenía que hacerlo ahora o si no jamás podría hacerlo.

— ¿Sabes? Ya no puedo seguir fingiendo que no estoy completamente enamorado de ti, que cada vez que estoy solo huelo el cárdigan porque su olor me recuerda a ti, estoy cansado de fingir que no te amo... Porque Te amo Jeongguk. — confesó tapándose los ojos

Por su parte, Jeongguk estaba en shock, no podía creer que Jimin por fin había dicho lo que su corazón anhelaba con ansias oír, sentía que iba a morirse ahí mismo, pero por lo menos lo haría feliz porque sería a causa del amor de su vida, Jimin.

— ¿¡Estás seguro!? ¿¡Lo dices enserio!? — preguntó sobresaltado.

— Nunca había estado tan seguro de algo en mi vida, te amo Jeonggukie.

Tomando cuidadosamente sus muñecas, Jeon las alejó de la cara de Jimin para poder verlo correctamente. Giró sutilmente su cabeza para que lo mirase y acercándose lentamente se hundieron en un beso.

Un beso que irradiaba amor. Jeongguk acercó más su cuerpo al de Jimin y apoyando su cabeza en la almohada beso aún más fuerte aquellos labios regordetes del menor. Esos labios que lo hacían soñar con ser besados. Jeongguk sentía que por fin podía ser feliz y que no dejaría ir a su Jimin por nada del mundo.

(...)

Decidió volver a su casa después de tanto. Temía por la reacción de su madre al verlo después de haberse gritado cosas tan feas como las que se dijeron aquella mañana. Llegó y lo primero que sintió fue el brazo de una de sus empleadas mientras hacía una leve reverencia.

— Joven Park, sus padres desean verlo, se encuentran en el gran salón. — dijo para luego irse.

Jimin, sintiendo su corazón latir como si estuviese corriendo un maratón, caminó hasta el salón donde se encontraban ambos de sus padres con otras tres personas más, no sabía quiénes eran, qué estaban haciendo ni qué estaba pasando, se quedó parado en en el marco de la puerta hasta que vio a su padre haciéndole una seña para que entrase con sus manos.

— ¡Aquí está mi preciado hijo! — dijo su padre falsamente — Toma asiento hijo. No se preocupen suele llegar tarde porque es muy trabajador. — mintió a las personas que se encontraban ahí.

— ¿Padre? ¿Qué está sucediendo? — preguntó Jimin buscando la mirada de si madre quien seguía con su cabeza agachada.

— ¡Oh! Es cierto, que descortés no haberlos presentado... Él es el señor y la señora Kim, y bueno... Supongo que tú madre ya ha hablado sobre ella... ¡Es Dahyun, la hermana de Taehyung!

Mierda, mierda y más mierda pensó Jimin viendo aquella joven mujer sentada mirándolo con una dulce sonrisa, esto no le tenía que estar pasando menos ahora que ya por fin había aceptado estar con Jeongguk.

— Un gusto conocerte, Jimin, soy Kim Dahyun. — dijo estirando su mano.

Jimin la miró disgustado por nos momentos hasta que sintió un golpe en su tobillo por parte de su padre, entonces supo que debía tomar aquella mano y saludarla respetuosamente. — Soy Jimin, un gusto.

— Bueno... Como debes suponer, Dahyun y tú, Jimin, ¡Se casarán pronto! Tan solo debes firmar estos papeles.

Jimin soltó una carcajada, tan estúpidos se veían las cinco personas creyendo que el aceptaría casarse con alguien que no amaba solo para obedecer a su familia, ¿Quiénes se creían para obligarlo a hacer algo que no quisiese?

— Pfff... No voy a firmar nada, padre. Esto es una estupidez. Me acaba de conocer, ¿Te diste cuenta de lo ridículo que suena esto? — preguntó siendo interrumpido por una golpiza de un padre.

Jimin se quedó paralizado, sentía su mejilla arder, sentía como la furia y las ganas de devolverle aquel golpe crecían dentro suyo. Estaba a punto de perder la cabeza. Sentía asco y repulsión por ese hombre que lo había criado y que nunca se interesó en él.

— No te lo pregunté ni mucho menos pedí alguna opinión... Te casarás con Dahyun y ahora deberías pedirle disculpas, le faltaste al respeto.

Sentía su rostro enrojecerse y las lágrimas del odio a punto de salir pero si no lo hacía recibiría otro golpe y tal vez uno más duro. Se arrodilló en modo de reverencia y se disculpó avergonzándose y luciendo como un estúpido delante de su nueva familia.

— Lamentó mi comportamiento, Dahyun. No volverá a suceder.

— ¡Muy bien! — retomó los papeles el señor Park — Ahora siéntate y firma estos malditos papeles o será peor de lo que piensas. — susurró su padre en su oído.

Al pobre no le quedó de otra que obedecerle. Estaba tan frustrado, lo único que quería hacer era escapar y correr a los brazos de su amado Jeongguk. Lo necesitaba tanto pero lo único que podía hacer era aferrarse al cárdigan que este mismo le había regalado.

Sin pensarlo dos veces, ya que no tenía otra opción, firmó aquellos papeles que estaban encima de la mesa, papeles que jamás se detendría a leer, solo quería quemarlos y no volver a verlos nunca más, ahora su mayor miedo era perder a Jeongguk o que lo odiase por lo que sus padres lo estaban obligando a hacer.

Cardigan - kookminDonde viven las historias. Descúbrelo ahora