Ambos avanzamos hacia la oscuridad de la puerta con forma de calavera recién formada. El aire se volvió pesado al cruzarla, como si algo invisible se aferrara a nuestra piel.
Dentro, la penumbra era absoluta. Tropecé con una pila de huesos y tomé una antorcha desgastada.
—¿Realmente es necesario que lleves esa cosa? —preguntó Zoe en un tono curioso, mientras se apartaba de una telaraña que colgaba del techo.
—Es mi primera vez en una mazmorra y quiero vivir la experiencia. ¿No crees que las antorchas van con las mazmorras? —intenté bromear mientras le pedía a Midna que la encendiera con magia.
Zoe rodó los ojos pero sonrió levemente.
—Supongo que está bien. Solo no la pierdas cuando algo intente matarte.
Nos adentramos por el angosto pasillo, con las sombras danzando a nuestro alrededor. Monstruos menores aparecieron en nuestro camino: esqueletos vivientes y pequeños seres armados con espadas oxidadas. Zoe los eliminaba con precisión quirúrgica, sus plumas atravesándolos antes de que pudieran reaccionar.
Yo me limitaba a recoger las baratijas del suelo: una corona oxidada, un guantelete abollado, un viejo parche de cuero.
—¿Qué se supone que eres ahora? —preguntó entre risas.
—Yo la protegeré con mi vida, mi señora —exclamé, haciendo una torpe reverencia.
A pesar de las risas, había algo en el ambiente que nos mantenía alerta. El aire se volvía cada vez más denso, y un extraño zumbido resonaba en las paredes, como un susurro lejano.
Finalmente llegamos a una sala amplia donde un colosal esqueleto descansaba sobre un trono de huesos. Al vernos, se levantó, desenvainando una espada de cinco metros que destrozó el suelo con un solo golpe.
Los ladrillos cedieron bajo nuestros pies, y el mundo entero pareció desmoronarse. Zoe reaccionó rápido, clavando sus plumas en la pared para amortiguar nuestra caída, sujetándome con fuerza.
Aterrizamos sobre una montaña de huesos, tosiendo por el polvo.
—Eso estuvo cerca —murmuró Zoe mientras se ponía de pie.
—No puedo ver absolutamente nada —me quejé, palpando a mi alrededor.
Zoe chasqueó la lengua y alzó una mano, haciendo brillar sus plumas.
—¿Donde quedó tu antorcha ahora?
La luz reveló un pasillo estrecho, con una puerta de hierro al final.
Intentamos abrirla, pero estaba cerrada.
—Parece que tendremos que buscar la llave entre los huesos —dijo Zoe, agachándose.
Antes de que pudiera terminar, pateé la puerta con fuerza, rompiendo el mecanismo y abriéndola de golpe.
—O simplemente la abrimos —dije con una sonrisa.
Más allá de la puerta había un largo corredor iluminado por antorchas. Al fondo, una puerta roja con picos se erguía, imponente. Zoe se movió con sigilo, pegando su oído a una pared.
—Hay alguien dentro —susurró.
La voz de un hombre anciano resonó, grave y burlona:
—El cristal de manatita ya está puesto, mi señor. Solo necesitamos un poco de su poder para someter al bosque.
—Asegúrate de que ningún aventurero se acerque al área —respondió una voz más profunda, cargada de autoridad—. No quiero interrupciones.
Los pasos del anciano se acercaron, y nos escondimos entre los pilares del pasillo. Cuando pasó de largo, Zoe me hizo una seña para que entráramos.
La sala estaba dominada por un espejo fragmentado que flotaba en el aire, sus piezas girando lentamente. La energía que emanaba del espejo era sofocante, como si estuviera drenando la vida misma del lugar.
Zoe se tensó al verlo y, sin previo aviso, me tomó de la mano y corrió hacia la salida. Antes de que pudiéramos cruzar la puerta, esta se cerró de golpe.
—Parece que tenemos invitados.
La voz provenía de todas partes, fría y resonante. Una figura emergió de las sombras, envuelta en un manto negro que parecía consumir la luz a su alrededor.
Era alto y delgado, con un rostro pálido y ojos que brillaban como brasas. Su sonrisa era cruel, y su voz tenía un eco que hacía temblar el alma.
—Bienvenidos a mi dominio, aventureros. Soy Revesk, el Primer General del Rey Demonio.
Desenvainé mi espada y me lancé contra él, pero antes de alcanzarlo, el mundo entero se oscureció. Sus ojos ardían en la penumbra mientras susurraba:
—Caigan.
Mi cuerpo dejó de responder. Caí al suelo, inmóvil, mientras Revesk se acercaba lentamente.
—Eres valiente, pero inútil. Mi rey tiene planes para este bosque y para tu ciudad. Pronto, toda tu gente se arrodillará, como tú lo haces ahora.
Con un movimiento lento, posó su mano en mi frente, y todo se desvaneció.
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En el suelo, los cuerpos de Alois y Zoe yacían inertes, atrapados en la ilusión. Midna emergió del cuerpo de Alois, su pequeña figura temblando.
—Esto es una locura… —murmuró, mirando al general que permanecía inmóvil en el centro de la sala.
Sabía que tenía poco tiempo. Entrar en la mente de Alois era la única manera de salvarlo de las ilusiones demenciales que este sujeto podía crear. Respiró hondo, cerró los ojos y regresó al cuerpo de su amigo, sumergiéndose en su maná.
El interior de su mente era un caos. Para el hada, nada de lo que veía en la cabeza de Alois tenía sentido. El mundo moderno parecía terrorífico y salido de la peor película de horror. Casas colosales de metal, bestias metálicas que rugían, y un cielo cubierto de humo. Todo parecía extraño y distante, como si perteneciera a un mundo que no debería existir.
Midna voló por ese paisaje irreal, buscando a Alois. Lo encontró, completamente destruído y en el suelo, llorando y lamentándose.
La verdad del pasado de Alois estaba enterrada aquí, y Midna sabía que debía hacer para salvarlo.
Continuará.
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F U N F A C T
La manatita es un mineral pesado de apariencia similar a la de el cristal encontrado en algunas cuevas a gran profundidad, y tienen la propiedad única de almacenar maná.
Una manatita de mayor pureza es capaz de absorber y almacenar más maná, y es utilizado generalmente por magos como un sustituto de su propio maná o para reponerse a sí mismos pero debido a su alto precio y a que es de uso único, la mayoría de aventureros suelen usar otras alternativas [como lamer ranas mágicas].
Puede utilizarse para potenciar objetos mágicos como bastones o collares, y también potenciar sellos, hechizos y trampas mágicas.
Un trozo de manatita del más alto nivel del tamaño de una palma humana, puede ser tan cara como una casa.
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Battlefox
FantasíaEstaba muriendo solo, atrapado en su propio cuerpo. Despertó en un mundo que solo respeta la fuerza. Alois no busca ser héroe. Busca volverse tan peligroso que nadie vuelva a decidir por él. A su lado viaja Midna, un hada que lo sigue por voluntad p...
