—Entonces... ¿estos niños también son viajeros como yo?
El general se mantenía de pie frente a ambos aventureros sin mover un solo dedo, hasta que abrió los ojos con una sonrisa.
—¿Debería dejarlos ir? No lo creo… Las armas divinas son aterradoras sin importar el nivel de sus dueños… igual que mi ojo.
Era un hombre de unos cuarenta años, con una armadura liviana de cuero y una imponente capa. No dependía del combate físico, por lo que no llevaba una gran armadura. Lo que lo hacía temible era su ojo izquierdo, un orbe dorado con anillos concéntricos en su interior. Gracias a él, podía usar magia ilusoria con un dominio absoluto, sometiendo a cualquiera que hiciera contacto visual con él.
El general aún debatía qué hacer con sus intrusos cuando notó algo extraño: uno de los aventureros había movido un músculo.
¿Había sido un error de percepción? ¿Se había liberado de su control? ¿Por qué no seguía moviéndose? ¿Fue solo un espasmo?
—No puede ser… ¿Cómo un aventurero de bajo nivel pudo romper mi hechizo...?
Se inclinó para observarlo de cerca, pero en ese instante, un corte fugaz rozó su cuerpo.
—¡Maldito! —gritó el aventurero al ponerse de pie y empuñar su espada.
Una avalancha de preguntas llenó la mente del general. El joven corrió hacia él con la intención de cortarlo, pero con un simple chasquido de dedos lo hizo caer en un profundo sueño nuevamente.
Sin embargo, justo cuando el cuerpo del aventurero tocó el suelo, una ráfaga de plumas se esparció por toda la habitación. Eran filosas como cuchillas, destrozando el salón a su paso y rasgando incluso la carne del general.
—¡¿Tú también?! —rugió el general al ver a la aventurera despierta.
Decidió no perder más el tiempo. Esta vez, los mataría definitivamente. Elevó una mano y comenzó a conjurar un hechizo. Pero en un breve instante, su ojo captó algo: un hada revoloteando cerca del aventurero.
—Así que… ella es la responsable.
Ahora todo tenía sentido. El hada los estaba despertando cada vez que caían en su hechizo. Pero, ¿cómo demonios habían conseguido la ayuda de un hada?
—Bien… si dormirlos no funciona… entonces es hora de una masacre a la vieja escuela.
La habitación entera se oscureció de golpe, y el mundo a su alrededor se deformó.
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Me incorporé de inmediato al salir del trance y lo primero que vi fue una imagen grotesca.
Una aberración de carne amorfa se expandía por toda la sala. Era imposible describirla con precisión; tenía innumerables cabezas, cientos de tentáculos que se retorcían en todas direcciones, y su carne palpitaba con un hedor nauseabundo.
Zoe estaba crucificada en la pared, con los brazos abiertos y la mirada vacía. Las paredes y el suelo ya no eran de piedra; eran carne viva, y latían con un ritmo enfermizo.
—¿Qué está pasando, Midna? —pregunté, sintiendo un escalofrío recorrer mi espalda.
—¡T-todos vamos a morir! ¡Todos vamos a morir! ¡Todos vamos a morir!
Midna estaba sobre mi hombro, abrazando sus piernas y repitiendo la misma frase sin cesar.
Apreté la empuñadura de mi espada con todas mis fuerzas. Si esto era una ilusión, era la más realista que había experimentado. Podía sentir el calor pegajoso de la carne bajo mis pies, el hedor a podredumbre llenando mis pulmones, y la presencia abrumadora de esa criatura que me hacía temblar hasta los huesos.
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Battlefox
FantasiEstaba muriendo solo, atrapado en su propio cuerpo. Despertó en un mundo que solo respeta la fuerza. Alois no busca ser héroe. Busca volverse tan peligroso que nadie vuelva a decidir por él. A su lado viaja Midna, un hada que lo sigue por voluntad p...
