Capítulo 57

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EN ALGUN LUGAR DE ASIA

VELKAN

Creo que no había sido tan mala idea que papá y Antuan nos hubieran enviado a Asia, con tanto tiempo libre estaba aprendiendo demasiadas cosas

Astrid había decidido viajar por unos días con unos sabios en la jungla del sudeste asiático, así que la acompañe. Fue un viaje un tanto distinto, estábamos estudiando sobre paz interior, mentalización, pero sobre todo dejar ir, Astrid estaba aquí por Brady, y aunque al principio yo solo la acompañe para que no estuviera sola, empecé a interesarme por lo que esos hombres decían y enseñaban.

Tenía demasiado dentro de mi, así que uno de los hombres me dijo que tendría una sesión a solas, sin mi amiga, ya que el sabía que yo no aceptaba que tenía muchos conflictos por resolver. En primer lugar estaba la muerte de Brady, quizá si yo no hubiera huido como lo hice, pude haberlo convencido de no intentar ir solo contra Bearsdley, además ahora sabía que Ashley era quien conducía esa noche, así que lógicamente hablando la culpa era de ella y no de Dylan.

- Cierra tus ojos e imagina a la persona con quién peor te sientes, con quién quisieras arreglar las cosas o disculparte - dijo el hombre que me guiaba

Lo hice y aunque trate de concentrarme en Brady, a mí menté salto Amy, ella me había dejado en cuanto supo lo que pasó, no tuve oportunidad de explicarle lo que estaba pasando, ella no quería oír y yo tenía que huir prácticamente de Maxwell Bearsdley.

En mi mente solo estaba ella, la extrañaba demasiado, no era el sexo o las incesantes caricias o besos, era ella en sí, su dulzura, la forma en la que me miraba, en lo que ella pensaba de mí. Amy creía que yo era bueno, que era merecedor de todo su amor y su cariño, había cosas que ella y yo solíamos hacer, adoraba compartir con ella su rutina de skincare, me ponía en el cabello una de esas bandas de peluche con orejas de conejo y me ponía mascarillas, peinaba mis cejas, ponía no sé qué en mis pestañas, y yo solo decía que sí, no solo porque adoraba compartir esos momentos con ella, sino porque ella se esforzaba por incluirme en lo que le gustaba.

Incluso compro pijamas mamelucos iguales, de conejo, Amy amaba a los conejos, tenía una historia con ellos, cuando era niña había recibido de alguien de su familia un viejo libro de Alicia en el País de las Maravillas, y había quedado fascinada por la historia, amaba los conejos blancos, de hecho tenía uno, su color favorito era el azul, cuando era pequeña tenía vestidos azules como los de Alicia y claro a los gemelos solía llamarlos Tweedledum y Tweedledee, cosa que ellos solo aceptaban de ella, ya que era su prima pequeña obsesionada con Alicia.

Yo aprendí a amar todas esas partes de ella, cuando comenzó a recibir esas amenazas en su casa, solo la cuidaba por mi hermana, porque era su mejor amiga, y cuándo Amy decidió que me quedara en su cama con ella, yo me sentí extraño, no era algo que deseara, no veía a Amy de esa manera, solo era la hermana pequeña de Robert y Charlie.

Finalmente cedí esa noche y termine teniendo sexo con ella, pero no era solo sexo, era su primera vez, yo ya había tenido diferentes experiencias, pero para ella era la primera, aunque quizá acepte porque ella comenzó a besarme y a tocarme, así que era obvio que yo no estaba abusando de ella.

Extrañaba esas cosas, ella durmiendo junto a mí, despertándome a la mitad de la noche porque tenía ganas de hacer el amor, o porque tenía hambre y quería que le cocinará algo, quizá solo extrañaba sus ojos viéndome estudiar o preparar comida, ella se recargaba en la mesa y me observaba hasta que terminaba lo que estuviera haciendo o hasta que la alimentará, incluso a veces recargaba su cabeza en la mesa y abría su boca para que pusiera ahí la comida.

Admito que jamás pensé enamorarme de ella, pero Amy tenía tantas cosas, todos solo pensaban que era la pequeña de los Dankworth, pero era más que eso, era brillante, hermosa, tierna, lista, divertida, con el paso de los días me fui dando cuenta que era demasiado fácil enamorarme de ella, además ella me trataba como nadie, confiaba en mí, creía que yo era digno de todo, no importaba que yo le dijera que era terrible o malo, ella siempre me defendía y decía que no dijera esas cosas de mí, porque ella sabía quién era yo, que una persona que la amaba tanto no podía ser capaz de hacer cosas malas. Pero finalmente se equivocó y terminó demasiado decepcionada de mí, ella siempre creyó en mí, siempre veía lo bueno de mí, pero le fallé, le fallé a la persona que más había amado.

Mortal ObsesionDonde viven las historias. Descúbrelo ahora