Gritos de desesperación

279 27 0
                                        

-¿Qué es eso de que te llevas con la rubita?-Preguntó Ici mientras íbamos en la moto hacia comisaría.
-Me ha traído a casa. Nos acercó a Marilia y a mi antes al centro.- Me levantó las cejas sugerente. Tenían la manía de especular cosas muy rápido.
-Idiota.
Llegamos y aparqué.
Había bastante menos gente que de costumbre.
-¿Esa no es tu rubia?- Miré donde mi amiga señalaba. Sí era ella.
Fuimos directas para allá.
-¿Natalia?¿Qué haces aquí?
-No han traído a un chaval por aquí, ¿no?
-Mmmm no, ¿por qué? ¿qué ha pasado?
-Ha desaparecido un colega, pero tranqui, si no ha acabado aquí debe de estar por ahí.
-¿Habéis probado a llamarle?
Mi amiga y yo nos empezamos a reir. Fue ella esta vez quien habló.
-Claro. Somos delincuentes, no idiotas.
-Perdona, yo no quería decir eso...
-Alba, te está vacilando. Tranquila.
-Sí, tranquila tía, somos delincuentes muy enrolladas.- Y le chocó el puño.
-Pero bueno, mis maleantas favoritas. ¿Qué hacéis por aquí?- Apareció Julia.
-Mi poli favorita.- Dije acercándome a abrazarla.- Damion ha desaparecido, era por si le habían traído por aquí, pero ya nos ha dicho Alba que no.
-No me jodas Eilan. Ha habido revuelta en el descampado, de ahí vengo. Han apuñalado a un chico, está en el hospital pero está estable. No era conocido. Pero no hemos conseguido pillar a nadie, así que lo mismo se han trasladado a otro lugar.- Cuando dijo que no era él respiré tranquila. Pero rapidamente llamamos al resto para decirles lo que nos había contado Julia.
-Qué haces tú aquí, Albita? Esta tarde no hacía falta que vinieras.- Le dijo Julia a Alba.
-Es que no podía dormir, y sabía que estabas por aquí.
-Nosotras nos vamos. Vamos a buscar a Damion.- Dijo mi amiga, sacándome de la conversación.
-¿Queréis que os ayudemos? Es peligroso andar por ahí.
-Ni de coña Juls, sois polis, mataros es lo menos que podrían hacer si os pillan. Está todo controlado. Tranquis.- Y a continuación nos despedimos, y salimos volando en la moto, dispuestas a encontrar a nuestro amigo.

Estuvimos cerca de 30 minutos buscando, hasta que por fin escuchamos jaleo a pocos metros del descampado. Había mucha gente, y al fin divisamos a nuestros amigos, que estaban de lleno en la movida. Para variar.
Ici y yo entramos a ayudarles. Sólo había un inconveniente, y es que nosotras no íbamos armadas.
A lo tonto se nos habían hecho las 3:34 am, y las casas no estaban muy lejos de allí, por lo que algún vecino toca pelotas había llamado a la poli. Lo supe en cuanto escuché las sirenas a los lejos, y la gente empezó a dispersarse. Lo último que vi antes de liarme a puñetazo limpio, fue cómo un gilipollas daba puñetazo tras puñetazo a María.
Quedamos banda contra banda.
Cuando el coche apareció por la calle, todos salieron corriendo. Dejándonos vía libre para socorrer a nuestra amiga por fin. Todos menos nosotros, María, y el chico que seguía dándole por todos lados. Cuando levantó la vista de mi amiga para mirar el coche, cogí una barra de metal, y le di tan fuerte en la cabeza, que lo que me extraña es que no se le abollase también el cráneo.
Mi amiga tirada en el suelo no decía nada.
En el único coche que vino, como no podía ser de otra forma, estaban Julia y Alba. Que rapidamente llamaron a una ambulancia.
Hasta que la ambulancia no vino, queriendo llevarnos a unos cuantos también, no me di cuenta de todas las heridas que me habían hecho. Con la adrenalina no me dolían, pero a medida que iban haciéndome entrar en razón, peor me encontraba. Hasta que todo se volvió oscuro, y sólo veía a mi amiga en otra camilla junto a la mía, y a Ici y Pablo sentados al lado de cada uno, con el sonido del motor de fondo y gritos de desesperación.

A otro ladoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora