Capítulo 31

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Apenas se separó me rodeó con sus brazos en un abrazo.

Mientras que en mi mente solo rondaba una cosa.

Que acabo de hacer.

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-Y ahora tengo que ocuparme de Miles yo, antes de que el se ocupe de mi.

Mi mente procesaba la información recien recibida.

-En resumen tu en esa banda te solo encargabas de el transporte del licor.

-Si.

-No drogas?

-No.

-No matabas.

-Mucho menos, si menajaba armas pero solo eran de precaución, y para asustar pero no eh lanzado ni un solo disparo.

》Mira Elizabeth, esto no es algo de lo que me sienta orgulloso, pero quiero que confíes en mi y sepas que yo ya no soy el mismo crío que pensaba en vivir la vida loca como lo era una vez empecé esto.

Mi mirada recorrió su rostro en busca de una señal de duda o nerviosismo al hablar pero no encontré nada.

-Bien, y cuando vuelves a ese horrible lugar para acabar con ello.

-Mañana a mas tardar.

Asentí lentamente pensando en todo lo que estaba pasando, ya había pasado un día desde que Harry me revelo su "pequeño" secreto, y no podía dejar de pensar en ello.

En mi mente se estaba librando una guerra, una parte de mi quería huir de Harry, olvidarme de el, olvidarme de todo esto y seguir mi vida, pero por otro lado quería quedarme con el, quería estar a su lado, dandole apoyo por mas disgustada y en contra que estuviese con su decisión.

Mi mirada se levantó, posandose en el ojiverde que tenía enfrente, el también se mantenía perdido en sus pensamientos. Tomé la decisión de quedarme con el por que al perder a Peter, no soportaría estar ni un minuto sin otra persona que tanto me importa y corre el mismo peligro.

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El sonido de la pequeña pelota rebotando en la pared por algun razón calmaba mis nervios.
Todavía seguía pensando en mi conversación con Elizabeth, en Dylan, y en como mi vida se está empezando a volver lentamente una mentira.

De nuevo.

La culpa no se iba de mi pecho, la mentira que le dije a Elizabeth me está comiendo vivo.

Yo si había disparado con una pistola antes y a muchos hombres, pero para ese entonces era un niño inmaduro, y eso es lo peor, solo era un niño.

No debí mentirle, pero yo no la quiero perder de nuevo, solo pasé unos días sin ella y no sabía que hacer con mi vida, no me quiero ni imaginar como sería una vida.

Una vieja pregunta que me hizo me vino a la cabeza.

¿Yo quería a Elizabeth?

La verdad siento que con ella, el estudiante perfecto de mamá no esta, que, el mafioso enemigo de Miles no esta, solo soy Harry Styles.

Y el hecho de esté apoyándome aunque no quiera, por que se que no quiere, se nota una sombra cubrió su rostro y no la a dejado desde que tocamos el tema. Ella aun así no me ah dejado, aunque en el momento en que me perdonó me sentí realmente feliz, tengo que aceptar que la sorpresa llegó a mi como un rayo, ella ya había pasado por esto y no le fue bien, pero se esta volviendo a arriesgar.

Por mi.

Y eso hace que la quiera tener mas cerca de mi.

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Al salir de clase el gran antojo de un frappe me inundó, estaba cien porciento aburrida en la clase del señor Mallivon, y de pronto el pensamiento de aquel líquido de vainilla, espumoso, y delicioso como el helado, que solía ser mi antigua obsesión vino a mi mente y me dije ,por que no.

Al entrar por las puertas de la cafetería, el calor de la calefacción hizo que mis músculos se relajaran y esa molestia en mi nariz se fuera.

La caja estaba vacía así que se me hizo facil apoyarme en ella.

- Si buenas en que la puedo ayudar.

La misma joven que presenció el show amoroso que montó Harry la última vez que vinimos me sonreía mostrándome sus dientes blancos cual perlas y rezé para que no se acordara de ello.

Le devolví la sonrisa mientras entre cerraba los ojos para ver el nombre de mi pedido, algo me dice que los lentes se convertirán pronto en una necesidad para mi.

-Si, buenas me das un LocoFrapp- peculiar el nombre.

-Un LocoFrapp a la orden- tecleo algo en la pantalla antes de decirme- serían cuatro libras.

Saqué la plata que agarré rápido esta mañana de mi lugar, le entregué parte de la plata, hasta que me dí cuenta que solo llegaba a las tres libras, y por su expresión, ella pareció notarlo también.

-Em....- estaba realmente apenada pero tendría que cancelarlo- disculpe...

-Aquí tiene lo que falta- una mano apareció en mi vista sorprendiéndome y pagando lo que me faltaba.

Al reconocer de quien era dicha mano, una sonrisa llena de alivio inundó mi cara.


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