El día amaneció nublado y con un frío húmedo que se metía bajo la ropa. Iris caminaba a mi lado con las manos en los bolsillos, como si el hambre y la falta de dinero fueran problemas exclusivamente míos.
-Deberíamos haber planeado algo -dije.
-Encuentra el gremio, regístrate y listo -respondió sin mirarme-. Eso suele funcionar.
-¿Sabes dónde queda?
-No.
Tuve que preguntar yo. Iris ni siquiera se detuvo mientras yo hablaba con el comerciante.
El gremio era un edificio grande y ruidoso. Dentro olía a cerveza, metal y sudor. La recepcionista nos atendió con una sonrisa profesional y me indicó la esfera de registro.
Cuando leyó mis atributos, el silencio se extendió un segundo de más.
-Alois Leonhart... atributos mediocres.
Vas a necesitar esforzarte bastante.
Sentí las miradas. Algunas de lástima, otras de burla abierta. Iris soltó una risa baja, casi para sí misma.
Luego sacó su propia tarjeta. Todos los números estaban al máximo. El murmullo recorrió el lugar. Ella no dijo nada. Solo sonrió con la expresión de quien ya ha visto esa reacción demasiadas veces.
Cuando llegó el momento de pagar la inscripción, no teníamos nada. Iris se limitó a encogerse de hombros.
Fue entonces cuando una chica de cabello castaño y bastón sencillo se acercó al mostrador.
-Yo me hago cargo -dijo con una sonrisa calmada-. Me llamo Ada.
Pagó la cuota sin hacer más preguntas inmediatas y nos miró con una atención un poco demasiado fija.
-Acaban de llegar, ¿verdad? Se les nota.
No era realmente una pregunta.
-El costo de la inscripción suele ser el primer problema para los nuevos -comentó-. ¿No lo sabían?
-No... la verdad es que no -respondí.
Ada inclinó ligeramente la cabeza hacia Iris.
-Tu compañera tiene unos niveles impresionantes... y sin embargo no trajeron dinero.
-Ah... ella tiene algunos problemas con la bebida -admití, incómodo.
Iris soltó una risa baja, sin molestarse en desmentirlo.
-No los había visto por aquí antes -continuó Ada-. ¿Vienen de algún reino vecino?
-Eh... sí. Se podría decir que sí.
Ella asintió, como si acabara de confirmar algo.
-¿Viajaron solos?
-Sí.
-¿Trajeron algo de valor? ¿Algún objeto especial, alguna arma...?
Dudé un segundo de más.
-No. Nada.
Ada sonrió con amabilidad, pero sus ojos no se apartaron de mí.
-Bienvenidos, entonces. Si van a tomar la misión de las ratas, puedo ir con ustedes. Es un trabajo sencillo... si uno sabe cómo buscar.
La forma en que dijo esa última frase, y la cantidad de preguntas, me resultó extraña. Como si estuviera evaluándonos pieza por pieza. Pero no estaba en posición de rechazar la ayuda.
Las alcantarillas apestaban a humedad y podrido. La luz que Iris creó apenas iluminaba un par de metros adelante.
El agua sucia nos llegaba a los tobillos.
La primera rata salió sin aviso. Era del tamaño de un perro grande, pesada, rápida. Me golpeó de frente y me tiró de espaldas contra el suelo mojado.
El aire se me salió del pecho. Sentí los colmillos rozándome el hombro mientras intentaba empujarla con ambos brazos. El peso era absurdo. No podía respirar bien.
-¡Iris! -grité-. ¡Haz algo!
Ella me miró desde unos pasos atrás, con la misma expresión con la que había mirado las botellas la noche anterior. No había urgencia en su cara.
Ada se movió primero. Su bastón golpeó con precisión la costilla de la criatura. Yo aproveché el segundo de alivio para agarrar una espada oxidada que había entre la basura y la clavé como pude.
La rata se sacudió encima de mí, aullando, hasta que por fin se quedó quieta. La sangre caliente me empapó la ropa.
Salieron más.
Iris levantó una mano casi con desgana. Una luz blanca y fría llenó el túnel. Cuando la vista me volvió, los cuerpos estaban esparcidos y el silencio había regresado.
Me levanté temblando, cubierto de asco y con el corazón todavía desbocado. Ada me observaba en silencio, como si estuviera evaluando algo más que mi capacidad de no morir.
Iris, por su parte, ya estaba mirando hacia la salida.
-¿Podemos irnos ya? -preguntó con total naturalidad-. Este olor es horrible.
C
ontinuará.
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F U N F A C T
Las tarjetas de aventurero son un registro de los puntos de experiencia de cada aventurero. Matar monstruos u otras formas de vida da experiencia, sin embargo diferentes especializaciones como la herrería o cocina pueden obtener experiencia llevandose a sí mismos y a la calidad de sus trabajos cada vez más lejos.
Con cierta cantidad de puntos de experiencia se puede subir de nivel, lo que otorga puntos de habilidad que pueden ser ocupados para aprender habilidades nuevas.
Cada nivel exige más puntos de experiencia para pasar al siguiente.
Un aventurero es considerado veterano al nivel 30 y extremadamente fuerte al nivel 50. El número máximo es el 100, pero los aventureros con tanta experiencia son considerados leyendas.
Las estadísticas aumentan junto a los niveles y los méritos que cada aventurero obtiene, si bien son una guía para aprender un oficio, no son extrictamente un requerimiento para ello y pueden subir con entrenamiento o aprendisaje nuevo.
Al no tener un oficio o clase, es posible aprender cualquier tipo de habilidad, aunque gastando muchos más puntos de habilidad que si se tuviese una especialización.
Las estadísticas son fuerza, agilidad, maná, inteligencia y suerte
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Battlefox
FantasíaEstaba muriendo solo, atrapado en su propio cuerpo. Despertó en un mundo que solo respeta la fuerza. Alois no busca ser héroe. Busca volverse tan peligroso que nadie vuelva a decidir por él. A su lado viaja Midna, un hada que lo sigue por voluntad p...
