Al centro de menores

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Hoy el bar estaba hasta arriba.
Estábamos todos analizando a la gente, más que nada para ver qué cazábamos.
No solíamos hacerlo en sitios tan públicos, y muchísimo menos delante de Marilia. Pero aún había dos familias, que supiésemos de momento, que necesitaban bastante ayuda para salir adelante.
-Chavales, mirad a esa rubia que no nos quita ojo.- Dijo María. Parecía que iba a caérsele la baba.
-Esa es Andrea. O Alicia, no sé cómo mierda se llamaba, pero es la ayudante de Julia. Seguro que no nos quita ojo porque me cazaron robando.
-Si si, eso dices tú. Pero no parece que nos esté vigilando, precisamente.- Propuso África. Ni idea, pero tampoco me importaba.
Eran las 21:00h ya, y en una hora tenía que devolver a Marilia, por lo que le propuse aprovechar la hora al máximo. Lo único que quería hacer era quedarse en el bar, mientras se sentía querida y jugaba.
Empezó a jugar al pilla-pilla, y acostumbrados a correr, decidimos apuntarnos, aunque con cuidado, ya que aún estábamos en el bar.
Empezó ligando Marilia, quien aprovechó mi despiste para hacer que yo la "pochase" como decía ella. Corrí para atrapar a María, pero mi objetivo se desvió hasta quedar al lado de Marilia, quien empezó a correr como una loca en cuanto se dio cuenta de que iba directa a por ella.
Iba riendo y gritando, con tan mala suerte de que no se dió cuenta del porrazo que se dió contra la pierna de alguien.
Salí corriendo en su defensa esperando que ese alguien no fuese ningún amargado que me hiciese eharle del bar con caja destemplada.
Pero todo lo contrario. Era la chica rubia contra la que se había chocado. Quien, bajo mi sorpresa, se había agachado a hablar con Marilia, y le repetía con una enorme sonrisa en la cara que no pasaba nada.
Marilia en seguida se animó y empezó de nuevo a corretear por el local.
Disimuladamente me acerqué a la rubia.
-Gracias por no enfadarte con ella. A veces se pone como loca.
-No te preocupes. Es normal. Es muy pequeña. Eras Natalia, verdad?
-En efecto. Pero me puedes llamar Eilan. Tú eras...?
-Alba Reche.- Respondió con un tono amable.- ¿Eilan? Curioso nombre. ¿Puedo preguntarte de dónde viene?
-Por supuesto. Pero te vas a quedar sin respuesta.- Le contesté de forma pícara. No quería hacerla sentir incómoda, pero no la conocía de nada como para contarle esa historia.
-Entiendo... No pasa nada. Lo entiendo.- Me sonrió comprensiva. Lo agradecí.
De repente apareció Marilia, tocando la pierna de Alba, indicándole que era ella quien ligaba. Ella me miró, y yo me encogí de brazos, indicándole que lo que ella quisiese. Sin dudarlo ni un segundo más, hizo el amago de salir a por la pequeña, pero en cuanto esta salió escopetada, Alba vino hacia mí, dándome un toque en el hombro.
Con que esas teníamos.
Fui hacia ella directa, pero justo antes de llegar a tocarla levantó las manos.
-¡No vale chicle!- Dijo verdaderamente como una niña pequeña. Lo que me hizo estallar a carcajadas.
Al cabo de un rato me sonó la alarma. Eran las 21:30h, lo que significaba que tenía que llevar a Marilia de vuelta al centro.
Era sin duda la peor parte de estos días.
Fui a buscarla, y para mi sorpresa, estaba haciéndole un maravilloso peinado en el pelo a Alba, el cual seguro tardaría más de dos días en poder desenredar. Y para mi desgracia, lo digo por experiencia.
-Venga enana. Tenemos que irnos.
-No Naat. No quiero irme aún.
-Lo sé cariño, pero sabes que tenemos que estar antes de las 22:00h. Y hoy hemos venido andando.-Dicho esto, Marilia se levantó con carita triste, se despidió de Alba, y me levantó los brazos, indicando que quería que la cogiera. Sin dudarlo lo hice.
La tenía un poco mimada.
Alba nos miraba con curiosidad. Hasta que oyó la última parte de la conversación. Cuando habló.
-Yo os puedo llevar si queréis. He venido en coche.
Marilia gritó super convencida de que era un planazo. Así que no me quedó más remedio que aceptar.
-¿Dónde vamos?-Preguntó Alba una vez estuvimos ya en su coche, después de habernos despedido de todos.
-Al centro de menores.
Me encontré con una mirada que esta vez sí supe descifrar. Su mirada estaba llena como de sorpresa, tristeza, y... ¿admiración?

A otro ladoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora