Volví a reunirme con todos tras una larga hora. Necesitaba ducharme y prepararme para lo que se venía.
Julia y Alba también estaban en casa, lo cual lo hacía el triple de raro.
La primera en recibirme, cómo no, fue Ici, que casi me tira al suelo del gran abrazo.
-¿Cómo estás?- Me preguntó en bajito, casi inaudible.
-Estoy mejor. Gracias hermanita.- Literalmente era como mi hermanita, porque por mucho y
que Pablo y María me sacasen de allí, y pasase unos años sin ver a Haus e Ici, a ellos les conocí cuando entré, con 4 añitos. Nos cuidábamos entre los 3.
Nos separamos y nos dirigimos juntas a sentarnos con todos. Se había instaurado un silencio incómodo.
-Creo que es hora de que nos vayamos.- Comentó Julia. -Cualquier noticia nueva avisadnos. Si no os importa pasaremos a ver qué tal estáis.
Fue un gestazo.
-Oye poli, no hace falta que os vayáis. Mientras no nos vayáis a meter entre rejas por todo lo que vayáis a descubrir, está bien.- Intenté bromear, pero creo que sonó más triste de lo que me esperaba, por cómo ella me miraba, como con pena.
-Si es por ti me quedaba donde hiciese falta. Pero yo tengo curro. Me pasaré por el hospital a la hora que vayáis a ir vosotros, así que escribidme, y si hay alguna novedad no dudéis en llamarme. Albita, ¿vienes o te quedas?- Se quedó dubitativa unos minutos. Y me miró. Acto seguido contestó.
-Me quedo Juls, creo que necesitarán la ayuda de alguna de nosotras para pillar a ese cabrón.- En seguida sonreí. Me había leído la mente y no sabía cómo.
-Perfecto Albita, pero no hagáis ninguna locura. Nos vemos esta noche.- Y la gaditana se fue.
-¿De verdad puedes ayudarnos a encontear a ese cabrón?- Preguntó Afri intrigada.
-Eso espero. Necesito que me déis detalles de lo que recordéis. Cualquier cosa es válida.
Empezamos una larga descripción que nos llevó cerca de dos horas. Si con eso no le daba hasta para encontrar a sus primos terceros, debería encargarme personalmente de que la echasen de las prácticas.
-Pues con todo esto me voy ya a comisaría a entregarlo y que empiecen a buscarle.- Miré el reloj. Eran las 21:42h.
-Ya quédate a cenar rubia.- Propuse.
-Lo haría encantada. Pero es que el metro deja de pasar.
-Chorradas Reche, en cuanto cenemos te llevo a comisaría y luego a tu casa. Que además te lo debo.
Al final, entre todos mis amigos conseguimos convencerla.
Pasamos una cena tranquila. Se notaba la diferencia social, pero se integraba perfectamente.
Esa chica tenía algo.
Como dije, acerqué a Alba a comisaría y, tras hablarlo todo allí, recogimos a Julia y, en vez de llevar a Alba a su casa, fuimos las 3 al hospital, donde ya estaban esperando el resto del grupo.
Entramos a la habitación.
Ella seguía en la cama, en la misma postura y con los mil tubos enganchados. Pablo fue el que se acercó a ella primero. Al fin y al cabo era el que más la conocía. Habían crecido juntos.
Estuvimos un rato hablándola, diciéndole planazos que íbamos a hacer en cuanto estuviese bien.
Aquello era muy duro. Después de lo de mis padres yo ya no pensaba que fuese a depertar, pero estaba intentando mantenerme fuerte por mis amigos.
-Voy un rato a fumar.- Anuncié.
-¿Puedo ir contigo?- Preguntó Alba. Su presencia para nada me incomodaba. Pero no era ni de lejos el mejor momento. Sin embargo acepté.
Salimos en silencio todo el camino. Ella iba un par de pasos por detrás, pero podía ver cómo de vez en cuando levantaba la mirada para observarme.
Nos sentamos en uno de los bancos del jardín.
La noche era clara, y se veían las estrellas. Era precioso en comparación a todo lo que había allí dentro.
-¿Te gustan las estrellas?- Me sacó de mis pensamientos.
-Bueno. No mucho. Pero el cielo hoy está precioso.- Dije, y me metí el piti en la boca para, a continuación, encendérmelo.
-Wow, eres la primera persona a la que oigo decir que no le gustan mucho las estrellas.- Me encogí de hombros. En realidad las estrellas sí me gustaban. Pero no la historia que había tras ellas.
-Te prometo que vamos a encontrar a ese cabrón.- Me dijo sincera.
-No dudo de tu palabra, rubia.-Y le sonreí cálidamente. Realmente no dudaba, y era raro.
La vi temlar de frío, y rapidamente le coloqué mi abrigo por encima.
-Muy caballeroso por tu parte.- Bromeó.
-Por supuesto. Eso siempre.- Di una calada al cigarro y, tras expulsar el humo, continué hablando.- Me lo termino y nos metemos. No vaya a ser que mueras de hipotermia. No queremos otro muerto más.- Era una broma. Pero creo que no fue el mejor momento.
Se puso seria.
-¿Por qué te empeñas en pensar que está muerta? Sólo es un coma, Nat.
La había cagado demasiadas veces en una sóla oración.
¿Sólo un coma?
Y, ¿Nat? Nadie me llamaba así excepto Marilia.
-Ya me he terminado el cigarro. ¿Entramos?- Y practicamente sin darle opción a negarse, me levanté del banco emprendiendo la vuelta a la deprimente habitación.
No quería convertir aquello en una situación violenta. Tampoco se merecía que fuese borde con ella. No sabía nada.
Sin embargo, no pude evitarlo.
Me disculparía con ella más adelante, cuando mi mente estuviese más asentada.
Mañana más y mejor.
Coméntenme qué les parece.
Estoy abierta a sugerencias. :)
ESTÁS LEYENDO
A otro lado
FanfictionNatalia Lacunza, una chica joven, con un pasado duro, vive con su "familia" y llevan una vida dedicada a disfrutar y vivir cada momento, pero sobre todo, a ayudar a quienes lo necesitan. Alba Reche, dos años mayor que la anterior, se acaba de mudar...
